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sábado, 15 de mayo de 2010

ESPOSA BLANCA, ESCLAVA EN AFRICA (IX)

Esclava Blanca en África IX


Como un animal.

Cuando hube terminado de comer, me sentía con más fuerzas y como eufórica, los hombres que había allí, ya mayores y cubiertos solo con un escueto taparrabos, bebían una especie de cerveza turbia, uno de ellos me miro y le dijo algo al otro.

Se acercó y me dio a beber de su cuenco, sabia como a jengibre era dulzón, pero no era agradable, bebí un par de sorbos y me negue a seguir haciéndolo, pero el hombre pareció enfurecido, me sujeto la cabeza y mientras el otro vertió gran cantidad de ese brebaje en mi boca casi atragantándome.

Me sentí como mareada, pero trague el liquido vertido por los hombres, después me soltaron y volvieron a su trabajo.

Me sentía bien, allí sentada en el suelo.


Mire a los hombres y les vi sacar de una especie de alacena una serie de aperos y arreos, detuvieron la noria y desengancharon al caballo que la movía.

Lo sacaron fuera del establo y al cabo de unos minutos regresaron riendo.

Se acercaron a mi y me desataron, me hicieron levantar y me sobaron bien todo el cuerpo mientras hablaban y reían entre ellos, me magrearon bien las tetas, el culo, y metieron su mano ruda y no muy limpia entre mis piernas tanteando mi sexo.

Me sentía incomoda, aunque algo excitada, así manoseada y me sorprendía mi docilidad y sumisión, pero sin duda empezaba a asumir inconscientemente mi papel de esclava.

Observé bajo sus taparrabos una prominente erección y al darse cuenta de mi observación, rieron y se quitaron el taparrabos. No estaban mal dotados para la edad que aparentaban y me hicieron acariciar sus falos con mis manos y me hicieron gestos de que se los chupara.

Me arrodille ante ellos y comencé a chuparlos alternativamente, no estaban circuncidados y su sabor no era muy bueno, pero no pude rehusar seguir mamando, mientras ellos reían y sujetaban mi cabeza.

De pronto se abrió la puerta y entro el capataz que me había azotado el primer día.

Zorra sigues aprendiendo eh, ¿tan salida estas que ya te da lo mismo que pollas chupar?" se volvió a los dos hombres "Fuera de aquí cerdos, esta puta no es para daros placer a vosotros" les grito.

Salieron de allí riéndose y gritando.

El hombre me hizo levantar y me coloco en medio del establo.

Fue hacia el muro donde estaban los arreos y aperos que habían sacado los hombres y cogió varias piezas, se acercó a mí.

Me manoseo bien mientras me decía que si su amo le diera permiso me iba ha convertir en una auténtica esclava y me daría tal castigo que o lo aguantaba para su placer o moriría. Ese pensamiento me hizo estremecer.

Cogió un cinturón de esparto y lo coloco en mi cintura, lo aseguro con unos ganchos presionado de tal forma que me cortaba la respiración.

Después me hizo subir sobre un banco y me ato los tobillos con grilletes muy cortos entre si, haciendo igual con mis manos.

Me hizo bajar de un salto del cajón, con mis tobillos unidos me trastabillé y caí de bruces al suelo ante sus carcajadas, magullándome el pecho y la cara ante su regocijo, y cogiéndome del pelo me arrastró unos metros hasta ponerme en pie, entonces me colocó un collar de hierro en el cuello que también me agobiaba.

Después me colocó una cinta de cuero que tapaba mis orejas y con dos aberturas a la altura de mis ojos, pero con unos apéndices de cuero que me impedían mirar a mí alrededor.

Me pinzó los pezones con unas pinzas de dientes que me provocaron un gran dolor e incluso note un reguero de sangre brotar de mis pezones, las pinzas se unían por una cadena entre si y esta al collar, y empezó a tirar de ella, "muévete" me dijo mientras tiraba de la cadena y me llevaba al centro del establo, pensé que me arrancaría los pezones, así que me apresuré por seguirle, pero mis tobillos atados volvieron a dar con mis huesos en el suelo, ante sus carcajadas "eres floja de patas potrilla, pero yo te haré una jaca fuerte y resistente y capaz de aguantar un buen castigo".

Me dejo allí tras colocarme una mordaza con una bola de cuero.

No podía oír nada por la cinta de cuero, pero enseguida sentí…

Otra vez el látigo de un solo hilo de cuero, golpeaba mi costado y se enrollaba en mi cuerpo haciéndome tambalear. Lo desenrosco de mi cuerpo y volvió a golpear ahora a la altura de mis pechos, cruzándolos de lado a lado, así con parsimonia y estudiada técnica fue marcando milímetro a milímetro mi cuerpo, pero no sentía tanto dolor como en otras ocasiones, "me estaré curtiendo" pensé, mientras milimétricamente el látigo marcaba líneas casi paralelas a lo largo de mi cuerpo.

Cuando éste estuvo convenientemente marcado por las líneas rojas, en alguna zona mas intensas e incluso alguna sangrante, a lo largo de todo mi cuerpo se detuvo.

Se acercó por detrás y me tiro del pelo echándome la cabeza hacia atrás, me miro desde su posición y me escupió en la boca.

Después me rodeo, agarró la cadena que unía mis pechos y tiro con fuerza hacia la noria obligándome a seguirle si no quería perder mis pezones ya casi insensibles por el dolor.

Entonces colocó un cinturón de cuero sobre el de esparto, apretándolo bien, dejándome casi sin respiración, y con unas argollas que unió a la rueda media de la noria.

Después unió mi cuello a la rueda alta de la noria mediante una barra unida al collar metálico que llevaba.

Mis manos quedaron fijas por los grilletes a una barra delate de mi cintura, sujeta a la noria.

Me miro sonriendo y se coloco tras de mi.

Sentí otra vez el látigo en mi espalda y comprendí que debía moverme. Avance con dificultad con mis tobillos encadenados y note como la noria empezaba a moverse, el siguió azotando mi espalda, mientras yo avanzaba convertida en una bestia de arrastre.

El sudor cubría mi cuerpo haciendo que mis heridas me escocieran de forma inaguantable y más cada vez que el látigo marcaba otra vez mi culo o mi espalda y muslos.

Solo cuando yo parecía coger un buen ritmo en mi "trabajo" dejaba de azotarme, pero en cuanto bajaba el ritmo, volvía con más fuerza a señalar mi culo y mi espalda alcanzando a veces mis pechos que con las pinzas y la cadena sufrían ya una cierta hinchazón.

Aquella sesión se hizo interminable y cuando ya me vio muy agotada y entregada decidió parar de azotarme, aunque me indicaba que siguiera mi recorrido circular, hasta que extenuada me derrumbe sobre la barra, pero con mi cabeza fija por sus ataduras.

Volvió a escupirme en el rostro y se marcho.

Me quede sola otra vez con mi humillación y mi angustia, había perdido la noción del tiempo, no sabio que día era, si era de día o de noche, y la angustia me agobiaba.

Llegaron entonces los dos viejos y mientras reían y hablaban entre si, me desataron y quitaron todos los aperos.

Me dieron a beber un cuenco de su mejunje anterior y como ya era de esperar me hicieron tumbar boca abajo sobre el cajón, con mis tetas colgando, que uno de ellos se entretuvo en golpear con unas ramas de lado a lado mientras el otro… me follaba hasta correrse en mi espalda.

Después el otro tomo el relevo y cuando se hubo corrido, los dos salieron del establo.

Me deje rodar hasta el suelo, y allí me quedé extenuada y dolorida.

miércoles, 7 de abril de 2010

EL POLVO DE HOY

Miércoles 26 de septiembre 2001. 20:30 horas.

Acabo de terminar una jornada muy dura en el trabajo. Muchos problemas, reuniones, no he podido ni ir a comer.

Había quedado con Marcos a las 19 horas y tuve que mandarle varios mensajes al móvil diciéndole que no sabía si al fin podríamos quedar.

Hace unos minutos al terminar la reunión le he manado uno citándonos en la plaza de Castilla a las 20:50.

20:55. Tras un paseo en Metro he llegado a mi destino. Hay mucha gente pues había futbol creo y el metro venia abarrotado, pero por fin he llegado. Le he visto esperándome en su BMW rojo. Me ha saludado con la mano y me ha invitado a subir. Le he dado un beso en la mejilla y hemos charlado de como estaba, etc. Me ha dicho lo bonita y bien que estaba y hemos pensado en ir a una cafetería próxima a su oficina a pocos pasos de aquí.

21:00. Al llegar a la cafetería no había sitio donde aparcar, pues sigue estando en Castellana y con el futbol. Entonces me ha sugerido salir de Madrid. Hemos cogido la carretera de Burgos y tras unos kilómetros hemos salido por la vía de servicio no sé bien hacia donde. El caso es que poco después estábamos casi en pleno campo. Parece mentira que en Madrid aún queden sitios así. Ha aparcado cerca de unos árboles y hemos estado charlando. Le he contado que estoy indecisa con su relación, sin comentarle que contando a mi marido, en cuatro días he estado con tres hombres. El me ha dicho que le sigo gustando y que le apetece mucho estar conmigo y acariciarme y sentirme y que desde hace un mes que estuvimos juntos en la cama por última vez, estaba deseando volver a verme. Ha estado fuera por temas de trabajo y de ahí que no hayamos podido vernos antes.

Me ha cogido las manos y ha querido besarme, pero yo estaba muy nerviosa y confundida, a veces me siento una autentica puta, devoradora de hombres y pienso si tal vez he llegado a un nivel en que cualquier hombre que se acerque a mí y me proponga una relación física lo aceptaré sin más. Le he rechazado un poco y le he notado sorprendido y triste.

Me ha dicho que me pasaba pero no podía contárselo con detalle. Ha insistido un poco más y... he sucumbido. Nuestras bocas se han devorado mientras su manos han desabrochado mi chaqueta y mi blusa apoderándose de mis tetas en un abrir y cerrar de ojos, ha echado mi asiento para atrás y una mano levantado mi corta falda dejando mis piernas y sexo al aire tras apartar el diminuto tanga que me había puesto hoy, entonces su cabeza ha bajado hasta my sexo y ha empezado a comérmelo mientras mis gemidos agarrada al asiento llenaban todo el coche.

Cuando me he corrido le he empujado hacia atrás y he sacado su polla del pantalón y sin pensarlo me la he metido en la boca mientras él seguía magreando mis tetas y mi culo que dice que le encantan.

Tras una larga mamada se ha corrido sobre mi cara aunque algo he tragado pues no me dio tiempo de sacármela de la boca cuando llegaba.

Después hemos seguido besándonos, yo casi desnuda dentro del coche por lo que mi sensación de puta ha aumentado, y de pronto el me ha dicho que no podía aguantarse más y que me iba a follar. Le he dicho que no, al menos en el coche que buscáramos otro sitio.

Se ha recompuesto mientras yo me vestía y hemos vuelto a Madrid. Había poco tráfico de entrada y hemos llegado a su oficina cerca de la plaza de Castilla, ha dejado el coche en el parking y hemos subido. Ya en el ascensor ha vuelto a meterme mano y besarme como un loco. Nada más entrar en la oficina, me ha llevado a la sala de reuniones y me ha tumbado sobre la mesa con las piernas colgando.

Me ha subido la falda y quitado las bragas. Luego me ha abierto la chaqueta y la blusa y ha empezado a comerme las tetas.

Yo estaba súper caliente y deseando que me la metiera ya. Entonces se ha puesto un preservativo y de un solo golpe me la ha metido hasta los cojones haciéndome dar un grito de dolor. Estaba realmente frenético y en cada empujón yo pensaba que me la sacaría por la boca, mientras me agarraba de las tetas para que con sus envites no saliera disparada de la mesa y me decía lo puta que era y lo bien que se lo estaba pasando conmigo.

Yo le gritaba que me diera más duro, me apetecía sentirle así de salvaje.

Ha sido de escándalo mientras yo me ayudaba con la mano, pues tenía ya el clítoris muy irritado. Nos hemos corrido casi al tiempo y se ha derrumbado sobre mí.

Le he notado como muy dominante, pues tras unos segundos se ha levantado y sin decirme nada se ha ido al baño.

Yo me he quedado tumbada sobre la mesa mientras me entraban unos escalofríos de excitación y pensaba que en 6 días, contando a mí marido me habían follado 4 hombres y había tenido al menos dos por día el de turno y/o mi marido.

Nunca había tenido una semana igual y me sentía muy puta.

Cuando ha vuelto le he dicho que, me sentía extraña, como una puta ninfómana y se ha sonreído.

Me ha dado un beso y me ha dicho que mañana hablaríamos, que era tarde, cerca de las once, y debíamos volver cada uno a nuestra casa.

Me ha llevado y en el coche casi no hemos hablado, le he notado serio y pensativo. Al despedirnos nos hemos dado un fugaz beso en los labios y al subir a casa me sentía como flotando.

Mi marido sabía que había quedado con él así que al llegar me ha peguntado que tal. Le he dicho que muy bien pero que me sentía extraña.

Hemos cenado casi en silencio y luego nos hemos sentado en el salón. Le he dicho que estoy un poco desorientada, 4 hombres en seis días, y que además cada vez me gusta más el sexo y los plazos desde que conozco a un hombre y las ganas de acostarme con él, son más cortos, que me siento como una puta ninfómana, una devoradora de hombres y no estoy segura de no aceptar al primero que llegue y me proponga irme con él a la cama.

En las reuniones con frecuencia miro a los hombres presentes y me imagino con ellos en la cama. Mi marido me ha dicho que no me preocupara y que debía quizá tomarme un respiro estos días y lo vería todo de otra manera en unos días.

Luego con mucho cariño y sensibilidad me ha desnudado me ha tumbado sobre la mesa del salón y tras comerme el coño y hacerme llegar un par de veces, me ha follado con mucha ternura provocándome algún orgasmo más.

Luego nos hemos duchado y nos hemos ido a dormir. Mañana será otro día.

Y el viernes he quedado a comer con Mathews. No sé si me propondrá reanudar nuestra relación, pero no estoy segura de poder resistir si decide atacar de nuevo.