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Al placer y la lectura... la imaginacion la pones tu. To the pleasure and the reading... the imagination puts it your. (Nota: Busco dibujantes para convetir a dibujos o comics mis relatos, sin animo de lucro.) (Notice: I look for designers for convert to drawings, 3D or comics my stories, for free distribution) Visita, http://x3dstoriesvideos.blogspot.com/ Actualización de relatos y videos cada dos días, aproximadamente. Upload, stories and videos, every two days aproxymately
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domingo, 17 de julio de 2011
martes, 24 de agosto de 2010
ESPOSA BLANCA, ESCLAVA EN AFRICA (X)
Esclava Blanca en África X
Como un sueño
Unos minutos después aparecieron las dos esclavas jóvenes que ya conocía. Me levantaron del suelo y me ayudaron a salir del establo.
Caminamos por una especie de jardín hacia una choza de madera y cáñamo. Era como media mañana y el sol empezaba a calentar, había perdido totalmente la noción del tiempo, me parecía que llevaba ya meses en aquella tierra y mi cuerpo de esclava empezaba a identificarse con su trato. A veces sentía que necesitaba más castigo, sin el me sentía inactiva, como inútil. Sacudí al cabeza tratando de quitar esos pensamientos de mi mente.
Entramos y la estancia era bastante agradable, una enorme bañera de hierro rebosante de agua con espuma y perfume me llamo la atención, las chicas con suavidad me llevaron hasta ella y me introdujeron dentro.
Echaron una especie de esencias y líquidos y note una enorme mejoría en mi maltrecho y maltratado cuerpo, ellas mismas se desnudaron y entraron dentro de la bañera.
Empezaron a acariciarme y a pasarme unas suaves esponjas por todo el cuerpo, lavando mi pelo, mi sexo en el que note se detenían las dos con delicadeza empezando a producirme una agradable sensación de placer.
Una vez me hubieron limpiado bien a fondo pero con gran ternura y delicadeza las dos se dedicaron a acariciar y besar cada parte de mi cuerpo, en un momento determinado una de ellas me miro fijo a los ojos, tenia unos enormes ojos negros, y avanzando muy despacio, empezó a besar mi boca.
Yo nunca había sentido algo así, aquella joven y suave boca buscaba mis labios y su lengua trataba de abrirlos, algo que enseguida consiguió. Su lengua se introdujo en mi boca y rebusco pro cada rincón mientras la mía también se activaba y pronto ambas estábamos unidas por un profundo beso.
Mientras la otra chica había ahuecado mis piernas y se detenía con delicadeza en mi sexo, donde pronto su boca empezó a chupar mi clítoris y labios, logrando entre las dos hacerme llegar a un estado de placer y satisfacción increíbles.
Hubiera dado lo que fuera para que aquello siguiera durante horas, pero con suavidad una vez lograron arrancar de mí un par de orgasmos, las dos jóvenes salieron de la tina y tras recoger sus ropas abandonaron la estancia.
Me quedé relajada, disfrutando, de aquella sensación de aquel placer generado por aquellas hermosas jóvenes cuya piel negra yo también disfrute, aunque ellas eran las que dominaban la situación, me gustaba ser dominada en todos los aspectos.
Se abrió la puerta y apareció mi amo. Por un momento mi placer, mi relax se volvió tensión y miedo.
"No temas zorra…" me dijo con voz melosa "también tengo un lado sensible y es ahora el tiempo de probar a mi puta esclava como una autentica mujer" se desnudo y se metió en la tina conmigo.
"Después del placer que te han dado mis zorritas, imagino que estarás receptiva a sentir a un buen macho como yo ya aportarte como una autentica hembra" y se acerco a mi acariciando y besando mi piel.
Como ya había dicho, mi amo a pesar de parecer un hombre mayor, gozaba de un magnifico aparato que ya estaba en plenitud. Me hizo un gesto para que mi boca tomara contacto con aquel pene y sin rechistar lo introduje en mi boca. El mientras acariciaba mis tetas y mi cuerpo.
"Sin duda sabes hacer disfrutar a un hombre del sexo, y estoy logrando hacerte una buena esclava física, con lo cual cuando vuelvas a tu mundo, tendrás un gran futuro como puta esclava y podrás vivir tu y tu amo de lo que has aprendido y perfeccionado aquí" me decía mientras yo seguía mamando bajo el agua y el me acariciaba.
Con una suavidad que me sorprendió, cogió mi cabeza y retiro mi boca de su enorme pene, me hizo poner a cuatro patas apoyada sobre el borde de la tina y con una suavidad increíble me penetro de un solo golpe hasta hacerme sentir sus testículos entre mis muslos, mientras me acariciaba y besaba la espalda.
"Una buena esclava como tu, también merece unos momentos de placer y sexo agradable como premio por su entrega y dedicación, pero aprovéchalos pues aún antes de volver a tu mundo, deberás pasar algunas duras pruebas más" y siguió empujando con ternura pero con firmeza, haciéndome sentir su enorme aparato dentro de mi sexo, llenándolo por completo.
Me bombeó durante largo rato, incluso me hizo volverme y tumbada sobre la tina me levanto las piernas para ensartarme más profundamente y poder ver mi cara de placer y disfrute. Yo también le miraba, era un hombre atractivo y guapo a pesar de aparentar ser mayor, y sus profundos ojos me imponían respeto pero también seguridad.
Me hizo un gesto de que me acercara a su polla una vez la saco de mi coño, y me imagine que llegaba el final. Efectivamente un enorme chorro de leche inundo mi boca casi atragantándome, pero el me obligaba a seguir con su aparto dentro de mi boca "traga, trágate toda esta leche, que sin duda disfrutaras de ella". Así lo hice, hasta que sus espasmos se detuvieron, y entonces con tranquilidad el salio del agua.
No había visto a las dos jóvenes que ahora con un taparrabos esperaban con una especie de manto al hombre que salía del baño y al que cubrieron con él, luego le acompañaron a la salida de la choza y volvieron junto a mi.
Me ayudaron a salir del agua, me secaron y perfumaron y me vistieron con un taparrabos de cuero y unas cintas del mismo material que ataron por debajo y alrededor de mis pechos, uniéndolas por detrás de mi cuello, como en forma de sujetador pero con los pechos al aire.
Me pusieron unas sandalias también de cuero y después me ayudaron a salir fuera.
Caminamos hacia una especie de prado donde pastaban algunos caballos, vi entonces a mi amo, sentado como en un trono de madera, con esclavos a su alrededor que le abanicaban y procuraban sombra con unas sombrillas de colores.
A su lado estaba el capataz, con un taparrabos de cuero, botas de montar y el temido látigo de cuero en su mano derecha.
Las jóvenes me acompañaron ante mi amo.
"!arrodíllate ante él¡" me grito el capataz haciendo restallar el látigo en el aire.
Así lo hice y mi amo se levanto, se acerco a mí y me hizo levantar.
"Ha llegado el momento de tus últimas pruebas como esclava y de esas últimas pruebas se encargara mi capataz." Sentí una gran angustia.
"Desde este momento el pasa a ser tu dueño y tu su propiedad, yo ya no ejerceré ningún tipo de control ni dominio sobre ti, ni para bien ni para mal, y hasta tu regreso a tu lugar de origen, el acabará el entrenamiento y trabajo pactado por tu autentico amo y señor que te trajo aquí para ello."
Hizo un gesto y por fin pude ver a Hans, junto a sus dos amigos que estaban filmando.
Hans llevaba un pantalón corto vaquero, una camisa caqui un enorme sombrero de ala ancha con botas de montar. Me hizo un gesto con la cabeza.
"Bien, llego ese momento" mi amo, cogió mi mano y se dirigió al capataz "es tuya, termina sin ningún tipo de restricciones el trabajo para el que estas preparado" y me hizo inclinar ante el capataz.
Este sonrió, hizo una inclinación de cabeza a su jefe y cogiéndome del brazo me llevo al centro de la pradera. "Ahora si nos divertiremos" me dijo entre dientes.
Hizo un gesto y una de las jóvenes le alcanzó un collar de cuero, una especie de capucha con un agujero en lo alto y una larga cinta de cuero.
La propia joven me coloco la capucha con abertura solo para mis ojos y nariz, y por cuyo orificio superior saco mi pelo en forma de cola de caballo.
Después me colocó el collar de cuero que unió por una trabilla a la cinta de cuero, cuyo extremo entrego al capataz. Este extendió la mano, y la otra joven le dio una especie de consolador terminado en una cola de caballo, con unas cintas a los lados.
Mientras una de las chicas sujetaba las riendas, el me hizo inclinar y se parándome la nalgas, me escupió en el agujero del culo, después sin avisar me enterró de un solo golpe la cola de caballo, haciéndome gemir de dolor, fijo las cintas por delante de mi pubis y me hizo levantar.
Entonces sin mediar palabra le vi coger dos campanillas terminadas en unas pinzas dentadas que sin miramientos colocó en mis pezones causándome un gran dolor notando como desgarraban mis areolas. Sonrió satisfecho al ver me gesto de dolor, tras comprobar que las pinzas habían quedado firmemente sujetas a mis pezones con un movimiento de tirón.
"No diré las cosas mas que una vez" me dijo tirándome del pelo"empieza a correr a trote ligero en círculos a la distancia que yo te marque de la cinta, como una buena yegua" y me dio unas palmadas en el culo.
Así lo hice y me vino a la mente la imagen de los caballos en los picaderos cuando corren en círculo para su entrenamiento, se iniciaba una nueva fase de mi entrenamiento. Estaba entretenida en mis pensamientos cuando oí retallar el látigo y su punta golpeo con fuerza mi espalda.
"Corre mas puta yegua, quiero que luzcas tus capacidades" mientras yo corría en circulo y mis pechos votaban y saltaban desbocados, el látigo seguía restallando y alcanzando mi espalda y glúteos, haciéndome seguir un ritmo de carrera que empezaba a agotarme.
Hacia ya tiempo que había perdido mis sandalias, por lo cual mis pies estaba también magullados y doloridos por el esfuerzo y la tierra.
El ritmo cada vez era más rápido y los latigazos más duros y seguidos, mi espalda y nalgas estaban de nuevo al rojo.
Pasados unos minutos me hizo parar y me indico que levantara las rodillas hasta la vertical alternativamente. Así hube de dar varias vueltas a su alrededor, mientras los presentes aplaudían y jaleaban.
Me hizo detener y en medio de todos ponerme a cuatro patas. Me colocó entonces un bocado con unas cinchas y agarrándolas se sentó sobe mi espalda tirando hacia atrás de ellas.
"Camina sin derrumbarte pues si lo haces recibirás 25 latigazos sin piedad."
Trate de mantener su peso mientras caminaba y el me daba en los costados con las botas, pero inevitablemente mi aguante tenia un limite y caí a tierra.
"levántate zorra" me dijo tirándome del pelo.
Una vez en pie me hizo separar las piernas y poner los brazos en mi nuca para evitar que el pelo tapara mi espalda.
"serán 25 gloriosos latigazos que espero cuentes en voz alta"
Uno a uno y cantados entre gritos y sollozos los 25 latigazos más duros y espeluznantes que había recibido desde mi llegada fueron cayendo sobre mi espalda, que note húmeda por la sangre que alguno de ellos me provocó.
Después volvió a hacerme correr en circulo a su alrededor, acortando o alargando la cinta con la que me guiaba, haciéndome tropezar con sus tirones hasta caer agotada al suelo.
Entonces me ato las muñecas y los tobillos, y me dejo en medio del prado a pleno sol mientras todos se retiraban a una sombra cercana donde bebieron y comieron sin prestarme atención.
Me sentía desfallecer y me parecía estar viviendo un sueño, lleno de dulzura y placer hacia tan solo unos minutos, y ahora como un animal tirada a pleno sol, mientras mi espalda en carne viva sangraba y mi cuerpo me sorprendía pidiéndome más castigo, necesitaba la acción de sentirme maltratada, mi cabeza empezaba a dolerme.
Como un sueño
Unos minutos después aparecieron las dos esclavas jóvenes que ya conocía. Me levantaron del suelo y me ayudaron a salir del establo.
Caminamos por una especie de jardín hacia una choza de madera y cáñamo. Era como media mañana y el sol empezaba a calentar, había perdido totalmente la noción del tiempo, me parecía que llevaba ya meses en aquella tierra y mi cuerpo de esclava empezaba a identificarse con su trato. A veces sentía que necesitaba más castigo, sin el me sentía inactiva, como inútil. Sacudí al cabeza tratando de quitar esos pensamientos de mi mente.
Entramos y la estancia era bastante agradable, una enorme bañera de hierro rebosante de agua con espuma y perfume me llamo la atención, las chicas con suavidad me llevaron hasta ella y me introdujeron dentro.
Echaron una especie de esencias y líquidos y note una enorme mejoría en mi maltrecho y maltratado cuerpo, ellas mismas se desnudaron y entraron dentro de la bañera.
Empezaron a acariciarme y a pasarme unas suaves esponjas por todo el cuerpo, lavando mi pelo, mi sexo en el que note se detenían las dos con delicadeza empezando a producirme una agradable sensación de placer.
Una vez me hubieron limpiado bien a fondo pero con gran ternura y delicadeza las dos se dedicaron a acariciar y besar cada parte de mi cuerpo, en un momento determinado una de ellas me miro fijo a los ojos, tenia unos enormes ojos negros, y avanzando muy despacio, empezó a besar mi boca.
Yo nunca había sentido algo así, aquella joven y suave boca buscaba mis labios y su lengua trataba de abrirlos, algo que enseguida consiguió. Su lengua se introdujo en mi boca y rebusco pro cada rincón mientras la mía también se activaba y pronto ambas estábamos unidas por un profundo beso.
Mientras la otra chica había ahuecado mis piernas y se detenía con delicadeza en mi sexo, donde pronto su boca empezó a chupar mi clítoris y labios, logrando entre las dos hacerme llegar a un estado de placer y satisfacción increíbles.
Hubiera dado lo que fuera para que aquello siguiera durante horas, pero con suavidad una vez lograron arrancar de mí un par de orgasmos, las dos jóvenes salieron de la tina y tras recoger sus ropas abandonaron la estancia.
Me quedé relajada, disfrutando, de aquella sensación de aquel placer generado por aquellas hermosas jóvenes cuya piel negra yo también disfrute, aunque ellas eran las que dominaban la situación, me gustaba ser dominada en todos los aspectos.
Se abrió la puerta y apareció mi amo. Por un momento mi placer, mi relax se volvió tensión y miedo.
"No temas zorra…" me dijo con voz melosa "también tengo un lado sensible y es ahora el tiempo de probar a mi puta esclava como una autentica mujer" se desnudo y se metió en la tina conmigo.
"Después del placer que te han dado mis zorritas, imagino que estarás receptiva a sentir a un buen macho como yo ya aportarte como una autentica hembra" y se acerco a mi acariciando y besando mi piel.
Como ya había dicho, mi amo a pesar de parecer un hombre mayor, gozaba de un magnifico aparato que ya estaba en plenitud. Me hizo un gesto para que mi boca tomara contacto con aquel pene y sin rechistar lo introduje en mi boca. El mientras acariciaba mis tetas y mi cuerpo.
"Sin duda sabes hacer disfrutar a un hombre del sexo, y estoy logrando hacerte una buena esclava física, con lo cual cuando vuelvas a tu mundo, tendrás un gran futuro como puta esclava y podrás vivir tu y tu amo de lo que has aprendido y perfeccionado aquí" me decía mientras yo seguía mamando bajo el agua y el me acariciaba.
Con una suavidad que me sorprendió, cogió mi cabeza y retiro mi boca de su enorme pene, me hizo poner a cuatro patas apoyada sobre el borde de la tina y con una suavidad increíble me penetro de un solo golpe hasta hacerme sentir sus testículos entre mis muslos, mientras me acariciaba y besaba la espalda.
"Una buena esclava como tu, también merece unos momentos de placer y sexo agradable como premio por su entrega y dedicación, pero aprovéchalos pues aún antes de volver a tu mundo, deberás pasar algunas duras pruebas más" y siguió empujando con ternura pero con firmeza, haciéndome sentir su enorme aparato dentro de mi sexo, llenándolo por completo.
Me bombeó durante largo rato, incluso me hizo volverme y tumbada sobre la tina me levanto las piernas para ensartarme más profundamente y poder ver mi cara de placer y disfrute. Yo también le miraba, era un hombre atractivo y guapo a pesar de aparentar ser mayor, y sus profundos ojos me imponían respeto pero también seguridad.
Me hizo un gesto de que me acercara a su polla una vez la saco de mi coño, y me imagine que llegaba el final. Efectivamente un enorme chorro de leche inundo mi boca casi atragantándome, pero el me obligaba a seguir con su aparto dentro de mi boca "traga, trágate toda esta leche, que sin duda disfrutaras de ella". Así lo hice, hasta que sus espasmos se detuvieron, y entonces con tranquilidad el salio del agua.
No había visto a las dos jóvenes que ahora con un taparrabos esperaban con una especie de manto al hombre que salía del baño y al que cubrieron con él, luego le acompañaron a la salida de la choza y volvieron junto a mi.
Me ayudaron a salir del agua, me secaron y perfumaron y me vistieron con un taparrabos de cuero y unas cintas del mismo material que ataron por debajo y alrededor de mis pechos, uniéndolas por detrás de mi cuello, como en forma de sujetador pero con los pechos al aire.
Me pusieron unas sandalias también de cuero y después me ayudaron a salir fuera.
Caminamos hacia una especie de prado donde pastaban algunos caballos, vi entonces a mi amo, sentado como en un trono de madera, con esclavos a su alrededor que le abanicaban y procuraban sombra con unas sombrillas de colores.
A su lado estaba el capataz, con un taparrabos de cuero, botas de montar y el temido látigo de cuero en su mano derecha.
Las jóvenes me acompañaron ante mi amo.
"!arrodíllate ante él¡" me grito el capataz haciendo restallar el látigo en el aire.
Así lo hice y mi amo se levanto, se acerco a mí y me hizo levantar.
"Ha llegado el momento de tus últimas pruebas como esclava y de esas últimas pruebas se encargara mi capataz." Sentí una gran angustia.
"Desde este momento el pasa a ser tu dueño y tu su propiedad, yo ya no ejerceré ningún tipo de control ni dominio sobre ti, ni para bien ni para mal, y hasta tu regreso a tu lugar de origen, el acabará el entrenamiento y trabajo pactado por tu autentico amo y señor que te trajo aquí para ello."
Hizo un gesto y por fin pude ver a Hans, junto a sus dos amigos que estaban filmando.
Hans llevaba un pantalón corto vaquero, una camisa caqui un enorme sombrero de ala ancha con botas de montar. Me hizo un gesto con la cabeza.
"Bien, llego ese momento" mi amo, cogió mi mano y se dirigió al capataz "es tuya, termina sin ningún tipo de restricciones el trabajo para el que estas preparado" y me hizo inclinar ante el capataz.
Este sonrió, hizo una inclinación de cabeza a su jefe y cogiéndome del brazo me llevo al centro de la pradera. "Ahora si nos divertiremos" me dijo entre dientes.
Hizo un gesto y una de las jóvenes le alcanzó un collar de cuero, una especie de capucha con un agujero en lo alto y una larga cinta de cuero.
La propia joven me coloco la capucha con abertura solo para mis ojos y nariz, y por cuyo orificio superior saco mi pelo en forma de cola de caballo.
Después me colocó el collar de cuero que unió por una trabilla a la cinta de cuero, cuyo extremo entrego al capataz. Este extendió la mano, y la otra joven le dio una especie de consolador terminado en una cola de caballo, con unas cintas a los lados.
Mientras una de las chicas sujetaba las riendas, el me hizo inclinar y se parándome la nalgas, me escupió en el agujero del culo, después sin avisar me enterró de un solo golpe la cola de caballo, haciéndome gemir de dolor, fijo las cintas por delante de mi pubis y me hizo levantar.
Entonces sin mediar palabra le vi coger dos campanillas terminadas en unas pinzas dentadas que sin miramientos colocó en mis pezones causándome un gran dolor notando como desgarraban mis areolas. Sonrió satisfecho al ver me gesto de dolor, tras comprobar que las pinzas habían quedado firmemente sujetas a mis pezones con un movimiento de tirón.
"No diré las cosas mas que una vez" me dijo tirándome del pelo"empieza a correr a trote ligero en círculos a la distancia que yo te marque de la cinta, como una buena yegua" y me dio unas palmadas en el culo.
Así lo hice y me vino a la mente la imagen de los caballos en los picaderos cuando corren en círculo para su entrenamiento, se iniciaba una nueva fase de mi entrenamiento. Estaba entretenida en mis pensamientos cuando oí retallar el látigo y su punta golpeo con fuerza mi espalda.
"Corre mas puta yegua, quiero que luzcas tus capacidades" mientras yo corría en circulo y mis pechos votaban y saltaban desbocados, el látigo seguía restallando y alcanzando mi espalda y glúteos, haciéndome seguir un ritmo de carrera que empezaba a agotarme.
Hacia ya tiempo que había perdido mis sandalias, por lo cual mis pies estaba también magullados y doloridos por el esfuerzo y la tierra.
El ritmo cada vez era más rápido y los latigazos más duros y seguidos, mi espalda y nalgas estaban de nuevo al rojo.
Pasados unos minutos me hizo parar y me indico que levantara las rodillas hasta la vertical alternativamente. Así hube de dar varias vueltas a su alrededor, mientras los presentes aplaudían y jaleaban.
Me hizo detener y en medio de todos ponerme a cuatro patas. Me colocó entonces un bocado con unas cinchas y agarrándolas se sentó sobe mi espalda tirando hacia atrás de ellas.
"Camina sin derrumbarte pues si lo haces recibirás 25 latigazos sin piedad."
Trate de mantener su peso mientras caminaba y el me daba en los costados con las botas, pero inevitablemente mi aguante tenia un limite y caí a tierra.
"levántate zorra" me dijo tirándome del pelo.
Una vez en pie me hizo separar las piernas y poner los brazos en mi nuca para evitar que el pelo tapara mi espalda.
"serán 25 gloriosos latigazos que espero cuentes en voz alta"
Uno a uno y cantados entre gritos y sollozos los 25 latigazos más duros y espeluznantes que había recibido desde mi llegada fueron cayendo sobre mi espalda, que note húmeda por la sangre que alguno de ellos me provocó.
Después volvió a hacerme correr en circulo a su alrededor, acortando o alargando la cinta con la que me guiaba, haciéndome tropezar con sus tirones hasta caer agotada al suelo.
Entonces me ato las muñecas y los tobillos, y me dejo en medio del prado a pleno sol mientras todos se retiraban a una sombra cercana donde bebieron y comieron sin prestarme atención.
Me sentía desfallecer y me parecía estar viviendo un sueño, lleno de dulzura y placer hacia tan solo unos minutos, y ahora como un animal tirada a pleno sol, mientras mi espalda en carne viva sangraba y mi cuerpo me sorprendía pidiéndome más castigo, necesitaba la acción de sentirme maltratada, mi cabeza empezaba a dolerme.
martes, 13 de abril de 2010
ESPOSA BLANCA, ESCLAVA EN AFRICA (VIII)
Esclava Blanca en África VIII
EN LA GRANJA
Sentí que corría por un hermoso jardín, pero me dolía el cuerpo, mis articulaciones, y mi boca estaba como adormecida, una suave lluvia caía sobre mi piel tratando de mitigar el dolor.
Me desperté y comprobé que la lluvia era lo único real de mi situación, pues llovía abundantemente, estaba totalmente empapada y dolorida y el viento agitaba los árboles a mi alrededor, no se oía ni un solo ruido humano.
La lluvia arreciaba y mi dolorido cuerpo agradecía aquel bálsamo sobre mi escarnecida piel, la funda de mi cabeza, de cuero, me pesaba enormemente y pronto recupere la sensibilidad de mi lengua pinzada y unida a la cadena que dolorosamente recordé, se unía a mis pezones, al tratar de levantar la cabeza para que el agua me mojara la boca.
Mis brazos y piernas estaban entumecidos, pero note que mi postura no era la misma que cuando me dormí, ya que mis rodillas se apoyaban en el suelo mojado, aunque mis brazos seguían atados tras el árbol, pero separados de mis tobillos.
No podía ver nada pero oía la lluvia y el viento a mi alrededor y azotando mi maltrecho cuerpo.
Me parecía escuchar ruidos entre los matorrales, seguía allí atada a aquel árbol, casi fundida con el barro bajo mis pies y rodillas, me dolía todo y solo oía ruidos, la lluvia y el viento. Estaba aterida tenia frío… y miedo.
No se cuanto tiempo paso, empecé a llorar despacio, allí perdida echaba de menos mi mundo mi gente, mi casa, mi marido…
Oí un ruido como de un caballo, y alguien que se acercaba, me pesaba el capuchón de cuero empapado en agua que se metía hasta mis entrañas, oí las voces y pronto los caballos detenerse, voces de hombres y note como me desataban, estaba entumecida, el hombre me cargo al hombro y luego sobre la silla de un caballo, me ato como un fardo las muñecas y tobillos y me ato con cuerdas al caballo, este empezó a moverse, y al rato galopaba mientras yo botaba y parecía irme a caer con el miedo de ser pisoteada por el animal, fueron unos minutos que se hicieron eternos.
Seguía lloviendo, estaba desnuda y aterida, cuando entramos en un recinto a cubierto.
El hombre me desato del caballo y me dejo resbalar atada como estaba hasta dar en el suelo con mi cuerpo sobre la tierra. Me quito la capucha y poco a poco me acostumbre a la luz, fuera se oía el viento y la lluvia, estábamos en un recinto circular como de piedra muy amplio con una enorme hoguera en medio, ya había empezado a notar el calor.
El hombre que era el ayudante de mi amo, vino hacia mí, me pregunto si tenía frío, asentí con la cabeza. "Bien" me dijo, "pronto estarás caliente" y sonrió.
Dio una voz y aparecieron dos hombres con un grueso palo de madera y unas cuerdas. Aprovechando mis ataduras me ataron al palo por las muñecas, rodillas y tobillos y lo levantaron en volandas llevándome hacia el fuego.
Mire aterrada, una enorme cucaña se levantaba sobre el fuego y por lo que deduje yo sería la pieza a asar. Sentí terror y empecé a gritar y a llorar. El hombre se acercó a mi y me dio una bofetada "Cállate zorra" me dijo abofeteándome de nuevo "solo queremos que te calientes un poco" y les hizo un gesto a los dos hombres que me colocaron sobre la cucaña, que tenia una manivela.
Notaba el calor del fuego bajo mi espalda, pero no me quemaba, solo notaba un calor como de una estufa cuando te acercas mucho.
Uno de los hombres empezó a darle vueltas a la manivela, veía el fuego bajo mi cuerpo al pasar boca abajo, y lo sentía en mi espalda o en mis pechos, pero aunque notaba el calor que empezaba a ser asfixiante haciéndome sudar, no sentía que me quemara.
Mis pensamientos se rompieron de pronto por un silbido seguido de un impacto en mis nalgas, un látigo de cuero largo y fino acababa de marcar mis glúteos, el hombre lo manejaba con habilidad mientras yo giraba en la cucaña, y así casi todo mi cuerpo fue marcado por las finas líneas de aquel látigo mientras mi cuerpo sudaba a chorros y mis energías volvían a difuminarse en el tiempo.
Cuando desperté, estaba tumbada boca abajo en el suelo de tierra, mis muñecas y tobillos atados a sendos postes en una perfecta "X", el fuego estaba un poco más allá y sobre el la cucaña, ahora llevaba en su vara una autentico animal, una cabra o algo así, pelado y desollado que a una distancia menor del fuego, crepitaba mientras empezaba a dorarse.
Levante un poco más la cabeza y vi unas muescas en los postes a los que estaba atada, mi pelo sucio caía a un lado de la cara y mi vientre y mi sexo se pegaban al suelo de tierra húmeda. Volvieron los hombres junto a mí y fueron levantando mis ataduras hasta la tercera muesca de los postes, con lo que quede en suspenso en el aire a uno metro del suelo más o menos.
Apareció mi amo, con el temido látigo de cuero de un solo hilo, Se acerco a mi cara "¿esta sufriendo bastante mi zorrita?" me miro despacio "después de este entrenamiento serás capaz de aguantar cualquier tipo de castigo bajo cualquier circunstancia y situación, serás una verdadera esclava dispuesta siempre para tus amos".
Se paseo a mí alrededor y sin avisar descargo su látigo en mi espalda enrollándose a mi cuerpo y lacerando también mis pechos que colgaban obscenamente. Iba a protestar cuando una nueva sorpresa me hizo gritar: un fuerte chorro de agua caliente a presión golpeo sobre mi sexo, haciéndome dar un respingo, tras el cual un nuevo latigazo recorrió mi espalda y costados. El chorro siguió aumentando la presión sobre mi sexo y creo que entrando dentro de mi vagina, causándome espasmos de placer y dolor simultáneos, mientras el látigo seguía marcando mi piel.
La temperatura del agua cambiaba súbitamente de fría a caliente, mis orgasmos se confundían con el dolor del látigo y la presión del agua, pero cuando hacia ademán de rendirme mi amo se plantaba frente a mi y me abofeteaba para despejarme.
También mis tetas suspendidas y sensibles sufrían a veces del chorro a presión pareciendo que se me iban a arrancar o recibían un latigazo de refilón que era mucho más doloroso si cabe.
Después me he enterado que esas sesiones eran apenas de 3 o 4 minutos, pero a mi me parecían eternas.
Cuando mi cuerpo no aguanto ya más presión y estalle en un alarido de placer y dolor en un orgasmo que no he vuelto a sentir, el agua paro, los latigazos pararon y los hombres me bajaron a ras de suelo, donde mi cuerpo reposo unos minutos sobre el embarrado suelo.
Allí permanecí algunos minutos que me sirvieron de relax, pero no tardaría mucho en volver a ser consciente de mi condición de esclava.
Pasado ese espacio de tiempo, me desataron y me llevaron casi arrastrando hasta un especie de establo, allí un caballo movía una noria de agua que servia para abastecer a los hombres de mi amo.
Me ataron a un poste por la cintura en un rincón y me pusieron un plato con arroz, una especie de salsa y algunas hierbas. Con las muñecas atadas entre si, al igual que los tobillos me indicaron que debía comer con las manos, cosa que hice. No recordaba ya el tiempo que hacia que no comía y me sentía desfallecida.
Devoré el plato con fruición ante la risa de los presentes que me pusieron otro, esta vez con más hierbas de las primeras, una especie de hojas de menta pero dulces, que me tonificaban.
Pero aquel momentáneo descanso y recuperación de fuerzas, era para afrontar adecuadamente la siguiente etapa de mi entrenamiento como esclava.
EN LA GRANJA
Sentí que corría por un hermoso jardín, pero me dolía el cuerpo, mis articulaciones, y mi boca estaba como adormecida, una suave lluvia caía sobre mi piel tratando de mitigar el dolor.
Me desperté y comprobé que la lluvia era lo único real de mi situación, pues llovía abundantemente, estaba totalmente empapada y dolorida y el viento agitaba los árboles a mi alrededor, no se oía ni un solo ruido humano.
La lluvia arreciaba y mi dolorido cuerpo agradecía aquel bálsamo sobre mi escarnecida piel, la funda de mi cabeza, de cuero, me pesaba enormemente y pronto recupere la sensibilidad de mi lengua pinzada y unida a la cadena que dolorosamente recordé, se unía a mis pezones, al tratar de levantar la cabeza para que el agua me mojara la boca.
Mis brazos y piernas estaban entumecidos, pero note que mi postura no era la misma que cuando me dormí, ya que mis rodillas se apoyaban en el suelo mojado, aunque mis brazos seguían atados tras el árbol, pero separados de mis tobillos.
No podía ver nada pero oía la lluvia y el viento a mi alrededor y azotando mi maltrecho cuerpo.
Me parecía escuchar ruidos entre los matorrales, seguía allí atada a aquel árbol, casi fundida con el barro bajo mis pies y rodillas, me dolía todo y solo oía ruidos, la lluvia y el viento. Estaba aterida tenia frío… y miedo.
No se cuanto tiempo paso, empecé a llorar despacio, allí perdida echaba de menos mi mundo mi gente, mi casa, mi marido…
Oí un ruido como de un caballo, y alguien que se acercaba, me pesaba el capuchón de cuero empapado en agua que se metía hasta mis entrañas, oí las voces y pronto los caballos detenerse, voces de hombres y note como me desataban, estaba entumecida, el hombre me cargo al hombro y luego sobre la silla de un caballo, me ato como un fardo las muñecas y tobillos y me ato con cuerdas al caballo, este empezó a moverse, y al rato galopaba mientras yo botaba y parecía irme a caer con el miedo de ser pisoteada por el animal, fueron unos minutos que se hicieron eternos.
Seguía lloviendo, estaba desnuda y aterida, cuando entramos en un recinto a cubierto.
El hombre me desato del caballo y me dejo resbalar atada como estaba hasta dar en el suelo con mi cuerpo sobre la tierra. Me quito la capucha y poco a poco me acostumbre a la luz, fuera se oía el viento y la lluvia, estábamos en un recinto circular como de piedra muy amplio con una enorme hoguera en medio, ya había empezado a notar el calor.
El hombre que era el ayudante de mi amo, vino hacia mí, me pregunto si tenía frío, asentí con la cabeza. "Bien" me dijo, "pronto estarás caliente" y sonrió.
Dio una voz y aparecieron dos hombres con un grueso palo de madera y unas cuerdas. Aprovechando mis ataduras me ataron al palo por las muñecas, rodillas y tobillos y lo levantaron en volandas llevándome hacia el fuego.
Mire aterrada, una enorme cucaña se levantaba sobre el fuego y por lo que deduje yo sería la pieza a asar. Sentí terror y empecé a gritar y a llorar. El hombre se acercó a mi y me dio una bofetada "Cállate zorra" me dijo abofeteándome de nuevo "solo queremos que te calientes un poco" y les hizo un gesto a los dos hombres que me colocaron sobre la cucaña, que tenia una manivela.
Notaba el calor del fuego bajo mi espalda, pero no me quemaba, solo notaba un calor como de una estufa cuando te acercas mucho.
Uno de los hombres empezó a darle vueltas a la manivela, veía el fuego bajo mi cuerpo al pasar boca abajo, y lo sentía en mi espalda o en mis pechos, pero aunque notaba el calor que empezaba a ser asfixiante haciéndome sudar, no sentía que me quemara.
Mis pensamientos se rompieron de pronto por un silbido seguido de un impacto en mis nalgas, un látigo de cuero largo y fino acababa de marcar mis glúteos, el hombre lo manejaba con habilidad mientras yo giraba en la cucaña, y así casi todo mi cuerpo fue marcado por las finas líneas de aquel látigo mientras mi cuerpo sudaba a chorros y mis energías volvían a difuminarse en el tiempo.
Cuando desperté, estaba tumbada boca abajo en el suelo de tierra, mis muñecas y tobillos atados a sendos postes en una perfecta "X", el fuego estaba un poco más allá y sobre el la cucaña, ahora llevaba en su vara una autentico animal, una cabra o algo así, pelado y desollado que a una distancia menor del fuego, crepitaba mientras empezaba a dorarse.
Levante un poco más la cabeza y vi unas muescas en los postes a los que estaba atada, mi pelo sucio caía a un lado de la cara y mi vientre y mi sexo se pegaban al suelo de tierra húmeda. Volvieron los hombres junto a mí y fueron levantando mis ataduras hasta la tercera muesca de los postes, con lo que quede en suspenso en el aire a uno metro del suelo más o menos.
Apareció mi amo, con el temido látigo de cuero de un solo hilo, Se acerco a mi cara "¿esta sufriendo bastante mi zorrita?" me miro despacio "después de este entrenamiento serás capaz de aguantar cualquier tipo de castigo bajo cualquier circunstancia y situación, serás una verdadera esclava dispuesta siempre para tus amos".
Se paseo a mí alrededor y sin avisar descargo su látigo en mi espalda enrollándose a mi cuerpo y lacerando también mis pechos que colgaban obscenamente. Iba a protestar cuando una nueva sorpresa me hizo gritar: un fuerte chorro de agua caliente a presión golpeo sobre mi sexo, haciéndome dar un respingo, tras el cual un nuevo latigazo recorrió mi espalda y costados. El chorro siguió aumentando la presión sobre mi sexo y creo que entrando dentro de mi vagina, causándome espasmos de placer y dolor simultáneos, mientras el látigo seguía marcando mi piel.
La temperatura del agua cambiaba súbitamente de fría a caliente, mis orgasmos se confundían con el dolor del látigo y la presión del agua, pero cuando hacia ademán de rendirme mi amo se plantaba frente a mi y me abofeteaba para despejarme.
También mis tetas suspendidas y sensibles sufrían a veces del chorro a presión pareciendo que se me iban a arrancar o recibían un latigazo de refilón que era mucho más doloroso si cabe.
Después me he enterado que esas sesiones eran apenas de 3 o 4 minutos, pero a mi me parecían eternas.
Cuando mi cuerpo no aguanto ya más presión y estalle en un alarido de placer y dolor en un orgasmo que no he vuelto a sentir, el agua paro, los latigazos pararon y los hombres me bajaron a ras de suelo, donde mi cuerpo reposo unos minutos sobre el embarrado suelo.
Allí permanecí algunos minutos que me sirvieron de relax, pero no tardaría mucho en volver a ser consciente de mi condición de esclava.
Pasado ese espacio de tiempo, me desataron y me llevaron casi arrastrando hasta un especie de establo, allí un caballo movía una noria de agua que servia para abastecer a los hombres de mi amo.
Me ataron a un poste por la cintura en un rincón y me pusieron un plato con arroz, una especie de salsa y algunas hierbas. Con las muñecas atadas entre si, al igual que los tobillos me indicaron que debía comer con las manos, cosa que hice. No recordaba ya el tiempo que hacia que no comía y me sentía desfallecida.
Devoré el plato con fruición ante la risa de los presentes que me pusieron otro, esta vez con más hierbas de las primeras, una especie de hojas de menta pero dulces, que me tonificaban.
Pero aquel momentáneo descanso y recuperación de fuerzas, era para afrontar adecuadamente la siguiente etapa de mi entrenamiento como esclava.
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martes, 30 de marzo de 2010
ESPOSA BLANCA, ESCLAVA EN AFRICA (VII)
Esclava en África VII
Follada en el desierto.
Desperté toda dolorida y magullada sobre mi celda de suelo de paja. Se oía fuera el rumor de los nativos, pero no sabía que hora era.
Mire mi cuerpo atado sobre el suelo con grilletes en postura fetal y comprobé sobre mis muslos las señales del látigo, algunas con sangre seca tras la laceración, mi espalda me escocía y dolía a rabiar por lo cual imagine esas mismas marcas y heridas en ella y en mis también ardientes nalgas.
Mis pechos estaban abrasados por el sol y yo toda estaba como enfebrecida por el castigo y a la exposición al sol.
De pronto se abrió la puerta de la celda y mis conocidos vigilantes llegaron con unas esponjas y agua, mientras hablaban entre ellos y tras ponerme una mordaza para mitigar mis gritos, empezaron a limpiarme con las esponjas y el agua, sin hacer caso de mis gemidos de dolor.
Me desataron y levantaron y me pusieron una especie de corset, que levantaba mis pechos, pero con una especie de asa en ambos costados.
Me hicieron calzar unas babuchas de tacón alto y taparon mi cabeza con una especie de capucha que solo dejaba mi nariz y mi boca libres.
Me colocaron unos grilletes en tobillos y muñecas que unieron con cadenas entre si y una especie de cinturón también hecho con cadenas que cubría mi sexo y ano, así como un collar de hierro, que comprimía mi garganta.
Me sacaron al exterior. Olía bien el aire y aunque no podía ver me dio sensación de ya anochecido, al menos la temperatura no era tan alta y no notaba el abraso del sol, y corría una suave brisa. Oí el ruido de un motor en marcha y los hombres me hicieron subir a la parte de atrás de una especie de camioneta que se puso en marcha.
Yo iba arrodillada y apoyada sobre uno de los laterales de la caja del camión. El vehiculo se puso en marcha y durante varios minutos circulamos bastante rápido por un suelo desigual que me hacia tambalearme, dar tumbos y golpearme contra el suelo del coche entre las risas de mis captores.
De pronto en la lejanía se oyeron risas y música de tambores, como una gran fiesta.
Nos acercamos hasta que el ruido se hizo cercano, oí una explosión de jubilo y grandes gritos todos de hombres.
El coche se detuvo y unos brazos fuertes me levantaron en volandas y me depositaron en el suelo, note un tirón de la cadena que se unía al collar de mi cuello y seguí su tirón.
Casi de inmediato sentí muchas manos sobando mi cuerpo y gritos de hombres que no entendía y que me daban azotes en las nalgas o me tiraban de los pezones y el pelo, o tanteaban mi sexo encadenado.
Uno de los hombres que me llevaban les hizo callar y tiro de mi cadena, me hizo inclinar sobre una especie de mesa o tabla y note como ataban mis brazos y mis piernas bien abiertos a las posibles patas de aquella mesa.
Se hizo el silencio, después uno de los hombres hablo con autoridad y la música y los gritos y risas volvieron a sonar con fuerza, aunque yo imaginaba que la parte fuerte de la fiesta sería yo.
Efectivamente en unos minutos note como me levantaban la cabeza y una polla entraba en mi boca que era follada literalmente por aquel miembro, al tiempo otra polla entraba en mi coño, y para completar la fiesta alguien se encargaba de forma irregular de azotar mi culo y espalda con un látigo.
Fue cuando descubrí para que sirvieran las especies de asas de mi corset, en ellas se agarraban los hombres para poder clavarme con más fuerza.
“La fiesta” duro largo tiempo, yo deje de disfrutar del placer al segundo polvo y mi boca pastosa de babas y semen, estaba como acorchada, me dolía la espalda y las nalgas de los latigazos, pero si pude diferenciar que algunos hombres me follaban con preservativo y otros no, aunque a partir del sexto o séptimo perdí toda sensación en mi sexo.
Cuando estaba medio aturdida y parece que ya se habían divertido, me rociaron con varios cubos de agua y me desataron de la mesa.
Me pusieron en pie y ataron mis tobillos entre si y mis muñecas por detrás de un árbol. Yo seguía con la cabeza tapada y solo mi nariz y boca al aire. Mi boca era una pasta de semen y saliva, tenia la lengua como dormida.
El hombre volvió a mandarles callar y les dijo algo, todos gritaron y unos segundos después mi cuerpo empezó a recibir latigazos desde varios puntos distintos que laceraron mi vientre, mis pechos, mis costados, la intensidad era diferente pero el dolor se hacia cada vez más agudo, no se el tiempo que estuvieron haciéndolo pues había perdido la noción del tiempo.
Cuando se cansaron de azotarme, yo sentía mi piel muy lastimada y caliente, me desataron del tronco, pero con los tobillos aún atados entre si, me pusieron una cuerda a modo de collar al cuello, no recuerdo cuando me habían quitado el collar que llevaba, y empezaron a tirar de mi. Trate de andar a saltitos y ellos se reían y me daban palmadas en el culo, pero cada dos por tres tropezaba y caía al suelo, arañándome todo el cuerpo con la tierra y las ramas, pues al caer el que tiraba de mi me arrastraba unos metros por el suelo.
Pasado un rato deje quizá de interesarles como diversión, así que me sacaron arrastrando de allí, pues note alejarse las voces de los hombres y solo un par de ellos me acompañaban.
Me pusieron en pie y me desataron los tobillos, pero era para torturarme una vez más.
Esta vez me ataron con la espalda pegada a un grueso tronco, y supe que era grueso pues ataron mis brazos por detrás del mismo abrazándolo y no lo abarcaba con el consiguiente dolor al estirarlos.
Hicieron igual operación con mis piernas doblándomelas hacia arriba a ambos lados del tronco y uniendo mis tobillos con mis muñecas, como si estuviera arrodillada en el aire, quedando así atada al árbol. Pero no habían acabado, pues después de un rato, regresaron para atarme los pechos entre si con una cuerda y colocaron unas pinzas con una cadena sobre mis pezones. La cadena la unieron a una pinza que habían colocado en mi boca. También colocaron sendas pinzas en los labios de mi sexo y las unieron entre si mediante una cadena que ataron por detrás del árbol, estirando mis labios y dejando mi coño abierto.
Para mantenerme despierta intente sentir cada rincón de mi organismo y es curioso como cuando tienes un sentido, en este caso mi vista, disminuido se potencian los demás.
Una vez terminaron me dieron unos cachetes en mis ya entumecidos pechos y se alejaron.
A pesar de la postura el cansancio me hacia desear dormir. Pero el miedo también se apoderaba de mí. Oía ruidos entre la maleza cercana, como de animales o algo arrastrándose y empecé a pensar en serpientes o reptiles o cualquier animal.
El pánico se apoderó de mí, pero no podía sino gemir, ya que mi lengua estaba pinzada con la cadena que se unía a mis pechos que ya casi no sentía.
No podía ver, pero mi nariz trataba de mantenerme conectada con mi entorno.
Se oían a los hombres en la lejanía, con su música y sus gritos y risas.
El cansancio era muy fuerte, me dolía todo el cuerpo, mi sexo estaba como abotargado, imaginaba mis labios vaginales inflamados y enrojecidos. La postura no era muy cómoda, pero el agotamiento y el sopor iban apoderándose de mi cuerpo. Sabía que si me dejaba llevar me desmayaría o me aletargaría aunque al distenderme las cuerdas se clavaban dolorosamente en mi carne, pero empezaba a estar muy cansada y como mentalmente perdida.
Recordaba medio en sueños que yo tenía una vida en otro país, una familia y que la lujuria y la excitación me habían llevado hasta aquel rincón de África, donde habían abusado de mi sin piedad e incluso podía dejar mi vida.
Con el ruido del bosque alrededor, una nube negra fue invadiendo mis sentidos y me transportó a otro lugar, mi última sensación fue mi cabeza cayendo hacia adelante.
Follada en el desierto.
Desperté toda dolorida y magullada sobre mi celda de suelo de paja. Se oía fuera el rumor de los nativos, pero no sabía que hora era.
Mire mi cuerpo atado sobre el suelo con grilletes en postura fetal y comprobé sobre mis muslos las señales del látigo, algunas con sangre seca tras la laceración, mi espalda me escocía y dolía a rabiar por lo cual imagine esas mismas marcas y heridas en ella y en mis también ardientes nalgas.
Mis pechos estaban abrasados por el sol y yo toda estaba como enfebrecida por el castigo y a la exposición al sol.
De pronto se abrió la puerta de la celda y mis conocidos vigilantes llegaron con unas esponjas y agua, mientras hablaban entre ellos y tras ponerme una mordaza para mitigar mis gritos, empezaron a limpiarme con las esponjas y el agua, sin hacer caso de mis gemidos de dolor.
Me desataron y levantaron y me pusieron una especie de corset, que levantaba mis pechos, pero con una especie de asa en ambos costados.
Me hicieron calzar unas babuchas de tacón alto y taparon mi cabeza con una especie de capucha que solo dejaba mi nariz y mi boca libres.
Me colocaron unos grilletes en tobillos y muñecas que unieron con cadenas entre si y una especie de cinturón también hecho con cadenas que cubría mi sexo y ano, así como un collar de hierro, que comprimía mi garganta.
Me sacaron al exterior. Olía bien el aire y aunque no podía ver me dio sensación de ya anochecido, al menos la temperatura no era tan alta y no notaba el abraso del sol, y corría una suave brisa. Oí el ruido de un motor en marcha y los hombres me hicieron subir a la parte de atrás de una especie de camioneta que se puso en marcha.
Yo iba arrodillada y apoyada sobre uno de los laterales de la caja del camión. El vehiculo se puso en marcha y durante varios minutos circulamos bastante rápido por un suelo desigual que me hacia tambalearme, dar tumbos y golpearme contra el suelo del coche entre las risas de mis captores.
De pronto en la lejanía se oyeron risas y música de tambores, como una gran fiesta.
Nos acercamos hasta que el ruido se hizo cercano, oí una explosión de jubilo y grandes gritos todos de hombres.
El coche se detuvo y unos brazos fuertes me levantaron en volandas y me depositaron en el suelo, note un tirón de la cadena que se unía al collar de mi cuello y seguí su tirón.
Casi de inmediato sentí muchas manos sobando mi cuerpo y gritos de hombres que no entendía y que me daban azotes en las nalgas o me tiraban de los pezones y el pelo, o tanteaban mi sexo encadenado.
Uno de los hombres que me llevaban les hizo callar y tiro de mi cadena, me hizo inclinar sobre una especie de mesa o tabla y note como ataban mis brazos y mis piernas bien abiertos a las posibles patas de aquella mesa.
Se hizo el silencio, después uno de los hombres hablo con autoridad y la música y los gritos y risas volvieron a sonar con fuerza, aunque yo imaginaba que la parte fuerte de la fiesta sería yo.
Efectivamente en unos minutos note como me levantaban la cabeza y una polla entraba en mi boca que era follada literalmente por aquel miembro, al tiempo otra polla entraba en mi coño, y para completar la fiesta alguien se encargaba de forma irregular de azotar mi culo y espalda con un látigo.
Fue cuando descubrí para que sirvieran las especies de asas de mi corset, en ellas se agarraban los hombres para poder clavarme con más fuerza.
“La fiesta” duro largo tiempo, yo deje de disfrutar del placer al segundo polvo y mi boca pastosa de babas y semen, estaba como acorchada, me dolía la espalda y las nalgas de los latigazos, pero si pude diferenciar que algunos hombres me follaban con preservativo y otros no, aunque a partir del sexto o séptimo perdí toda sensación en mi sexo.
Cuando estaba medio aturdida y parece que ya se habían divertido, me rociaron con varios cubos de agua y me desataron de la mesa.
Me pusieron en pie y ataron mis tobillos entre si y mis muñecas por detrás de un árbol. Yo seguía con la cabeza tapada y solo mi nariz y boca al aire. Mi boca era una pasta de semen y saliva, tenia la lengua como dormida.
El hombre volvió a mandarles callar y les dijo algo, todos gritaron y unos segundos después mi cuerpo empezó a recibir latigazos desde varios puntos distintos que laceraron mi vientre, mis pechos, mis costados, la intensidad era diferente pero el dolor se hacia cada vez más agudo, no se el tiempo que estuvieron haciéndolo pues había perdido la noción del tiempo.
Cuando se cansaron de azotarme, yo sentía mi piel muy lastimada y caliente, me desataron del tronco, pero con los tobillos aún atados entre si, me pusieron una cuerda a modo de collar al cuello, no recuerdo cuando me habían quitado el collar que llevaba, y empezaron a tirar de mi. Trate de andar a saltitos y ellos se reían y me daban palmadas en el culo, pero cada dos por tres tropezaba y caía al suelo, arañándome todo el cuerpo con la tierra y las ramas, pues al caer el que tiraba de mi me arrastraba unos metros por el suelo.
Pasado un rato deje quizá de interesarles como diversión, así que me sacaron arrastrando de allí, pues note alejarse las voces de los hombres y solo un par de ellos me acompañaban.
Me pusieron en pie y me desataron los tobillos, pero era para torturarme una vez más.
Esta vez me ataron con la espalda pegada a un grueso tronco, y supe que era grueso pues ataron mis brazos por detrás del mismo abrazándolo y no lo abarcaba con el consiguiente dolor al estirarlos.
Hicieron igual operación con mis piernas doblándomelas hacia arriba a ambos lados del tronco y uniendo mis tobillos con mis muñecas, como si estuviera arrodillada en el aire, quedando así atada al árbol. Pero no habían acabado, pues después de un rato, regresaron para atarme los pechos entre si con una cuerda y colocaron unas pinzas con una cadena sobre mis pezones. La cadena la unieron a una pinza que habían colocado en mi boca. También colocaron sendas pinzas en los labios de mi sexo y las unieron entre si mediante una cadena que ataron por detrás del árbol, estirando mis labios y dejando mi coño abierto.
Para mantenerme despierta intente sentir cada rincón de mi organismo y es curioso como cuando tienes un sentido, en este caso mi vista, disminuido se potencian los demás.
Una vez terminaron me dieron unos cachetes en mis ya entumecidos pechos y se alejaron.
A pesar de la postura el cansancio me hacia desear dormir. Pero el miedo también se apoderaba de mí. Oía ruidos entre la maleza cercana, como de animales o algo arrastrándose y empecé a pensar en serpientes o reptiles o cualquier animal.
El pánico se apoderó de mí, pero no podía sino gemir, ya que mi lengua estaba pinzada con la cadena que se unía a mis pechos que ya casi no sentía.
No podía ver, pero mi nariz trataba de mantenerme conectada con mi entorno.
Se oían a los hombres en la lejanía, con su música y sus gritos y risas.
El cansancio era muy fuerte, me dolía todo el cuerpo, mi sexo estaba como abotargado, imaginaba mis labios vaginales inflamados y enrojecidos. La postura no era muy cómoda, pero el agotamiento y el sopor iban apoderándose de mi cuerpo. Sabía que si me dejaba llevar me desmayaría o me aletargaría aunque al distenderme las cuerdas se clavaban dolorosamente en mi carne, pero empezaba a estar muy cansada y como mentalmente perdida.
Recordaba medio en sueños que yo tenía una vida en otro país, una familia y que la lujuria y la excitación me habían llevado hasta aquel rincón de África, donde habían abusado de mi sin piedad e incluso podía dejar mi vida.
Con el ruido del bosque alrededor, una nube negra fue invadiendo mis sentidos y me transportó a otro lugar, mi última sensación fue mi cabeza cayendo hacia adelante.
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