Esclava en África VII
Follada en el desierto.
Desperté toda dolorida y magullada sobre mi celda de suelo de paja. Se oía fuera el rumor de los nativos, pero no sabía que hora era.
Mire mi cuerpo atado sobre el suelo con grilletes en postura fetal y comprobé sobre mis muslos las señales del látigo, algunas con sangre seca tras la laceración, mi espalda me escocía y dolía a rabiar por lo cual imagine esas mismas marcas y heridas en ella y en mis también ardientes nalgas.
Mis pechos estaban abrasados por el sol y yo toda estaba como enfebrecida por el castigo y a la exposición al sol.
De pronto se abrió la puerta de la celda y mis conocidos vigilantes llegaron con unas esponjas y agua, mientras hablaban entre ellos y tras ponerme una mordaza para mitigar mis gritos, empezaron a limpiarme con las esponjas y el agua, sin hacer caso de mis gemidos de dolor.
Me desataron y levantaron y me pusieron una especie de corset, que levantaba mis pechos, pero con una especie de asa en ambos costados.
Me hicieron calzar unas babuchas de tacón alto y taparon mi cabeza con una especie de capucha que solo dejaba mi nariz y mi boca libres.
Me colocaron unos grilletes en tobillos y muñecas que unieron con cadenas entre si y una especie de cinturón también hecho con cadenas que cubría mi sexo y ano, así como un collar de hierro, que comprimía mi garganta.
Me sacaron al exterior. Olía bien el aire y aunque no podía ver me dio sensación de ya anochecido, al menos la temperatura no era tan alta y no notaba el abraso del sol, y corría una suave brisa. Oí el ruido de un motor en marcha y los hombres me hicieron subir a la parte de atrás de una especie de camioneta que se puso en marcha.
Yo iba arrodillada y apoyada sobre uno de los laterales de la caja del camión. El vehiculo se puso en marcha y durante varios minutos circulamos bastante rápido por un suelo desigual que me hacia tambalearme, dar tumbos y golpearme contra el suelo del coche entre las risas de mis captores.
De pronto en la lejanía se oyeron risas y música de tambores, como una gran fiesta.
Nos acercamos hasta que el ruido se hizo cercano, oí una explosión de jubilo y grandes gritos todos de hombres.
El coche se detuvo y unos brazos fuertes me levantaron en volandas y me depositaron en el suelo, note un tirón de la cadena que se unía al collar de mi cuello y seguí su tirón.
Casi de inmediato sentí muchas manos sobando mi cuerpo y gritos de hombres que no entendía y que me daban azotes en las nalgas o me tiraban de los pezones y el pelo, o tanteaban mi sexo encadenado.
Uno de los hombres que me llevaban les hizo callar y tiro de mi cadena, me hizo inclinar sobre una especie de mesa o tabla y note como ataban mis brazos y mis piernas bien abiertos a las posibles patas de aquella mesa.
Se hizo el silencio, después uno de los hombres hablo con autoridad y la música y los gritos y risas volvieron a sonar con fuerza, aunque yo imaginaba que la parte fuerte de la fiesta sería yo.
Efectivamente en unos minutos note como me levantaban la cabeza y una polla entraba en mi boca que era follada literalmente por aquel miembro, al tiempo otra polla entraba en mi coño, y para completar la fiesta alguien se encargaba de forma irregular de azotar mi culo y espalda con un látigo.
Fue cuando descubrí para que sirvieran las especies de asas de mi corset, en ellas se agarraban los hombres para poder clavarme con más fuerza.
“La fiesta” duro largo tiempo, yo deje de disfrutar del placer al segundo polvo y mi boca pastosa de babas y semen, estaba como acorchada, me dolía la espalda y las nalgas de los latigazos, pero si pude diferenciar que algunos hombres me follaban con preservativo y otros no, aunque a partir del sexto o séptimo perdí toda sensación en mi sexo.
Cuando estaba medio aturdida y parece que ya se habían divertido, me rociaron con varios cubos de agua y me desataron de la mesa.
Me pusieron en pie y ataron mis tobillos entre si y mis muñecas por detrás de un árbol. Yo seguía con la cabeza tapada y solo mi nariz y boca al aire. Mi boca era una pasta de semen y saliva, tenia la lengua como dormida.
El hombre volvió a mandarles callar y les dijo algo, todos gritaron y unos segundos después mi cuerpo empezó a recibir latigazos desde varios puntos distintos que laceraron mi vientre, mis pechos, mis costados, la intensidad era diferente pero el dolor se hacia cada vez más agudo, no se el tiempo que estuvieron haciéndolo pues había perdido la noción del tiempo.
Cuando se cansaron de azotarme, yo sentía mi piel muy lastimada y caliente, me desataron del tronco, pero con los tobillos aún atados entre si, me pusieron una cuerda a modo de collar al cuello, no recuerdo cuando me habían quitado el collar que llevaba, y empezaron a tirar de mi. Trate de andar a saltitos y ellos se reían y me daban palmadas en el culo, pero cada dos por tres tropezaba y caía al suelo, arañándome todo el cuerpo con la tierra y las ramas, pues al caer el que tiraba de mi me arrastraba unos metros por el suelo.
Pasado un rato deje quizá de interesarles como diversión, así que me sacaron arrastrando de allí, pues note alejarse las voces de los hombres y solo un par de ellos me acompañaban.
Me pusieron en pie y me desataron los tobillos, pero era para torturarme una vez más.
Esta vez me ataron con la espalda pegada a un grueso tronco, y supe que era grueso pues ataron mis brazos por detrás del mismo abrazándolo y no lo abarcaba con el consiguiente dolor al estirarlos.
Hicieron igual operación con mis piernas doblándomelas hacia arriba a ambos lados del tronco y uniendo mis tobillos con mis muñecas, como si estuviera arrodillada en el aire, quedando así atada al árbol. Pero no habían acabado, pues después de un rato, regresaron para atarme los pechos entre si con una cuerda y colocaron unas pinzas con una cadena sobre mis pezones. La cadena la unieron a una pinza que habían colocado en mi boca. También colocaron sendas pinzas en los labios de mi sexo y las unieron entre si mediante una cadena que ataron por detrás del árbol, estirando mis labios y dejando mi coño abierto.
Para mantenerme despierta intente sentir cada rincón de mi organismo y es curioso como cuando tienes un sentido, en este caso mi vista, disminuido se potencian los demás.
Una vez terminaron me dieron unos cachetes en mis ya entumecidos pechos y se alejaron.
A pesar de la postura el cansancio me hacia desear dormir. Pero el miedo también se apoderaba de mí. Oía ruidos entre la maleza cercana, como de animales o algo arrastrándose y empecé a pensar en serpientes o reptiles o cualquier animal.
El pánico se apoderó de mí, pero no podía sino gemir, ya que mi lengua estaba pinzada con la cadena que se unía a mis pechos que ya casi no sentía.
No podía ver, pero mi nariz trataba de mantenerme conectada con mi entorno.
Se oían a los hombres en la lejanía, con su música y sus gritos y risas.
El cansancio era muy fuerte, me dolía todo el cuerpo, mi sexo estaba como abotargado, imaginaba mis labios vaginales inflamados y enrojecidos. La postura no era muy cómoda, pero el agotamiento y el sopor iban apoderándose de mi cuerpo. Sabía que si me dejaba llevar me desmayaría o me aletargaría aunque al distenderme las cuerdas se clavaban dolorosamente en mi carne, pero empezaba a estar muy cansada y como mentalmente perdida.
Recordaba medio en sueños que yo tenía una vida en otro país, una familia y que la lujuria y la excitación me habían llevado hasta aquel rincón de África, donde habían abusado de mi sin piedad e incluso podía dejar mi vida.
Con el ruido del bosque alrededor, una nube negra fue invadiendo mis sentidos y me transportó a otro lugar, mi última sensación fue mi cabeza cayendo hacia adelante.
UN LUGAR PARA LEER... APRENDER... ...Y DISFRUTAR... ...CADA UNO A SU MANERA. A PLACE TO READ... TO LEARN... AND TO ENJOY... EACH ONE TO THEIR WAY
BIENVENIDOS
Al placer y la lectura... la imaginacion la pones tu. To the pleasure and the reading... the imagination puts it your. (Nota: Busco dibujantes para convetir a dibujos o comics mis relatos, sin animo de lucro.) (Notice: I look for designers for convert to drawings, 3D or comics my stories, for free distribution) Visita, http://x3dstoriesvideos.blogspot.com/ Actualización de relatos y videos cada dos días, aproximadamente. Upload, stories and videos, every two days aproxymately
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martes, 30 de marzo de 2010
ESPOSA BLANCA, ESCLAVA EN AFRICA (VII)
Etiquetas:
abusada,
atada,
azotada,
dolorida,
esclava,
esposa blanca,
negros,
sexo en grupo,
torturada,
usada
martes, 23 de febrero de 2010
ESPOSA BLANCA, ESCLAVA EN AFRICA (IV)
ESCLAVA BLANCA EN ÁFRICA IV
En el mercado de esclavos.
Una vez el coche se puso en marcha, note que alguien me levantaba la falda, me deje hacer, no podía hacer otra cosa. Me quitaron el cinturón de castidad y alguien me limpio con agua y jabón y me perfumo. Luego me tumbaron sobre el asiento. Me quede dormida.
Una mujer me despertó "desde este momento tu nombre aquí será "AN" me ayudo a incorporarme "sígueme". Bajamos del coche y entramos en una casa. Allí me quitaron la venda y me desataron las manos. "¿Querrás ducharte?" me dijo la mujer, negra, bien parecida de unos treinta años, me llamo la atención sus grandes pechos aunque levantados y proporcionados, bien vestida aunque al estilo africano, con una túnica de colores. Le dije que sí y me llevo a un cuarto de baño en condiciones, con una ducha, lavabo, la civilización después de lo que había pasado. Me dejo sola.
Me metí bajo la ducha, primero fría para reaccionar y luego templada hasta alcanzar una temperatura ideal, y me deje llevar por el relax.
Después de la ducha, la mujer me llevo a una pequeña habitación sin ventanas donde había una especie de camastro, pero con sabanas limpias y parecía confortable, donde me tumbe y me quede dormida.
Me desperté sobresaltada, no se cuanto había dormido, pero a mi alrededor, varios hombres armados con palos me observaban. Al verme despierta dos se abalanzaron sobre mí y con rapidez me ataron las manos a la espalda y me colocaron una capucha tras ponerme cinta aislante en la boca. Me levantaron de la cama y en volandas me sacaron de la habitación. Bajamos por unas escaleras hasta un coche en marcha.
En el coche me dieron a beber un líquido y en unos segundos estaba otra vez dormida.
Me desperté abofeteada, seguía sin poder ver nada por la capucha y etnia la boca seca y tapada con una cinta. Me despeje y note un tremendo dolor de cabeza, oía ruido a mi alrededor como de estar en una gran sala o algo así. Oía a un hombre que gritaba como en una feria hablando en un lenguaje extraño y la gente gritaba. Me pusieron de pie y me quitaron la capucha. Estaba en un estrado de madera en medio de una especie de nave industrial pequeña, mire a mi alrededor, varios hombres y mujeres negros amordazados y atados de pies y manos estaban junto a mi, entonces me di cuenta d que estaba en un mercado de esclavos. Al igual que los otros, yo estaba completamente desnuda, y sin duda mi blanca piel llamaba la atención, sobre todo por algunas marcas aún visibles de la sesión de latigazos sufrida.
Los presentes eran todos negros, solo yo era de raza blanca.
Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz mejor vi a Hans en un extremo de la sala grabando con una cámara de video, sonreía. Junto a el mis dos supuestos guardaespaldas.
El hombre que voceaba se acercó a mi me agarro por el pelo y me hizo adelantarme al resto. Los presentes gritaban, sin duda me iban a vender.
Mientras hablaba a los presentes el hombre sopeso mis tetas, me abrió la boca como a un caballo, me palmeo las nalgas y la parte interior de los muslos y me hizo ponerme sobre una pierna guardando el equilibrio. Acerco su mano a mi entrepierna y acaricio primero mi peludo coño, luego tiro sin miramientos de mi vello púbico ante las risas de los presentes. Seguía hablando y como subastándome, de pronto un hombre mayor en un extremo de la sala levanto la mano. El hombre que hablaba paro y el público quedo en silencio. El hombre hizo un gesto a otro junto a él y este se acercó hasta el estrado, le dio un fajo de billetes al que gritaba y este me coloco un collar con una correa que entrego al otro hombre. Este tiro de la correa y me obligo a bajar del estrado y entre los gritos de los presentes me saco fuera del recinto.
Era de día, hacia calor y parecía ser más del mediodía, el hombre me llevo a tirones hasta una camioneta desvencijada obligándome a subir a la caja trasera. Me ato las muñecas y los tobillos a unas argollas y se volvió al recinto dejándome allí al sol.
Poco después Hans apareció con su cámara grabando, pero haciendo como que no me conocía, no contestaba a mis llamadas y después de grabarme en aquella situación volvió al recinto. La camioneta se fue llenando con otros esclavos que aquel hombre había comprado, 4 hombres, tres de ellos muy jóvenes y dos muchachas de menos de 20 años. Todos fueron atados igual que yo y al cabo de unos minutos el hombre volvió y tras inspeccionarnos, subió a la cabina y arranco.
Se introdujo por una zona de selva hasta llegar a una especie de claro, donde había una avioneta. Teníamos que agarrarnos fuerte para no caer por los baches del terreno, así que casi instintivamente decidimos tumbarnos unos sobre otros, sentí su piel áspera pero caliente y ellos me miraban con cara de compasión, pero me reconfortaba sentir sus cuerpos junto al mío.
La camioneta se detuvo junto a la avioneta, nos desato pero manteniendo nuestras manos amarradas a la espalda y con unos grilletes que nos unían entre nosotros por los tobillos. Nos hizo bajar de la camioneta y subir a la avioneta, en una especie de bodega, sucia y con cajas obligándonos a sentarnos en el suelo sobre unas mantas raídas y todos juntos, como en una especie de fardo humano, nos rodeo con unas cuerdas y cadenas por la cintura. Me fije entonces en mis compañeros de cautiverio. Las chicas tenían la piel bastante cuidada y parecían limpias, me fije en su sexo muy depilado y comparé con el mío bastante peludo, lamentaba no habérmelo depilado, pero Hans me dijo que no lo hiciera, sin duda buscaba contrastes de mi cuerpo con los nativos, las chicas tenían buenos pechos muy proporcionados a su edad y eran de estatura media.
Los hombre, mas jóvenes, debían pasar los 20 años, fuertes para su edad, latos de piel muy negra también y con un buen pene a pesar de estar en reposo. Me miraban con compasión. El cuarto hombre de unos treinta año, parecía mas curtido, buenos músculos y también bien dotado, pero mantenía los ojos cerrados. Nos echaron una manta por encima y cerraron la bodega.
En unos minutos el traqueteo de la avioneta nos indicó que rodábamos hacia el despegue.
No se el tiempo que estuvimos en el aire, pero una de las chicas, la que iba atada a mi, se mareo y vomito sobre la manta y sobre ella misma y los hombres parecían inquietos. Yo estaba como aturdida pensando en como acabaría todo y que al menos ver a Hans me había tranquilizado un poco.
La avioneta se detuvo y se abrió el portón de la bodega, el hombre tiro de uno de los negros y nos hizo levantar a todos, yo estaba atada entre uno de los hombres jóvenes que no había parado de mirar mi peludo sexo durante el vuelo y la chica que había vomitado.
Bajamos en fila india del avión y nos alienaron sobre el suelo de la pista. Estaba atardeciendo y estábamos en un paraje agreste sin una sola casa alrededor. Un Jeep esperaba un poco más allá pero nada más. El hombre a nuestro cargo se despidió del piloto que me miro con lujuria y el comento algo en africano. El hombre se rió a carcajadas y me miro. Me ruboricé y baje la vista. Al pasar junto a mí el capataz me dio dos palmadas en el culo con bastante fuerza que me hicieron estremecer.
Después se coloco ante la fila y empezó a hablar en africano, los demás le entendían pero no decían nada, yo no entendía nada pero estaba asustada, fue parándose ante cada uno de nosotros y entonces vi que llevaba un látigo en la mano y con el mango levantaba la barbilla de alguno de los otros o se lo pasaba a las chicas por entre las piernas o los pechos, paso a mi lado sonriendo y también me metió el mango por entre las piernas pero con mas dedicación que a las otras y me manoseo personalmente las tetas, diciendo "good, good", luego paso por detrás inspeccionado sin duda nuestros culos y espalda, volvió a darme dos duras palmadas y noté que pasaba su mano por mi espalda "strong" dijo como sorprendido, se retiro unos pasos hacia atrás y el látigo restallo en el aire una vez, la segunda vez tras el ruido note una laceración en mi espalda, el hombre rió al verme encogerme y dijo algo en africano que no entendí pero los otros esclavos creo que habían entendido pues la fila empezó a moverse, yo iba la última.
El hombre de treinta y tantos iba al frente de la línea, el capataz golpeo con el látigo el suelo, el hombre empezó a caminar un poco mas rápido hacia el Jeep. El capataz subió al coche y arrancó mientras el hombre que encabezaba la fila se situaba tras el coche y empezaba a andar.
Estábamos descalzos, yo notaba las hierbas y las tierras bajo mis doloridos pies… ¡iríamos andando detrás del coche hasta donde fuera!. Me armé de paciencia.
Caminamos durante más de media hora, calcule yo, por un sendero de tierra y piedras tras el coche a un buen paso. Mis compañeros de cautiverio parecían caminar sin dificultad pero yo ya tenia heridas en los pies, aunque trate de no rendirme.
Nos detuvimos ante una especie de choza de cañas con tejado de brezo o algo así. El capataz nos desato los grilletes de los tobillos y nos fue haciendo entrar en la casa.
Cunado me toco a mi, entre y vi una serie de vigas de madera alrededor de la misma, en ellas había algunos hombres y mujeres atados a las mismas por la cintura y con los brazos extendidos hacia arriba y los tobillos con grilletes a los lados de las vigas. En las paredes lucían antorchas que iluminaban fantasmagóricamente el lugar.
El capataz de hizo un gesto para que fuera hacia una de las vigas. Me desato las manos pero volvió a unirlas con una soga que lanzo por encima de una viga transversal, empezó a tirar hasta que mis brazos estuvieron bien estirados hacia arriba. Fijo entonces la cuerda tras mi cabeza y me obligo a pegar mi espalda a la viga. Me ato por la cintura con una cinta de cuero a la viga y luego con unos grilletes mis tobillos a la misma.
Así fue haciendo con los que llegaban en el nuevo grupo, aunque había ya allí otros hombres y mujeres, todos negros, atados en la misma posición.
Cuando hubo atado a todos los nuevos, se acerco al centro de la choza donde había una especie de tubo grueso. Dio a un interruptor y el tubo empezó a girar mostrando unos tubos mas pequeños horizontales, de los que empezó a salir un chorro de agua que con gran fuerza nos enchufaba a todos los que estábamos allí atados.
El primer chorro de agua me hizo estremecer, estaba fría, pero después de recibir varios de ellos mi cuerpo se templo.
Al mismo tiempo el capataz con una manguera con agua a presión se detenía en cada uno en determinadas partes de su cuerpo en busca de una limpieza a fondo. Cuando me tocó el turno se aplico sobre todo en mis pechos, provocándome un gran dolor en los pezones cuando los enchufaba el agua y después en mi sexo, donde se mezclaba una sensación d dolor por el impacto del agua y de placer cuando enchufaba a mi clítoris.
Pasados unos minutos, el hombre detuvo la maquina de riego y se retiro sin más, apagando las antorchas y dejándonos me penumbra. Los demás esclavos empezaron a hablar y gemir en voz baja entre ellos, pero en un idioma que yo no conocía, trate de saber si alguien hablaba al menos ingles, pero nadie contesto a mis palabras.
Llevaba ya 48 horas de aventura, estaba cansada, dolorida, asustada, nerviosa…
Quedaban 4 días antes de volver a la civilización… o al menos eso pensaba yo.
En el mercado de esclavos.
Una vez el coche se puso en marcha, note que alguien me levantaba la falda, me deje hacer, no podía hacer otra cosa. Me quitaron el cinturón de castidad y alguien me limpio con agua y jabón y me perfumo. Luego me tumbaron sobre el asiento. Me quede dormida.
Una mujer me despertó "desde este momento tu nombre aquí será "AN" me ayudo a incorporarme "sígueme". Bajamos del coche y entramos en una casa. Allí me quitaron la venda y me desataron las manos. "¿Querrás ducharte?" me dijo la mujer, negra, bien parecida de unos treinta años, me llamo la atención sus grandes pechos aunque levantados y proporcionados, bien vestida aunque al estilo africano, con una túnica de colores. Le dije que sí y me llevo a un cuarto de baño en condiciones, con una ducha, lavabo, la civilización después de lo que había pasado. Me dejo sola.
Me metí bajo la ducha, primero fría para reaccionar y luego templada hasta alcanzar una temperatura ideal, y me deje llevar por el relax.
Después de la ducha, la mujer me llevo a una pequeña habitación sin ventanas donde había una especie de camastro, pero con sabanas limpias y parecía confortable, donde me tumbe y me quede dormida.
Me desperté sobresaltada, no se cuanto había dormido, pero a mi alrededor, varios hombres armados con palos me observaban. Al verme despierta dos se abalanzaron sobre mí y con rapidez me ataron las manos a la espalda y me colocaron una capucha tras ponerme cinta aislante en la boca. Me levantaron de la cama y en volandas me sacaron de la habitación. Bajamos por unas escaleras hasta un coche en marcha.
En el coche me dieron a beber un líquido y en unos segundos estaba otra vez dormida.
Me desperté abofeteada, seguía sin poder ver nada por la capucha y etnia la boca seca y tapada con una cinta. Me despeje y note un tremendo dolor de cabeza, oía ruido a mi alrededor como de estar en una gran sala o algo así. Oía a un hombre que gritaba como en una feria hablando en un lenguaje extraño y la gente gritaba. Me pusieron de pie y me quitaron la capucha. Estaba en un estrado de madera en medio de una especie de nave industrial pequeña, mire a mi alrededor, varios hombres y mujeres negros amordazados y atados de pies y manos estaban junto a mi, entonces me di cuenta d que estaba en un mercado de esclavos. Al igual que los otros, yo estaba completamente desnuda, y sin duda mi blanca piel llamaba la atención, sobre todo por algunas marcas aún visibles de la sesión de latigazos sufrida.
Los presentes eran todos negros, solo yo era de raza blanca.
Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz mejor vi a Hans en un extremo de la sala grabando con una cámara de video, sonreía. Junto a el mis dos supuestos guardaespaldas.
El hombre que voceaba se acercó a mi me agarro por el pelo y me hizo adelantarme al resto. Los presentes gritaban, sin duda me iban a vender.
Mientras hablaba a los presentes el hombre sopeso mis tetas, me abrió la boca como a un caballo, me palmeo las nalgas y la parte interior de los muslos y me hizo ponerme sobre una pierna guardando el equilibrio. Acerco su mano a mi entrepierna y acaricio primero mi peludo coño, luego tiro sin miramientos de mi vello púbico ante las risas de los presentes. Seguía hablando y como subastándome, de pronto un hombre mayor en un extremo de la sala levanto la mano. El hombre que hablaba paro y el público quedo en silencio. El hombre hizo un gesto a otro junto a él y este se acercó hasta el estrado, le dio un fajo de billetes al que gritaba y este me coloco un collar con una correa que entrego al otro hombre. Este tiro de la correa y me obligo a bajar del estrado y entre los gritos de los presentes me saco fuera del recinto.
Era de día, hacia calor y parecía ser más del mediodía, el hombre me llevo a tirones hasta una camioneta desvencijada obligándome a subir a la caja trasera. Me ato las muñecas y los tobillos a unas argollas y se volvió al recinto dejándome allí al sol.
Poco después Hans apareció con su cámara grabando, pero haciendo como que no me conocía, no contestaba a mis llamadas y después de grabarme en aquella situación volvió al recinto. La camioneta se fue llenando con otros esclavos que aquel hombre había comprado, 4 hombres, tres de ellos muy jóvenes y dos muchachas de menos de 20 años. Todos fueron atados igual que yo y al cabo de unos minutos el hombre volvió y tras inspeccionarnos, subió a la cabina y arranco.
Se introdujo por una zona de selva hasta llegar a una especie de claro, donde había una avioneta. Teníamos que agarrarnos fuerte para no caer por los baches del terreno, así que casi instintivamente decidimos tumbarnos unos sobre otros, sentí su piel áspera pero caliente y ellos me miraban con cara de compasión, pero me reconfortaba sentir sus cuerpos junto al mío.
La camioneta se detuvo junto a la avioneta, nos desato pero manteniendo nuestras manos amarradas a la espalda y con unos grilletes que nos unían entre nosotros por los tobillos. Nos hizo bajar de la camioneta y subir a la avioneta, en una especie de bodega, sucia y con cajas obligándonos a sentarnos en el suelo sobre unas mantas raídas y todos juntos, como en una especie de fardo humano, nos rodeo con unas cuerdas y cadenas por la cintura. Me fije entonces en mis compañeros de cautiverio. Las chicas tenían la piel bastante cuidada y parecían limpias, me fije en su sexo muy depilado y comparé con el mío bastante peludo, lamentaba no habérmelo depilado, pero Hans me dijo que no lo hiciera, sin duda buscaba contrastes de mi cuerpo con los nativos, las chicas tenían buenos pechos muy proporcionados a su edad y eran de estatura media.
Los hombre, mas jóvenes, debían pasar los 20 años, fuertes para su edad, latos de piel muy negra también y con un buen pene a pesar de estar en reposo. Me miraban con compasión. El cuarto hombre de unos treinta año, parecía mas curtido, buenos músculos y también bien dotado, pero mantenía los ojos cerrados. Nos echaron una manta por encima y cerraron la bodega.
En unos minutos el traqueteo de la avioneta nos indicó que rodábamos hacia el despegue.
No se el tiempo que estuvimos en el aire, pero una de las chicas, la que iba atada a mi, se mareo y vomito sobre la manta y sobre ella misma y los hombres parecían inquietos. Yo estaba como aturdida pensando en como acabaría todo y que al menos ver a Hans me había tranquilizado un poco.
La avioneta se detuvo y se abrió el portón de la bodega, el hombre tiro de uno de los negros y nos hizo levantar a todos, yo estaba atada entre uno de los hombres jóvenes que no había parado de mirar mi peludo sexo durante el vuelo y la chica que había vomitado.
Bajamos en fila india del avión y nos alienaron sobre el suelo de la pista. Estaba atardeciendo y estábamos en un paraje agreste sin una sola casa alrededor. Un Jeep esperaba un poco más allá pero nada más. El hombre a nuestro cargo se despidió del piloto que me miro con lujuria y el comento algo en africano. El hombre se rió a carcajadas y me miro. Me ruboricé y baje la vista. Al pasar junto a mí el capataz me dio dos palmadas en el culo con bastante fuerza que me hicieron estremecer.
Después se coloco ante la fila y empezó a hablar en africano, los demás le entendían pero no decían nada, yo no entendía nada pero estaba asustada, fue parándose ante cada uno de nosotros y entonces vi que llevaba un látigo en la mano y con el mango levantaba la barbilla de alguno de los otros o se lo pasaba a las chicas por entre las piernas o los pechos, paso a mi lado sonriendo y también me metió el mango por entre las piernas pero con mas dedicación que a las otras y me manoseo personalmente las tetas, diciendo "good, good", luego paso por detrás inspeccionado sin duda nuestros culos y espalda, volvió a darme dos duras palmadas y noté que pasaba su mano por mi espalda "strong" dijo como sorprendido, se retiro unos pasos hacia atrás y el látigo restallo en el aire una vez, la segunda vez tras el ruido note una laceración en mi espalda, el hombre rió al verme encogerme y dijo algo en africano que no entendí pero los otros esclavos creo que habían entendido pues la fila empezó a moverse, yo iba la última.
El hombre de treinta y tantos iba al frente de la línea, el capataz golpeo con el látigo el suelo, el hombre empezó a caminar un poco mas rápido hacia el Jeep. El capataz subió al coche y arrancó mientras el hombre que encabezaba la fila se situaba tras el coche y empezaba a andar.
Estábamos descalzos, yo notaba las hierbas y las tierras bajo mis doloridos pies… ¡iríamos andando detrás del coche hasta donde fuera!. Me armé de paciencia.
Caminamos durante más de media hora, calcule yo, por un sendero de tierra y piedras tras el coche a un buen paso. Mis compañeros de cautiverio parecían caminar sin dificultad pero yo ya tenia heridas en los pies, aunque trate de no rendirme.
Nos detuvimos ante una especie de choza de cañas con tejado de brezo o algo así. El capataz nos desato los grilletes de los tobillos y nos fue haciendo entrar en la casa.
Cunado me toco a mi, entre y vi una serie de vigas de madera alrededor de la misma, en ellas había algunos hombres y mujeres atados a las mismas por la cintura y con los brazos extendidos hacia arriba y los tobillos con grilletes a los lados de las vigas. En las paredes lucían antorchas que iluminaban fantasmagóricamente el lugar.
El capataz de hizo un gesto para que fuera hacia una de las vigas. Me desato las manos pero volvió a unirlas con una soga que lanzo por encima de una viga transversal, empezó a tirar hasta que mis brazos estuvieron bien estirados hacia arriba. Fijo entonces la cuerda tras mi cabeza y me obligo a pegar mi espalda a la viga. Me ato por la cintura con una cinta de cuero a la viga y luego con unos grilletes mis tobillos a la misma.
Así fue haciendo con los que llegaban en el nuevo grupo, aunque había ya allí otros hombres y mujeres, todos negros, atados en la misma posición.
Cuando hubo atado a todos los nuevos, se acerco al centro de la choza donde había una especie de tubo grueso. Dio a un interruptor y el tubo empezó a girar mostrando unos tubos mas pequeños horizontales, de los que empezó a salir un chorro de agua que con gran fuerza nos enchufaba a todos los que estábamos allí atados.
El primer chorro de agua me hizo estremecer, estaba fría, pero después de recibir varios de ellos mi cuerpo se templo.
Al mismo tiempo el capataz con una manguera con agua a presión se detenía en cada uno en determinadas partes de su cuerpo en busca de una limpieza a fondo. Cuando me tocó el turno se aplico sobre todo en mis pechos, provocándome un gran dolor en los pezones cuando los enchufaba el agua y después en mi sexo, donde se mezclaba una sensación d dolor por el impacto del agua y de placer cuando enchufaba a mi clítoris.
Pasados unos minutos, el hombre detuvo la maquina de riego y se retiro sin más, apagando las antorchas y dejándonos me penumbra. Los demás esclavos empezaron a hablar y gemir en voz baja entre ellos, pero en un idioma que yo no conocía, trate de saber si alguien hablaba al menos ingles, pero nadie contesto a mis palabras.
Llevaba ya 48 horas de aventura, estaba cansada, dolorida, asustada, nerviosa…
Quedaban 4 días antes de volver a la civilización… o al menos eso pensaba yo.
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lunes, 15 de febrero de 2010
DE FIEL CASADA A... (V)
(Capitulo V: cine "X"...en vivo)
El viernes empezó como todos los días desde que Miguel se marchó. Después de trabajar vino Pedro a buscarme y me llevo a casa.
Allí recogimos a Javier y ambos me dijeron que nos íbamos al cine.
Me agrado la idea pues quería volver a salir por las tardes, así que nos fuimos a Madrid.
Les pregunte que íbamos a ver y me dijeron que era una sorpresa. Llegamos al centro y tras dejar el coche en un parking fuimos andando por la zona de carretas y por ahí, hasta llegar a un cine en una calle estrecha.
Era...¡una película x!...
Me dijeron entonces que debía entrar sola y que ellos luego me esperarían a la salida.
La verdad es que no me hacia mucha gracia, pero me dijeron que eran ordenes de don Jaime así que me arme de valor y entre.
El portero se quedo un poco sorprendido al verme y murmuro algo así como "...que hace una chica como tu, en un sitio como este".
El acomodador maliciosamente me pregunto si prefería por "delante", por "detrás", o en medio, "es donde hay mas hombres", me dijo mientras me desnudaba con la mirada.
Le dije que me daba igual, y el hombre me hizo sitio justo en el centro del patio de butacas, que ya estaba obscuro, puesto que estaban poniendo un corto sobre no se que pueblo de la sierra.
Pase sorteando espectadores hasta el asiento que me iluminaba la linterna del acomodador.
Cuando mis ojos se acostumbraron a la obscuridad, vi que efectivamente estaba rodeada de hombres que directamente o de reojo me miraban curiosos.
Empezó la película que trataba de unas campesinas alemanas que iban de recolección de "nabos", y ademas de los del campo encontraban alguno mas.
Estaba entretenida en la película cuando note una mano que se posaba en mi muslo derecho.
No quise mirar pero hacia un rato ese asiento estaba libre.
Seguí mirando la película, mientras mi corazón se ponía a cien y la mano empezaba a deslizarse entre mis piernas, lo hacia con lentitud pero con firmeza y la verdad es que me estaba poniendo cachonda, por un lado quería que fuera mas deprisa pero por otro la sensación de estar siendo "metida mano" a cámara lenta me excitaba mucho mas.
Por fin alcanzo su objetivo y comenzó por debajo de la braguita, que curiosamente me había puesto por primera vez en toda la semana, a manosearme el ya endurecido clítoris, hasta arrancarme un par de orgasmos contenidos, por aquello del escándalo, que son precisamente los peores. Cuando hubo terminado volvió a salir suavemente y yo no me atreví a mirar a aquel intruso de mi intimidad que me había añadido una nueva experiencia a mi semana del sexo.
Cuando llego el descanso, era programa doble, mire a mi lado y no había nadie. Tan solo un joven con barba y gafas un poco mas allá, pero parecía ensimismado en la pantalla donde estaban pasando unos anuncios, que por cierto reclamaron lógicamente mi atención.
Volvieron a apagarse las luces, y al poco de iniciarse la segunda película que trataba de unas americanas que se lo montaban con un grupo de jugadores de baloncesto, todos negros ademas, para mayor excitación, quien estaba detrás de mi empezó a jadearme en el cuelo y de pronto sus manos como dos garras se aferraron a mis pechos apretandome contra el asiento. Estuvo así durante varios minutos manoseándome los pechos y al cabo de un rato me dijo algo del servicio de caballeros.
Me quede parada, pensando si me había citado en el servicio de caballeros, lo cual me pareció aun mas excitante. espere unos minutos y salí, no sin molestar a un par de tíos de mi fila que en el momento de pasar me metieron mano al culo por debajo de la falda... sin duda me confundieron con una puta de la zona.."¡coño!", pensé, "¡debo llevar un cartel luminoso que diga: metame mano esta usted en su sexo, joder con los tíos!".
Salí al hall del cine totalmente desierto y vi una flecha que decía a los servicios, bajando una escalera. La baje despacio, y al fondo vi la puerta de caballeros y a la derecha la de señoras. Mire hacia atrás y alrededor y me deslice por la puerta del de hombres.
Era bastante lúgubre y ver todas aquellas tazas de pared alineadas me hizo pensar en la de pollas que habrían pasado por allí.
Entonces note unos pasos que se acercaban a la puerta. Me escondí en un recodo del servicio y escuche abrirse y cerrarse la puerta. Trate de ver por el espejo quien había entrado, pero en ese momento se apago la luz y al instante dos brazos me sujetaron por los hombros y me taparon la poca. Trate de desasirme y gritar pero fue inútil, me llevaron arrastrando y salimos a través de una puerta que no era la del servicio. Tras unos metros y escuchar cerrarse esa puerta, quien fuera me lanzo aun a oscuras sobre una especie de camastro, me quede un momento quieta, mientras oía ruido de ropas cerca de mi, y parecían mas de una persona. Intente levantarme y alguien me sujeto, mientras unas manos me desnudaban rápidamente: la blusa, la falda, y me dejaban con el sujetador y las bragas.
Una boca empezó a besarme el cuello, los hombros la espalda, mientras seguía inmovilizada, luego note como esas manos que me desnudaron, empezaban a acariciar mis pechos por encima del sujetador, para acabar sacándolos de el, sin quitármelo. Lo que si me quitaron fueron las bragas, por lo cual imagine que me iban a follar allí a obscuras.
No podía ni gritar, estaba inmovilizada,...¡esperaba que don Jaime estuviera de verdad detrás de todo esto, pues empezaba a tener verdadero miedo!.
Efectivamente un hombre se puso sobre mi y comenzó a restregarse con mi cuerpo, el olor era extraño, diferente, un cierto olor a una esencia extraña, no era desagradable, pero si dulzón y envolvente. no se el tiempo que estuvo restregandose, pero se me hizo eterno, estaba deseando que me follaran y me dejaran en paz.
De pronto algo como una porra, penetro violentamente por mi coño. Parecía mas grande y largo de lo que mi vagina podía aguantar, y la sensación de placer y dolor con una serie de descargas eléctricas a través de las paredes de mi coño, me hacían retorcerme y orgasmar una y otra vez. Tras unos instantes de angustio comprobé que era un pene, pues era caliente y musculoso, pero...¡vaya pedazo de polla!.
Cuando se corrió, casi me inunda por dentro. El hombre se levanto y me dio la vuelta colocándome bocabajo en aquel camastro, ¡ y seguíamos a obscuras!. ¡con lo que me hubiera gustado ver aquel pollòn!.
Estaba pensándolo, cuando note que volvía a colocarse sobre mi, me separaba las piernas y me embutía de nuevo su miembro a través del culo...¡un momento!, este no era tan grande por lo cual pensé que era el otro hombre el que me enculaba, suposición acertada pues de pronto el otro hombre me metió su enorme pene por la boca hasta la garganta.
Allí estaba yo como una sardina ensartada por delante y por detrás y a obscuras...
En un momento determinado se corrió en mi boca, con lo cual casi me asfixio al tratar de gemir, por el placer que me estaba dando mi enculador cuyo tamaño de porra era lo de menos, pues me hizo reventar de gusto cuando se corrió en mis entrañas.
De pronto sentí como si me pasaran un pañuelo perfumado por el rostro, quizá para limpiarme el sudor, pensé... pero no me dio tiempo a más pues me empezó a entrar una especie de soñolencia... y me quede totalmente dormida.
No se cuanto tiempo había pasado, cuando me desperté, seguía a obscuras sobre aquel camastro y el silencio era mortal.
Mis ojos se fueron acostumbrando a la obscuridad ahora que estaba mas tranquila y pude ver por una tenue luz que se filtraba por debajo de una puerta que el suelo era de moqueta, como si aquello hubiera sido la planta baja de un bar, pues las paredes enmoquetadas también tenían aun restos de apliques de luz y marcas de cuadros, y había algunos muebles, pero tenía la extraña sensación de que aunque el camastro era el mismo, el lugar no era exactamente el mismo.
De pronto se abrió la puerta y la luz del exterior me cegó, tras un momento de sorpresa vi como se recortaban contra la luz tres siluetas, dos hombres y una mujer, que avanzaron y tras encender una luz ambiental, cerraron la puerta.
Los tres eran negros y era la primera vez en mi vida que los veía.
Me di cuenta entonces de que estaba completamente desnuda y mis ropas no estaban en la habitación.
La chica vestía ropa de cuero con tachuelas y unos collares de cadenas plateadas y ellos ropa de sport.
Me medio incorpore sobre el camastro y les pregunte con un hilo de voz que querían.
No me respondieron pero la chica se quito los pantalones y la camiseta, bajo los cuales llevaba un body de cuero. Sin duda me iba a zurrar, puesto que saco un látigo como de piel y vino hacia mi.
Me levante y trate de salir corriendo, pero entonces comprendí por que las paredes y el suelo estaban como enmoquetados, puesto que realmente estaban acolchados, la habitación pues estaba insonorizada...¡el cabrón de don Jaime me estaba dando una autentica sesión de sexo en todas sus variantes!... primero violada, ahora disciplinada, ¿que vendría después?.
Los dos maromos de casi dos metros y fuertes como toros, me sujetaron por los brazos y me llevaron sin decir palabra en volandas ante la tía, que se paseaba el látigo por el cuerpo, al ponerme ante ella me cogió por el pelo y acercándose a mi cara me dijo en un castellano bastante chapucero:
"Mira blanquita...lo vamos a pasar muy bien juntas si colaboras, sino lo vas a pasar muy mal y yo muy bien, y si eres buena luego estos chicos te pueden enseñar como se follan a una blanca dos machos negros...¿estamos pequeña?"
"La leche", pensé yo, me iban a dar una sesión sado y encima aquellos dos bestias cuyos paquetes adivinaba pondrían el fin de fiesta.
No me dio tiempo a pensar mas, pues mientras los dos hombretones me esposaban las manos a la espalda y me colocaban un pañuelo a modo de mordaza, oí restallar el látigo en el aire y un acerado dolor en mi nalga derecha, otro restallar y ahora era mi nalga izquierda, y así varias veces mientras notaba cada latigazo marcando, o al menos eso creía yo, mi culo y mi espalda.
Fueron unos segundos tras los cuales me untaron todo el cuerpo de aceite y de reojo pude ver como la tía tras quitarse el body, se quedo solo con un tanga también de cuero, mostrando un espléndido cuerpo de color negro azabache, rematado por dos voluminosos aunque bien formados y proporcionados pechos, se acerco a la cama...
"¿nunca te lo has montado con una tía?", me pregunto, y sin duda al leer en mis ojos que no, continuo,"pues tu y yo nos lo vamos a montar un rato bien".
La mujer en cuestión se sentó a caballo sobre mi espalda aceitosa, a pesar de lo cual note la sensación sobre mi piel, del tanga de cuero que cubría su coño, o al menos eso creía yo, restregandose contra mi dolorida espalda, lo cual me daba una sensación mitad agradable mitad dolorosa, pues el cuero me tiraba pellizcos sobre la piel.
Luego comenzó a masajearme la espalda, el culo y las caderas, mientras canturreaba algo.
Así estuvo durante un rato para acabar tumbandose sobre mi, y apretando sus duros pechos contra mi espalda empezó a besarme el cuello, se arqueo sobre mi espalda para quitarse el tanga y mientras tanto los dos tíos, que empezaban a dar síntomas de ponerse cachondos, me levantaron por la cintura poniéndome a cuatro patas.
De pronto un duro y palpitante instrumento entro como un rayo ardiente a través de mi culo...¡no podía ser!, los dos tíos estaban a ambos lados y yo podía verlos...luego...¡debía ser un consolador!...pero era como humano...estaba en estas dudas cuando el rítmico ir y venir sobre mi espalda de la tía, empezó a sacarme de dudas, empezaba a sentir aquel olor dulzón en el ambiente, y aquel aparato iba creciendo y creciendo dentro de mi culo...¡aquella negra era un negrazo, era un travestí!...
Cuando por fin me di cuenta, ella o el, estaba corriendose dentro de mi culo, mientras frente a mi, uno de los negros se despojaba de la ropa, y me quede petrificada al ver aquel enorme aparato, no soy una experta en pollas, pero aquello debía medir unos 25 cm de largo, como mínimo, por unos 7 u 8 de ancho.
Se quedo cimbreando su armamento frente a mi, mientras entre la tía y el otro, que aun permanecía vestido, me quitaban las esposas y me dejaban sobre la cama.
Se apartaron a un lado y vi avanzar aquella mole hacia mi, de pronto oí a la tía gritarme:
"¡yo que tu no le dejaba blanquita, o te hará un agujero nuevo!", y se reía la muy cabrona.
La verdad es que debía tratar de zafarme, así que mire a mi alrededor tratando de encontrar una salida o un sitio donde esconderme...tan solo un desvencijado armario y una especie de barra de bar junto con el camastro componían todo el mobiliario de la habitación.
Salte de la cama y corrí hacia el armario, mientras el negrote avanzaba hacia mi y los otros dos se reían a carcajadas.
!pero el armario estaba cerrado!, así que trate de esconderme detrás de la barra del bar.
Era solo prolongar la jugada pues antes o después aquel tío me iba a follar con aquel cacho de polla, y lo que estaba consiguiendo con mis carreras era solo escitarle aun mas.
Estaba en estos pensamientos mientras trataba de esconderme tras la barra, cuando el se paro en el centro de la habitación y me grito:
"¡no podrás escapar...cazador negro se follara a la zorra blanca!".
La verdad es que estaba a punto de desistir, cuando al pasar tras la barra, vi como una especie de puerta de almacén, trate de abrirla...¡y lo conseguí!, entrando en una habitación a obscuras.
Cerré la puerta rápidamente, pero aquello había sido el canto del cisne.
Tras un breve forcejeo, mi cazador derribo la puerta, y tras agarrarme por los brazos y obligarme a arrodillarme ante su instrumento me la endoso de un solo golpe en la boca hasta la garganta. Creí que moriría asfixiada, pero aquel tío debió darse cuenta y sacando parte de su polla de mi dilatada boca me hizo mamarsela casi sin respiro, mientras a mi espalda, la tía, o lo que fuera, me levantaba las piernas estilo carretilla, y el otro tío se ponía detrás de mi y mientras me sujetaba las piernas levantadas, me endosaba desde atrás, pero esta vez por mi pelado coño, otra monumental vara.
Cuando mi cazador se corrió, mi garganta no daba a basto a tragar tanta leche, algo parecido a lo que le ocurría a mi coño, mientras el travestí colocado ya debajo de mí, chupaba y magreaba mis tetas.
Pero aun no habían acabado conmigo.
Tras hacerme orgasmar media docena de veces, mi cazador paso a chuparme y morderme las tetas, y su ayudante me coloco su semiflacida verga de nuevo en la boca, mientras me decía:
"Tu ponérmela otra vez gorda y beber mi leche".
"Caray estos tipos", pensé, "que pronto aprenden el castellano que les interesa".
Estaba en estas reflexiones cuando note que el travestí me ponía una especie de cinturón de castidad, y al mirar de reojo vi con sorpresa sobresalir de mi pelado coño, un pene artificial.
"Tu, darme a mi por culo blanquita", me dijo y se coloco a cuatro patas.
Yo me mostré sorprendida, pero no tarde mucho en introducirle aquel aparato en su pardo esfínter, puesto que mi cazador, que había recuperado parte de su potencia, me inclino sobre el travestí, mientras seguía con la polla del tercero en la boca.
En encular a aquel maricón estaba, cuando note como la polla de mi cazador, empezaba a buscar el orificio de mi culo. Trate de zafarme pero estaba sentenciada.
Sus poderosas manos me sujetaban por los brazos, y mientras el tercer hombre me introducía su ya engordada polla mas aun en la boca para que no gritara, el gran cazador negro, me coloco en el culo, con un dolor atroz por mi parte, casi toda su escopeta, comenzando ritmicamente a embestirme hasta que ya exhausta mezclando placer y dolor perdí el conocimiento.
Aquello había sido demasiado.
El viernes empezó como todos los días desde que Miguel se marchó. Después de trabajar vino Pedro a buscarme y me llevo a casa.
Allí recogimos a Javier y ambos me dijeron que nos íbamos al cine.
Me agrado la idea pues quería volver a salir por las tardes, así que nos fuimos a Madrid.
Les pregunte que íbamos a ver y me dijeron que era una sorpresa. Llegamos al centro y tras dejar el coche en un parking fuimos andando por la zona de carretas y por ahí, hasta llegar a un cine en una calle estrecha.
Era...¡una película x!...
Me dijeron entonces que debía entrar sola y que ellos luego me esperarían a la salida.
La verdad es que no me hacia mucha gracia, pero me dijeron que eran ordenes de don Jaime así que me arme de valor y entre.
El portero se quedo un poco sorprendido al verme y murmuro algo así como "...que hace una chica como tu, en un sitio como este".
El acomodador maliciosamente me pregunto si prefería por "delante", por "detrás", o en medio, "es donde hay mas hombres", me dijo mientras me desnudaba con la mirada.
Le dije que me daba igual, y el hombre me hizo sitio justo en el centro del patio de butacas, que ya estaba obscuro, puesto que estaban poniendo un corto sobre no se que pueblo de la sierra.
Pase sorteando espectadores hasta el asiento que me iluminaba la linterna del acomodador.
Cuando mis ojos se acostumbraron a la obscuridad, vi que efectivamente estaba rodeada de hombres que directamente o de reojo me miraban curiosos.
Empezó la película que trataba de unas campesinas alemanas que iban de recolección de "nabos", y ademas de los del campo encontraban alguno mas.
Estaba entretenida en la película cuando note una mano que se posaba en mi muslo derecho.
No quise mirar pero hacia un rato ese asiento estaba libre.
Seguí mirando la película, mientras mi corazón se ponía a cien y la mano empezaba a deslizarse entre mis piernas, lo hacia con lentitud pero con firmeza y la verdad es que me estaba poniendo cachonda, por un lado quería que fuera mas deprisa pero por otro la sensación de estar siendo "metida mano" a cámara lenta me excitaba mucho mas.
Por fin alcanzo su objetivo y comenzó por debajo de la braguita, que curiosamente me había puesto por primera vez en toda la semana, a manosearme el ya endurecido clítoris, hasta arrancarme un par de orgasmos contenidos, por aquello del escándalo, que son precisamente los peores. Cuando hubo terminado volvió a salir suavemente y yo no me atreví a mirar a aquel intruso de mi intimidad que me había añadido una nueva experiencia a mi semana del sexo.
Cuando llego el descanso, era programa doble, mire a mi lado y no había nadie. Tan solo un joven con barba y gafas un poco mas allá, pero parecía ensimismado en la pantalla donde estaban pasando unos anuncios, que por cierto reclamaron lógicamente mi atención.
Volvieron a apagarse las luces, y al poco de iniciarse la segunda película que trataba de unas americanas que se lo montaban con un grupo de jugadores de baloncesto, todos negros ademas, para mayor excitación, quien estaba detrás de mi empezó a jadearme en el cuelo y de pronto sus manos como dos garras se aferraron a mis pechos apretandome contra el asiento. Estuvo así durante varios minutos manoseándome los pechos y al cabo de un rato me dijo algo del servicio de caballeros.
Me quede parada, pensando si me había citado en el servicio de caballeros, lo cual me pareció aun mas excitante. espere unos minutos y salí, no sin molestar a un par de tíos de mi fila que en el momento de pasar me metieron mano al culo por debajo de la falda... sin duda me confundieron con una puta de la zona.."¡coño!", pensé, "¡debo llevar un cartel luminoso que diga: metame mano esta usted en su sexo, joder con los tíos!".
Salí al hall del cine totalmente desierto y vi una flecha que decía a los servicios, bajando una escalera. La baje despacio, y al fondo vi la puerta de caballeros y a la derecha la de señoras. Mire hacia atrás y alrededor y me deslice por la puerta del de hombres.
Era bastante lúgubre y ver todas aquellas tazas de pared alineadas me hizo pensar en la de pollas que habrían pasado por allí.
Entonces note unos pasos que se acercaban a la puerta. Me escondí en un recodo del servicio y escuche abrirse y cerrarse la puerta. Trate de ver por el espejo quien había entrado, pero en ese momento se apago la luz y al instante dos brazos me sujetaron por los hombros y me taparon la poca. Trate de desasirme y gritar pero fue inútil, me llevaron arrastrando y salimos a través de una puerta que no era la del servicio. Tras unos metros y escuchar cerrarse esa puerta, quien fuera me lanzo aun a oscuras sobre una especie de camastro, me quede un momento quieta, mientras oía ruido de ropas cerca de mi, y parecían mas de una persona. Intente levantarme y alguien me sujeto, mientras unas manos me desnudaban rápidamente: la blusa, la falda, y me dejaban con el sujetador y las bragas.
Una boca empezó a besarme el cuello, los hombros la espalda, mientras seguía inmovilizada, luego note como esas manos que me desnudaron, empezaban a acariciar mis pechos por encima del sujetador, para acabar sacándolos de el, sin quitármelo. Lo que si me quitaron fueron las bragas, por lo cual imagine que me iban a follar allí a obscuras.
No podía ni gritar, estaba inmovilizada,...¡esperaba que don Jaime estuviera de verdad detrás de todo esto, pues empezaba a tener verdadero miedo!.
Efectivamente un hombre se puso sobre mi y comenzó a restregarse con mi cuerpo, el olor era extraño, diferente, un cierto olor a una esencia extraña, no era desagradable, pero si dulzón y envolvente. no se el tiempo que estuvo restregandose, pero se me hizo eterno, estaba deseando que me follaran y me dejaran en paz.
De pronto algo como una porra, penetro violentamente por mi coño. Parecía mas grande y largo de lo que mi vagina podía aguantar, y la sensación de placer y dolor con una serie de descargas eléctricas a través de las paredes de mi coño, me hacían retorcerme y orgasmar una y otra vez. Tras unos instantes de angustio comprobé que era un pene, pues era caliente y musculoso, pero...¡vaya pedazo de polla!.
Cuando se corrió, casi me inunda por dentro. El hombre se levanto y me dio la vuelta colocándome bocabajo en aquel camastro, ¡ y seguíamos a obscuras!. ¡con lo que me hubiera gustado ver aquel pollòn!.
Estaba pensándolo, cuando note que volvía a colocarse sobre mi, me separaba las piernas y me embutía de nuevo su miembro a través del culo...¡un momento!, este no era tan grande por lo cual pensé que era el otro hombre el que me enculaba, suposición acertada pues de pronto el otro hombre me metió su enorme pene por la boca hasta la garganta.
Allí estaba yo como una sardina ensartada por delante y por detrás y a obscuras...
En un momento determinado se corrió en mi boca, con lo cual casi me asfixio al tratar de gemir, por el placer que me estaba dando mi enculador cuyo tamaño de porra era lo de menos, pues me hizo reventar de gusto cuando se corrió en mis entrañas.
De pronto sentí como si me pasaran un pañuelo perfumado por el rostro, quizá para limpiarme el sudor, pensé... pero no me dio tiempo a más pues me empezó a entrar una especie de soñolencia... y me quede totalmente dormida.
No se cuanto tiempo había pasado, cuando me desperté, seguía a obscuras sobre aquel camastro y el silencio era mortal.
Mis ojos se fueron acostumbrando a la obscuridad ahora que estaba mas tranquila y pude ver por una tenue luz que se filtraba por debajo de una puerta que el suelo era de moqueta, como si aquello hubiera sido la planta baja de un bar, pues las paredes enmoquetadas también tenían aun restos de apliques de luz y marcas de cuadros, y había algunos muebles, pero tenía la extraña sensación de que aunque el camastro era el mismo, el lugar no era exactamente el mismo.
De pronto se abrió la puerta y la luz del exterior me cegó, tras un momento de sorpresa vi como se recortaban contra la luz tres siluetas, dos hombres y una mujer, que avanzaron y tras encender una luz ambiental, cerraron la puerta.
Los tres eran negros y era la primera vez en mi vida que los veía.
Me di cuenta entonces de que estaba completamente desnuda y mis ropas no estaban en la habitación.
La chica vestía ropa de cuero con tachuelas y unos collares de cadenas plateadas y ellos ropa de sport.
Me medio incorpore sobre el camastro y les pregunte con un hilo de voz que querían.
No me respondieron pero la chica se quito los pantalones y la camiseta, bajo los cuales llevaba un body de cuero. Sin duda me iba a zurrar, puesto que saco un látigo como de piel y vino hacia mi.
Me levante y trate de salir corriendo, pero entonces comprendí por que las paredes y el suelo estaban como enmoquetados, puesto que realmente estaban acolchados, la habitación pues estaba insonorizada...¡el cabrón de don Jaime me estaba dando una autentica sesión de sexo en todas sus variantes!... primero violada, ahora disciplinada, ¿que vendría después?.
Los dos maromos de casi dos metros y fuertes como toros, me sujetaron por los brazos y me llevaron sin decir palabra en volandas ante la tía, que se paseaba el látigo por el cuerpo, al ponerme ante ella me cogió por el pelo y acercándose a mi cara me dijo en un castellano bastante chapucero:
"Mira blanquita...lo vamos a pasar muy bien juntas si colaboras, sino lo vas a pasar muy mal y yo muy bien, y si eres buena luego estos chicos te pueden enseñar como se follan a una blanca dos machos negros...¿estamos pequeña?"
"La leche", pensé yo, me iban a dar una sesión sado y encima aquellos dos bestias cuyos paquetes adivinaba pondrían el fin de fiesta.
No me dio tiempo a pensar mas, pues mientras los dos hombretones me esposaban las manos a la espalda y me colocaban un pañuelo a modo de mordaza, oí restallar el látigo en el aire y un acerado dolor en mi nalga derecha, otro restallar y ahora era mi nalga izquierda, y así varias veces mientras notaba cada latigazo marcando, o al menos eso creía yo, mi culo y mi espalda.
Fueron unos segundos tras los cuales me untaron todo el cuerpo de aceite y de reojo pude ver como la tía tras quitarse el body, se quedo solo con un tanga también de cuero, mostrando un espléndido cuerpo de color negro azabache, rematado por dos voluminosos aunque bien formados y proporcionados pechos, se acerco a la cama...
"¿nunca te lo has montado con una tía?", me pregunto, y sin duda al leer en mis ojos que no, continuo,"pues tu y yo nos lo vamos a montar un rato bien".
La mujer en cuestión se sentó a caballo sobre mi espalda aceitosa, a pesar de lo cual note la sensación sobre mi piel, del tanga de cuero que cubría su coño, o al menos eso creía yo, restregandose contra mi dolorida espalda, lo cual me daba una sensación mitad agradable mitad dolorosa, pues el cuero me tiraba pellizcos sobre la piel.
Luego comenzó a masajearme la espalda, el culo y las caderas, mientras canturreaba algo.
Así estuvo durante un rato para acabar tumbandose sobre mi, y apretando sus duros pechos contra mi espalda empezó a besarme el cuello, se arqueo sobre mi espalda para quitarse el tanga y mientras tanto los dos tíos, que empezaban a dar síntomas de ponerse cachondos, me levantaron por la cintura poniéndome a cuatro patas.
De pronto un duro y palpitante instrumento entro como un rayo ardiente a través de mi culo...¡no podía ser!, los dos tíos estaban a ambos lados y yo podía verlos...luego...¡debía ser un consolador!...pero era como humano...estaba en estas dudas cuando el rítmico ir y venir sobre mi espalda de la tía, empezó a sacarme de dudas, empezaba a sentir aquel olor dulzón en el ambiente, y aquel aparato iba creciendo y creciendo dentro de mi culo...¡aquella negra era un negrazo, era un travestí!...
Cuando por fin me di cuenta, ella o el, estaba corriendose dentro de mi culo, mientras frente a mi, uno de los negros se despojaba de la ropa, y me quede petrificada al ver aquel enorme aparato, no soy una experta en pollas, pero aquello debía medir unos 25 cm de largo, como mínimo, por unos 7 u 8 de ancho.
Se quedo cimbreando su armamento frente a mi, mientras entre la tía y el otro, que aun permanecía vestido, me quitaban las esposas y me dejaban sobre la cama.
Se apartaron a un lado y vi avanzar aquella mole hacia mi, de pronto oí a la tía gritarme:
"¡yo que tu no le dejaba blanquita, o te hará un agujero nuevo!", y se reía la muy cabrona.
La verdad es que debía tratar de zafarme, así que mire a mi alrededor tratando de encontrar una salida o un sitio donde esconderme...tan solo un desvencijado armario y una especie de barra de bar junto con el camastro componían todo el mobiliario de la habitación.
Salte de la cama y corrí hacia el armario, mientras el negrote avanzaba hacia mi y los otros dos se reían a carcajadas.
!pero el armario estaba cerrado!, así que trate de esconderme detrás de la barra del bar.
Era solo prolongar la jugada pues antes o después aquel tío me iba a follar con aquel cacho de polla, y lo que estaba consiguiendo con mis carreras era solo escitarle aun mas.
Estaba en estos pensamientos mientras trataba de esconderme tras la barra, cuando el se paro en el centro de la habitación y me grito:
"¡no podrás escapar...cazador negro se follara a la zorra blanca!".
La verdad es que estaba a punto de desistir, cuando al pasar tras la barra, vi como una especie de puerta de almacén, trate de abrirla...¡y lo conseguí!, entrando en una habitación a obscuras.
Cerré la puerta rápidamente, pero aquello había sido el canto del cisne.
Tras un breve forcejeo, mi cazador derribo la puerta, y tras agarrarme por los brazos y obligarme a arrodillarme ante su instrumento me la endoso de un solo golpe en la boca hasta la garganta. Creí que moriría asfixiada, pero aquel tío debió darse cuenta y sacando parte de su polla de mi dilatada boca me hizo mamarsela casi sin respiro, mientras a mi espalda, la tía, o lo que fuera, me levantaba las piernas estilo carretilla, y el otro tío se ponía detrás de mi y mientras me sujetaba las piernas levantadas, me endosaba desde atrás, pero esta vez por mi pelado coño, otra monumental vara.
Cuando mi cazador se corrió, mi garganta no daba a basto a tragar tanta leche, algo parecido a lo que le ocurría a mi coño, mientras el travestí colocado ya debajo de mí, chupaba y magreaba mis tetas.
Pero aun no habían acabado conmigo.
Tras hacerme orgasmar media docena de veces, mi cazador paso a chuparme y morderme las tetas, y su ayudante me coloco su semiflacida verga de nuevo en la boca, mientras me decía:
"Tu ponérmela otra vez gorda y beber mi leche".
"Caray estos tipos", pensé, "que pronto aprenden el castellano que les interesa".
Estaba en estas reflexiones cuando note que el travestí me ponía una especie de cinturón de castidad, y al mirar de reojo vi con sorpresa sobresalir de mi pelado coño, un pene artificial.
"Tu, darme a mi por culo blanquita", me dijo y se coloco a cuatro patas.
Yo me mostré sorprendida, pero no tarde mucho en introducirle aquel aparato en su pardo esfínter, puesto que mi cazador, que había recuperado parte de su potencia, me inclino sobre el travestí, mientras seguía con la polla del tercero en la boca.
En encular a aquel maricón estaba, cuando note como la polla de mi cazador, empezaba a buscar el orificio de mi culo. Trate de zafarme pero estaba sentenciada.
Sus poderosas manos me sujetaban por los brazos, y mientras el tercer hombre me introducía su ya engordada polla mas aun en la boca para que no gritara, el gran cazador negro, me coloco en el culo, con un dolor atroz por mi parte, casi toda su escopeta, comenzando ritmicamente a embestirme hasta que ya exhausta mezclando placer y dolor perdí el conocimiento.
Aquello había sido demasiado.
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