Esclava Blanca en África X
Como un sueño
Unos minutos después aparecieron las dos esclavas jóvenes que ya conocía. Me levantaron del suelo y me ayudaron a salir del establo.
Caminamos por una especie de jardín hacia una choza de madera y cáñamo. Era como media mañana y el sol empezaba a calentar, había perdido totalmente la noción del tiempo, me parecía que llevaba ya meses en aquella tierra y mi cuerpo de esclava empezaba a identificarse con su trato. A veces sentía que necesitaba más castigo, sin el me sentía inactiva, como inútil. Sacudí al cabeza tratando de quitar esos pensamientos de mi mente.
Entramos y la estancia era bastante agradable, una enorme bañera de hierro rebosante de agua con espuma y perfume me llamo la atención, las chicas con suavidad me llevaron hasta ella y me introdujeron dentro.
Echaron una especie de esencias y líquidos y note una enorme mejoría en mi maltrecho y maltratado cuerpo, ellas mismas se desnudaron y entraron dentro de la bañera.
Empezaron a acariciarme y a pasarme unas suaves esponjas por todo el cuerpo, lavando mi pelo, mi sexo en el que note se detenían las dos con delicadeza empezando a producirme una agradable sensación de placer.
Una vez me hubieron limpiado bien a fondo pero con gran ternura y delicadeza las dos se dedicaron a acariciar y besar cada parte de mi cuerpo, en un momento determinado una de ellas me miro fijo a los ojos, tenia unos enormes ojos negros, y avanzando muy despacio, empezó a besar mi boca.
Yo nunca había sentido algo así, aquella joven y suave boca buscaba mis labios y su lengua trataba de abrirlos, algo que enseguida consiguió. Su lengua se introdujo en mi boca y rebusco pro cada rincón mientras la mía también se activaba y pronto ambas estábamos unidas por un profundo beso.
Mientras la otra chica había ahuecado mis piernas y se detenía con delicadeza en mi sexo, donde pronto su boca empezó a chupar mi clítoris y labios, logrando entre las dos hacerme llegar a un estado de placer y satisfacción increíbles.
Hubiera dado lo que fuera para que aquello siguiera durante horas, pero con suavidad una vez lograron arrancar de mí un par de orgasmos, las dos jóvenes salieron de la tina y tras recoger sus ropas abandonaron la estancia.
Me quedé relajada, disfrutando, de aquella sensación de aquel placer generado por aquellas hermosas jóvenes cuya piel negra yo también disfrute, aunque ellas eran las que dominaban la situación, me gustaba ser dominada en todos los aspectos.
Se abrió la puerta y apareció mi amo. Por un momento mi placer, mi relax se volvió tensión y miedo.
"No temas zorra…" me dijo con voz melosa "también tengo un lado sensible y es ahora el tiempo de probar a mi puta esclava como una autentica mujer" se desnudo y se metió en la tina conmigo.
"Después del placer que te han dado mis zorritas, imagino que estarás receptiva a sentir a un buen macho como yo ya aportarte como una autentica hembra" y se acerco a mi acariciando y besando mi piel.
Como ya había dicho, mi amo a pesar de parecer un hombre mayor, gozaba de un magnifico aparato que ya estaba en plenitud. Me hizo un gesto para que mi boca tomara contacto con aquel pene y sin rechistar lo introduje en mi boca. El mientras acariciaba mis tetas y mi cuerpo.
"Sin duda sabes hacer disfrutar a un hombre del sexo, y estoy logrando hacerte una buena esclava física, con lo cual cuando vuelvas a tu mundo, tendrás un gran futuro como puta esclava y podrás vivir tu y tu amo de lo que has aprendido y perfeccionado aquí" me decía mientras yo seguía mamando bajo el agua y el me acariciaba.
Con una suavidad que me sorprendió, cogió mi cabeza y retiro mi boca de su enorme pene, me hizo poner a cuatro patas apoyada sobre el borde de la tina y con una suavidad increíble me penetro de un solo golpe hasta hacerme sentir sus testículos entre mis muslos, mientras me acariciaba y besaba la espalda.
"Una buena esclava como tu, también merece unos momentos de placer y sexo agradable como premio por su entrega y dedicación, pero aprovéchalos pues aún antes de volver a tu mundo, deberás pasar algunas duras pruebas más" y siguió empujando con ternura pero con firmeza, haciéndome sentir su enorme aparato dentro de mi sexo, llenándolo por completo.
Me bombeó durante largo rato, incluso me hizo volverme y tumbada sobre la tina me levanto las piernas para ensartarme más profundamente y poder ver mi cara de placer y disfrute. Yo también le miraba, era un hombre atractivo y guapo a pesar de aparentar ser mayor, y sus profundos ojos me imponían respeto pero también seguridad.
Me hizo un gesto de que me acercara a su polla una vez la saco de mi coño, y me imagine que llegaba el final. Efectivamente un enorme chorro de leche inundo mi boca casi atragantándome, pero el me obligaba a seguir con su aparto dentro de mi boca "traga, trágate toda esta leche, que sin duda disfrutaras de ella". Así lo hice, hasta que sus espasmos se detuvieron, y entonces con tranquilidad el salio del agua.
No había visto a las dos jóvenes que ahora con un taparrabos esperaban con una especie de manto al hombre que salía del baño y al que cubrieron con él, luego le acompañaron a la salida de la choza y volvieron junto a mi.
Me ayudaron a salir del agua, me secaron y perfumaron y me vistieron con un taparrabos de cuero y unas cintas del mismo material que ataron por debajo y alrededor de mis pechos, uniéndolas por detrás de mi cuello, como en forma de sujetador pero con los pechos al aire.
Me pusieron unas sandalias también de cuero y después me ayudaron a salir fuera.
Caminamos hacia una especie de prado donde pastaban algunos caballos, vi entonces a mi amo, sentado como en un trono de madera, con esclavos a su alrededor que le abanicaban y procuraban sombra con unas sombrillas de colores.
A su lado estaba el capataz, con un taparrabos de cuero, botas de montar y el temido látigo de cuero en su mano derecha.
Las jóvenes me acompañaron ante mi amo.
"!arrodíllate ante él¡" me grito el capataz haciendo restallar el látigo en el aire.
Así lo hice y mi amo se levanto, se acerco a mí y me hizo levantar.
"Ha llegado el momento de tus últimas pruebas como esclava y de esas últimas pruebas se encargara mi capataz." Sentí una gran angustia.
"Desde este momento el pasa a ser tu dueño y tu su propiedad, yo ya no ejerceré ningún tipo de control ni dominio sobre ti, ni para bien ni para mal, y hasta tu regreso a tu lugar de origen, el acabará el entrenamiento y trabajo pactado por tu autentico amo y señor que te trajo aquí para ello."
Hizo un gesto y por fin pude ver a Hans, junto a sus dos amigos que estaban filmando.
Hans llevaba un pantalón corto vaquero, una camisa caqui un enorme sombrero de ala ancha con botas de montar. Me hizo un gesto con la cabeza.
"Bien, llego ese momento" mi amo, cogió mi mano y se dirigió al capataz "es tuya, termina sin ningún tipo de restricciones el trabajo para el que estas preparado" y me hizo inclinar ante el capataz.
Este sonrió, hizo una inclinación de cabeza a su jefe y cogiéndome del brazo me llevo al centro de la pradera. "Ahora si nos divertiremos" me dijo entre dientes.
Hizo un gesto y una de las jóvenes le alcanzó un collar de cuero, una especie de capucha con un agujero en lo alto y una larga cinta de cuero.
La propia joven me coloco la capucha con abertura solo para mis ojos y nariz, y por cuyo orificio superior saco mi pelo en forma de cola de caballo.
Después me colocó el collar de cuero que unió por una trabilla a la cinta de cuero, cuyo extremo entrego al capataz. Este extendió la mano, y la otra joven le dio una especie de consolador terminado en una cola de caballo, con unas cintas a los lados.
Mientras una de las chicas sujetaba las riendas, el me hizo inclinar y se parándome la nalgas, me escupió en el agujero del culo, después sin avisar me enterró de un solo golpe la cola de caballo, haciéndome gemir de dolor, fijo las cintas por delante de mi pubis y me hizo levantar.
Entonces sin mediar palabra le vi coger dos campanillas terminadas en unas pinzas dentadas que sin miramientos colocó en mis pezones causándome un gran dolor notando como desgarraban mis areolas. Sonrió satisfecho al ver me gesto de dolor, tras comprobar que las pinzas habían quedado firmemente sujetas a mis pezones con un movimiento de tirón.
"No diré las cosas mas que una vez" me dijo tirándome del pelo"empieza a correr a trote ligero en círculos a la distancia que yo te marque de la cinta, como una buena yegua" y me dio unas palmadas en el culo.
Así lo hice y me vino a la mente la imagen de los caballos en los picaderos cuando corren en círculo para su entrenamiento, se iniciaba una nueva fase de mi entrenamiento. Estaba entretenida en mis pensamientos cuando oí retallar el látigo y su punta golpeo con fuerza mi espalda.
"Corre mas puta yegua, quiero que luzcas tus capacidades" mientras yo corría en circulo y mis pechos votaban y saltaban desbocados, el látigo seguía restallando y alcanzando mi espalda y glúteos, haciéndome seguir un ritmo de carrera que empezaba a agotarme.
Hacia ya tiempo que había perdido mis sandalias, por lo cual mis pies estaba también magullados y doloridos por el esfuerzo y la tierra.
El ritmo cada vez era más rápido y los latigazos más duros y seguidos, mi espalda y nalgas estaban de nuevo al rojo.
Pasados unos minutos me hizo parar y me indico que levantara las rodillas hasta la vertical alternativamente. Así hube de dar varias vueltas a su alrededor, mientras los presentes aplaudían y jaleaban.
Me hizo detener y en medio de todos ponerme a cuatro patas. Me colocó entonces un bocado con unas cinchas y agarrándolas se sentó sobe mi espalda tirando hacia atrás de ellas.
"Camina sin derrumbarte pues si lo haces recibirás 25 latigazos sin piedad."
Trate de mantener su peso mientras caminaba y el me daba en los costados con las botas, pero inevitablemente mi aguante tenia un limite y caí a tierra.
"levántate zorra" me dijo tirándome del pelo.
Una vez en pie me hizo separar las piernas y poner los brazos en mi nuca para evitar que el pelo tapara mi espalda.
"serán 25 gloriosos latigazos que espero cuentes en voz alta"
Uno a uno y cantados entre gritos y sollozos los 25 latigazos más duros y espeluznantes que había recibido desde mi llegada fueron cayendo sobre mi espalda, que note húmeda por la sangre que alguno de ellos me provocó.
Después volvió a hacerme correr en circulo a su alrededor, acortando o alargando la cinta con la que me guiaba, haciéndome tropezar con sus tirones hasta caer agotada al suelo.
Entonces me ato las muñecas y los tobillos, y me dejo en medio del prado a pleno sol mientras todos se retiraban a una sombra cercana donde bebieron y comieron sin prestarme atención.
Me sentía desfallecer y me parecía estar viviendo un sueño, lleno de dulzura y placer hacia tan solo unos minutos, y ahora como un animal tirada a pleno sol, mientras mi espalda en carne viva sangraba y mi cuerpo me sorprendía pidiéndome más castigo, necesitaba la acción de sentirme maltratada, mi cabeza empezaba a dolerme.
UN LUGAR PARA LEER... APRENDER... ...Y DISFRUTAR... ...CADA UNO A SU MANERA. A PLACE TO READ... TO LEARN... AND TO ENJOY... EACH ONE TO THEIR WAY
BIENVENIDOS
Al placer y la lectura... la imaginacion la pones tu. To the pleasure and the reading... the imagination puts it your. (Nota: Busco dibujantes para convetir a dibujos o comics mis relatos, sin animo de lucro.) (Notice: I look for designers for convert to drawings, 3D or comics my stories, for free distribution) Visita, http://x3dstoriesvideos.blogspot.com/ Actualización de relatos y videos cada dos días, aproximadamente. Upload, stories and videos, every two days aproxymately
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martes, 24 de agosto de 2010
sábado, 15 de mayo de 2010
ESPOSA BLANCA, ESCLAVA EN AFRICA (IX)
Esclava Blanca en África IX
Como un animal.
Cuando hube terminado de comer, me sentía con más fuerzas y como eufórica, los hombres que había allí, ya mayores y cubiertos solo con un escueto taparrabos, bebían una especie de cerveza turbia, uno de ellos me miro y le dijo algo al otro.
Se acercó y me dio a beber de su cuenco, sabia como a jengibre era dulzón, pero no era agradable, bebí un par de sorbos y me negue a seguir haciéndolo, pero el hombre pareció enfurecido, me sujeto la cabeza y mientras el otro vertió gran cantidad de ese brebaje en mi boca casi atragantándome.
Me sentí como mareada, pero trague el liquido vertido por los hombres, después me soltaron y volvieron a su trabajo.
Me sentía bien, allí sentada en el suelo.
Mire a los hombres y les vi sacar de una especie de alacena una serie de aperos y arreos, detuvieron la noria y desengancharon al caballo que la movía.
Lo sacaron fuera del establo y al cabo de unos minutos regresaron riendo.
Se acercaron a mi y me desataron, me hicieron levantar y me sobaron bien todo el cuerpo mientras hablaban y reían entre ellos, me magrearon bien las tetas, el culo, y metieron su mano ruda y no muy limpia entre mis piernas tanteando mi sexo.
Me sentía incomoda, aunque algo excitada, así manoseada y me sorprendía mi docilidad y sumisión, pero sin duda empezaba a asumir inconscientemente mi papel de esclava.
Observé bajo sus taparrabos una prominente erección y al darse cuenta de mi observación, rieron y se quitaron el taparrabos. No estaban mal dotados para la edad que aparentaban y me hicieron acariciar sus falos con mis manos y me hicieron gestos de que se los chupara.
Me arrodille ante ellos y comencé a chuparlos alternativamente, no estaban circuncidados y su sabor no era muy bueno, pero no pude rehusar seguir mamando, mientras ellos reían y sujetaban mi cabeza.
De pronto se abrió la puerta y entro el capataz que me había azotado el primer día.
Zorra sigues aprendiendo eh, ¿tan salida estas que ya te da lo mismo que pollas chupar?" se volvió a los dos hombres "Fuera de aquí cerdos, esta puta no es para daros placer a vosotros" les grito.
Salieron de allí riéndose y gritando.
El hombre me hizo levantar y me coloco en medio del establo.
Fue hacia el muro donde estaban los arreos y aperos que habían sacado los hombres y cogió varias piezas, se acercó a mí.
Me manoseo bien mientras me decía que si su amo le diera permiso me iba ha convertir en una auténtica esclava y me daría tal castigo que o lo aguantaba para su placer o moriría. Ese pensamiento me hizo estremecer.
Cogió un cinturón de esparto y lo coloco en mi cintura, lo aseguro con unos ganchos presionado de tal forma que me cortaba la respiración.
Después me hizo subir sobre un banco y me ato los tobillos con grilletes muy cortos entre si, haciendo igual con mis manos.
Me hizo bajar de un salto del cajón, con mis tobillos unidos me trastabillé y caí de bruces al suelo ante sus carcajadas, magullándome el pecho y la cara ante su regocijo, y cogiéndome del pelo me arrastró unos metros hasta ponerme en pie, entonces me colocó un collar de hierro en el cuello que también me agobiaba.
Después me colocó una cinta de cuero que tapaba mis orejas y con dos aberturas a la altura de mis ojos, pero con unos apéndices de cuero que me impedían mirar a mí alrededor.
Me pinzó los pezones con unas pinzas de dientes que me provocaron un gran dolor e incluso note un reguero de sangre brotar de mis pezones, las pinzas se unían por una cadena entre si y esta al collar, y empezó a tirar de ella, "muévete" me dijo mientras tiraba de la cadena y me llevaba al centro del establo, pensé que me arrancaría los pezones, así que me apresuré por seguirle, pero mis tobillos atados volvieron a dar con mis huesos en el suelo, ante sus carcajadas "eres floja de patas potrilla, pero yo te haré una jaca fuerte y resistente y capaz de aguantar un buen castigo".
Me dejo allí tras colocarme una mordaza con una bola de cuero.
No podía oír nada por la cinta de cuero, pero enseguida sentí…
Otra vez el látigo de un solo hilo de cuero, golpeaba mi costado y se enrollaba en mi cuerpo haciéndome tambalear. Lo desenrosco de mi cuerpo y volvió a golpear ahora a la altura de mis pechos, cruzándolos de lado a lado, así con parsimonia y estudiada técnica fue marcando milímetro a milímetro mi cuerpo, pero no sentía tanto dolor como en otras ocasiones, "me estaré curtiendo" pensé, mientras milimétricamente el látigo marcaba líneas casi paralelas a lo largo de mi cuerpo.
Cuando éste estuvo convenientemente marcado por las líneas rojas, en alguna zona mas intensas e incluso alguna sangrante, a lo largo de todo mi cuerpo se detuvo.
Se acercó por detrás y me tiro del pelo echándome la cabeza hacia atrás, me miro desde su posición y me escupió en la boca.
Después me rodeo, agarró la cadena que unía mis pechos y tiro con fuerza hacia la noria obligándome a seguirle si no quería perder mis pezones ya casi insensibles por el dolor.
Entonces colocó un cinturón de cuero sobre el de esparto, apretándolo bien, dejándome casi sin respiración, y con unas argollas que unió a la rueda media de la noria.
Después unió mi cuello a la rueda alta de la noria mediante una barra unida al collar metálico que llevaba.
Mis manos quedaron fijas por los grilletes a una barra delate de mi cintura, sujeta a la noria.
Me miro sonriendo y se coloco tras de mi.
Sentí otra vez el látigo en mi espalda y comprendí que debía moverme. Avance con dificultad con mis tobillos encadenados y note como la noria empezaba a moverse, el siguió azotando mi espalda, mientras yo avanzaba convertida en una bestia de arrastre.
El sudor cubría mi cuerpo haciendo que mis heridas me escocieran de forma inaguantable y más cada vez que el látigo marcaba otra vez mi culo o mi espalda y muslos.
Solo cuando yo parecía coger un buen ritmo en mi "trabajo" dejaba de azotarme, pero en cuanto bajaba el ritmo, volvía con más fuerza a señalar mi culo y mi espalda alcanzando a veces mis pechos que con las pinzas y la cadena sufrían ya una cierta hinchazón.
Aquella sesión se hizo interminable y cuando ya me vio muy agotada y entregada decidió parar de azotarme, aunque me indicaba que siguiera mi recorrido circular, hasta que extenuada me derrumbe sobre la barra, pero con mi cabeza fija por sus ataduras.
Volvió a escupirme en el rostro y se marcho.
Me quede sola otra vez con mi humillación y mi angustia, había perdido la noción del tiempo, no sabio que día era, si era de día o de noche, y la angustia me agobiaba.
Llegaron entonces los dos viejos y mientras reían y hablaban entre si, me desataron y quitaron todos los aperos.
Me dieron a beber un cuenco de su mejunje anterior y como ya era de esperar me hicieron tumbar boca abajo sobre el cajón, con mis tetas colgando, que uno de ellos se entretuvo en golpear con unas ramas de lado a lado mientras el otro… me follaba hasta correrse en mi espalda.
Después el otro tomo el relevo y cuando se hubo corrido, los dos salieron del establo.
Me deje rodar hasta el suelo, y allí me quedé extenuada y dolorida.
Como un animal.
Cuando hube terminado de comer, me sentía con más fuerzas y como eufórica, los hombres que había allí, ya mayores y cubiertos solo con un escueto taparrabos, bebían una especie de cerveza turbia, uno de ellos me miro y le dijo algo al otro.
Se acercó y me dio a beber de su cuenco, sabia como a jengibre era dulzón, pero no era agradable, bebí un par de sorbos y me negue a seguir haciéndolo, pero el hombre pareció enfurecido, me sujeto la cabeza y mientras el otro vertió gran cantidad de ese brebaje en mi boca casi atragantándome.
Me sentí como mareada, pero trague el liquido vertido por los hombres, después me soltaron y volvieron a su trabajo.
Me sentía bien, allí sentada en el suelo.
Mire a los hombres y les vi sacar de una especie de alacena una serie de aperos y arreos, detuvieron la noria y desengancharon al caballo que la movía.
Lo sacaron fuera del establo y al cabo de unos minutos regresaron riendo.
Se acercaron a mi y me desataron, me hicieron levantar y me sobaron bien todo el cuerpo mientras hablaban y reían entre ellos, me magrearon bien las tetas, el culo, y metieron su mano ruda y no muy limpia entre mis piernas tanteando mi sexo.
Me sentía incomoda, aunque algo excitada, así manoseada y me sorprendía mi docilidad y sumisión, pero sin duda empezaba a asumir inconscientemente mi papel de esclava.
Observé bajo sus taparrabos una prominente erección y al darse cuenta de mi observación, rieron y se quitaron el taparrabos. No estaban mal dotados para la edad que aparentaban y me hicieron acariciar sus falos con mis manos y me hicieron gestos de que se los chupara.
Me arrodille ante ellos y comencé a chuparlos alternativamente, no estaban circuncidados y su sabor no era muy bueno, pero no pude rehusar seguir mamando, mientras ellos reían y sujetaban mi cabeza.
De pronto se abrió la puerta y entro el capataz que me había azotado el primer día.
Zorra sigues aprendiendo eh, ¿tan salida estas que ya te da lo mismo que pollas chupar?" se volvió a los dos hombres "Fuera de aquí cerdos, esta puta no es para daros placer a vosotros" les grito.
Salieron de allí riéndose y gritando.
El hombre me hizo levantar y me coloco en medio del establo.
Fue hacia el muro donde estaban los arreos y aperos que habían sacado los hombres y cogió varias piezas, se acercó a mí.
Me manoseo bien mientras me decía que si su amo le diera permiso me iba ha convertir en una auténtica esclava y me daría tal castigo que o lo aguantaba para su placer o moriría. Ese pensamiento me hizo estremecer.
Cogió un cinturón de esparto y lo coloco en mi cintura, lo aseguro con unos ganchos presionado de tal forma que me cortaba la respiración.
Después me hizo subir sobre un banco y me ato los tobillos con grilletes muy cortos entre si, haciendo igual con mis manos.
Me hizo bajar de un salto del cajón, con mis tobillos unidos me trastabillé y caí de bruces al suelo ante sus carcajadas, magullándome el pecho y la cara ante su regocijo, y cogiéndome del pelo me arrastró unos metros hasta ponerme en pie, entonces me colocó un collar de hierro en el cuello que también me agobiaba.
Después me colocó una cinta de cuero que tapaba mis orejas y con dos aberturas a la altura de mis ojos, pero con unos apéndices de cuero que me impedían mirar a mí alrededor.
Me pinzó los pezones con unas pinzas de dientes que me provocaron un gran dolor e incluso note un reguero de sangre brotar de mis pezones, las pinzas se unían por una cadena entre si y esta al collar, y empezó a tirar de ella, "muévete" me dijo mientras tiraba de la cadena y me llevaba al centro del establo, pensé que me arrancaría los pezones, así que me apresuré por seguirle, pero mis tobillos atados volvieron a dar con mis huesos en el suelo, ante sus carcajadas "eres floja de patas potrilla, pero yo te haré una jaca fuerte y resistente y capaz de aguantar un buen castigo".
Me dejo allí tras colocarme una mordaza con una bola de cuero.
No podía oír nada por la cinta de cuero, pero enseguida sentí…
Otra vez el látigo de un solo hilo de cuero, golpeaba mi costado y se enrollaba en mi cuerpo haciéndome tambalear. Lo desenrosco de mi cuerpo y volvió a golpear ahora a la altura de mis pechos, cruzándolos de lado a lado, así con parsimonia y estudiada técnica fue marcando milímetro a milímetro mi cuerpo, pero no sentía tanto dolor como en otras ocasiones, "me estaré curtiendo" pensé, mientras milimétricamente el látigo marcaba líneas casi paralelas a lo largo de mi cuerpo.
Cuando éste estuvo convenientemente marcado por las líneas rojas, en alguna zona mas intensas e incluso alguna sangrante, a lo largo de todo mi cuerpo se detuvo.
Se acercó por detrás y me tiro del pelo echándome la cabeza hacia atrás, me miro desde su posición y me escupió en la boca.
Después me rodeo, agarró la cadena que unía mis pechos y tiro con fuerza hacia la noria obligándome a seguirle si no quería perder mis pezones ya casi insensibles por el dolor.
Entonces colocó un cinturón de cuero sobre el de esparto, apretándolo bien, dejándome casi sin respiración, y con unas argollas que unió a la rueda media de la noria.
Después unió mi cuello a la rueda alta de la noria mediante una barra unida al collar metálico que llevaba.
Mis manos quedaron fijas por los grilletes a una barra delate de mi cintura, sujeta a la noria.
Me miro sonriendo y se coloco tras de mi.
Sentí otra vez el látigo en mi espalda y comprendí que debía moverme. Avance con dificultad con mis tobillos encadenados y note como la noria empezaba a moverse, el siguió azotando mi espalda, mientras yo avanzaba convertida en una bestia de arrastre.
El sudor cubría mi cuerpo haciendo que mis heridas me escocieran de forma inaguantable y más cada vez que el látigo marcaba otra vez mi culo o mi espalda y muslos.
Solo cuando yo parecía coger un buen ritmo en mi "trabajo" dejaba de azotarme, pero en cuanto bajaba el ritmo, volvía con más fuerza a señalar mi culo y mi espalda alcanzando a veces mis pechos que con las pinzas y la cadena sufrían ya una cierta hinchazón.
Aquella sesión se hizo interminable y cuando ya me vio muy agotada y entregada decidió parar de azotarme, aunque me indicaba que siguiera mi recorrido circular, hasta que extenuada me derrumbe sobre la barra, pero con mi cabeza fija por sus ataduras.
Volvió a escupirme en el rostro y se marcho.
Me quede sola otra vez con mi humillación y mi angustia, había perdido la noción del tiempo, no sabio que día era, si era de día o de noche, y la angustia me agobiaba.
Llegaron entonces los dos viejos y mientras reían y hablaban entre si, me desataron y quitaron todos los aperos.
Me dieron a beber un cuenco de su mejunje anterior y como ya era de esperar me hicieron tumbar boca abajo sobre el cajón, con mis tetas colgando, que uno de ellos se entretuvo en golpear con unas ramas de lado a lado mientras el otro… me follaba hasta correrse en mi espalda.
Después el otro tomo el relevo y cuando se hubo corrido, los dos salieron del establo.
Me deje rodar hasta el suelo, y allí me quedé extenuada y dolorida.
miércoles, 10 de marzo de 2010
ESPOSA BLANCA, ESCLAVA EN AFRICA (VI)
Esclava en África VI
Mi Diversión en el desierto
Una sensación de ahogo me hizo despertar, gran cantidad de agua fría caía sobre mi cara y mi boca y después por todo mi cuerpo. Los dos hombres que me habían “preparado” para la fiesta de la noche anterior, me rociaban con mangueras de agua a presión.
Yo trataba de esquivarlos pero estaba atada otra vez al suelo donde había dormido.
Por fin pararon y entonces me desataron pero me pusieron a cuatro patas sobre el suelo de paja. No sabía que hora era, ni lo que había dormido. La celda no tenía ventanas.
Mientras pensaba esto uno de los hombres se colocó ante mi y me metió su enorme polla negra en la boca, y al tiempo sentí como el otro situado tras de mi, me endosaba también su aparato en mi coño, ya que mi culo seguía ocupado por la cola de caballo que me habían puesto la noche anterior.
Por supuesto que me follaron sin compasión, y con violencia, dándome azotes y bofetadas, hasta que se corrieron dentro de mi boca y mi coño. Además debía mantenerme a cuatro patas, pues si flaqueaba me golpeaban en los riñones o me tiraban del pelo.
Después volvieron a rociarme con las mangueras mientras se reían y salieron de la celda.
Me quede mojada, dolorida y humillada sobre el suelo de paja húmeda hasta que llego una de las jóvenes esclavas.
Sin decir palabra, me hizo poner otra vez a cuatro patas y me quito el tapón con la cola de caballo. Me miro con lastima y me quede un poco sorprendida. Me entraron entonces unas enormes ganas de defecar, así que le pregunté dónde podía hacerlo, por gestos pues ella no entendía nada, me indico una puerta desvencijada en un lado del chamizo. Me desato y me acompaño hasta la puerta, al abrirla me cegó la luz del sol, era ya de día y aquella puerta daba a una especie de cuadra dónde había cabras, vacas y gallinas. Me indico un rincón sobre el suelo donde había más restos de los propios animales. Se me quedo mirando mientras yo trataba de hacerlo, algo que me costo un rato.
Al terminar mire tonta de mi a mi alrededor buscando con que limpiarme y tan solo vi unas hojas secas con las que trate de hacerlo ante la mirada de la joven. Después ella me acompaño y me volvió atar esta vez de pie junto a la pared. Se marcho.
Apenas unos segundos después entro uno de los hombres y me dijo algo en africano. Yo no me entere, pero unos segundos después llego su amigo con un balde y una especie de fuelle. Me desataron y me hicieron poner en el suelo a cuatro patas, entonces comprendí lo que iba a pasar.
Uno de los hombres cargo el fuelle en el balde de agua y me lo metió por el culo a modo de rudimentaria lavativa, yo grite y entonces el otro hombre se puso ante mí y tras darme una bofetada me metió su polla en la boca para que no gritara mientras me sujetaba la cabeza con las manos. Varias veces hizo el de atrás la operación de limpieza de mi intestino y notaba con vergüenza como todo lo que entraba salía de mi culo sobre el suelo, aunque debido a mi postura y mi boca ocupada en tragar aquella polla no podía ver el charco que se estaba haciendo junto a mis rodillas, aunque notaba chorrear mis piernas.
Cunado creyó oportuno el hombre del fuelle lo dejo y haciéndome levantar me llevo otra vez hasta la pared dónde me ato. El otro siguió masturbándose ante mí y me echó su leche por las piernas y el coño. Después me hizo agacharme para limpiarle los restos y se marcharon los dos.
Me sentí muy humillada y deprimida.
Unos minutos mas tarde entro la joven otra vez, como siempre con el torso desnudo y esta vez me fije en sus pechos firmes y levantados y de un tamaño medio, abajo llevaba una falda de ramas. Trato de no pisar en el charco de mierda que se había formado y tras desatarme me hizo gestos de que la acompañara.
Salí con ella por otra puerta hacia el exterior. Fuera había una especie de poblado donde la gente trabajaba, los niños jugaban… yo me sentí avergonzada allí desnuda, sucia, todos me miraban pero la joven me empujo para que me moviera rápido. Yo trataba de taparme al menos el pubis, después pensé en el ridículo pudor de la situación.
Miraba a mí alrededor tratando de situarme, el poblado estaba al resguardo de unas montañas pero al otro lado solo se veía un interminable desierto.
Andamos unos 50 metros hasta una especie de choza de cáñamo. Me empujo tras la cortina.
La choza era un poco más acogedora. Me fije en varios hombres y mujeres vestidos con taparrabos, las mujeres con los pechos al aire, que estaban en el fondo de la choza.
Un negro ya mayor, que reconocí como mi amo y dueño, con el torso denudo y un taparrabos, sentado sobre unas pieles me miro con detalle. Le dijo algo a un hombre alto situado a su derecha. Este se dirigió a mí en inglés.
“Colócate ahí entre las dos columnas”. Mire al centro de la choza donde dos enormes troncos sujetaban la techumbre. Avance despacio y me coloque entre ambos troncos. La esclava que me acompañaba me ato con dos correas de cuero las muñecas muy apretadas a los troncos, por encima de mi cabeza. El hombre se acerco y me hizo abrir las piernas y levantar el culo. Ato mis tobillos al suelo a unas argollas de madera. De reojo vi al negro mayor acercarse a mí. Me acaricio las nalgas y la espalda y sopeso mis tetas con dedicación. Después dio una orden y una de las jóvenes le puso un preservativo en su más que desarrollado pene que sobresalía de su taparrabos y que ya había mamado la noche anterior y me había follado. Se acerco a mí y siguió acariciándome las nalgas mientras su ayudante separaba mis cachetes y buscaba el orificio de mi culo. Desde que había llegado allí nadie había entrado en mi ano, pero eso sin duda iba a cambiar.
De reojo le vi acercarse y en unos segundos su enorme miembro entraba sin pudor ni cuidado en mi culo taladrándomelo como si fuera a partírmelo. Había silencio total en la choza mientras el hombre empujaba y de un solo golpe enterraba aquella estaca en mis entrañas que se estremecieron. Gemí, casi grite, de dolor y el me golpeo con ambas palmas en las nalgas mientras empezaba un ritmo de mete saca coreado por los presentes y subiendo de ritmo, clavándome sin compasión ni miramientos, mientras el dolor se hacia insoportable para mi. El hombre aguantaba a un buen ritmo, mientras me gritaba en inglés “buena esclava, las zorras blancas son las mejores” y seguía empujando sin contemplaciones, mientras también tiraba con fuerza de mis pezones, haciéndome gritar de dolor.
Pasaron muchos minutos antes de que con un gran gemido se derrumbara sobre mi espalda en señal de que había descargado su semen. Cosa que comprobé al instante pues llegando hasta mi cara me hizo mamarle y limpiarle bien la polla una vez le retiraron el preservativo, después me agarro del pelo y me inclino la cabeza hacia atrás y dejo gotear sobre mi boca abierta el contenido del mismo.
Después me desataron y me sacaron fuera. Debía ser ya casi mediodía por la situación del sol. Me ataron a un poste delante de la choza, desde donde podía ver un gran campo donde trabajadores de ambos sexos laboraban. Al verme empezaron a gritar y a reírse. Las mujeres me miraban con desprecio.
Hacia calor y empezaba a sentir los efectos del sol en mi blanca piel, pasados unos minutos salio el ayudante de mi amo y me roció la cabeza con una botella de agua fría que se agradecía, pero mi apariencia desnuda con todo el pelo mojado allí al sol debía ser horrible.
Cuando el sol empezaba a perder su verticalidad y yo sentía mi piel enrojecida por sus rayos, los dos hombres “encargados de mi” me desataron y me llevaron a rastras hacia la parte de atrás de la choza.
Allí había un gran poste en forma de cruz en el centro de una explanada rodeada de un alto seto.
Me colocaron contra el poste y ataron mis brazos a lo largo de los maderos y mis tobillos al poste central.
Taparon mis ojos con una venda elástica translucida y se hizo el silencio. El sol seguía curtiendo mi enrojecida piel, de pronto un chorro de agua fría me recorrió de arriba abajo haciéndome gemir de dolor ante el contacto del agua con mi quemada piel, pero aquello solo era el principio.
Mientras había sido rociada, no había notado la presencia de más personas a mí alrededor, pero pronto las iba a sentir, pues una vez acabado el chorro de agua oí un silbido y un golpe que cruzó mis nalgas de lado a lado me hizo comprender lo que me esperaba.
Un segundo restallido y esta vez desde otro ángulo mi espalda era cruzada de lado a lado, fue el principio pues durante no se cuantos minutos desde varios ángulos los latigazos marcaron con saña mi espalda, mis brazos, mis piernas y mis nalgas.
Yo me retorcía y pedía piedad gritando y llorando de dolor en castellano y en ingles y a cada petición mía una nueva serie de latigazos completaban el mosaico de señales de mi maltrecho cuerpo, desde diferentes ángulos haciéndome imposible esquivarlos.
Perdí la conciencia ante tamaño castigo.
Mi Diversión en el desierto
Una sensación de ahogo me hizo despertar, gran cantidad de agua fría caía sobre mi cara y mi boca y después por todo mi cuerpo. Los dos hombres que me habían “preparado” para la fiesta de la noche anterior, me rociaban con mangueras de agua a presión.
Yo trataba de esquivarlos pero estaba atada otra vez al suelo donde había dormido.
Por fin pararon y entonces me desataron pero me pusieron a cuatro patas sobre el suelo de paja. No sabía que hora era, ni lo que había dormido. La celda no tenía ventanas.
Mientras pensaba esto uno de los hombres se colocó ante mi y me metió su enorme polla negra en la boca, y al tiempo sentí como el otro situado tras de mi, me endosaba también su aparato en mi coño, ya que mi culo seguía ocupado por la cola de caballo que me habían puesto la noche anterior.
Por supuesto que me follaron sin compasión, y con violencia, dándome azotes y bofetadas, hasta que se corrieron dentro de mi boca y mi coño. Además debía mantenerme a cuatro patas, pues si flaqueaba me golpeaban en los riñones o me tiraban del pelo.
Después volvieron a rociarme con las mangueras mientras se reían y salieron de la celda.
Me quede mojada, dolorida y humillada sobre el suelo de paja húmeda hasta que llego una de las jóvenes esclavas.
Sin decir palabra, me hizo poner otra vez a cuatro patas y me quito el tapón con la cola de caballo. Me miro con lastima y me quede un poco sorprendida. Me entraron entonces unas enormes ganas de defecar, así que le pregunté dónde podía hacerlo, por gestos pues ella no entendía nada, me indico una puerta desvencijada en un lado del chamizo. Me desato y me acompaño hasta la puerta, al abrirla me cegó la luz del sol, era ya de día y aquella puerta daba a una especie de cuadra dónde había cabras, vacas y gallinas. Me indico un rincón sobre el suelo donde había más restos de los propios animales. Se me quedo mirando mientras yo trataba de hacerlo, algo que me costo un rato.
Al terminar mire tonta de mi a mi alrededor buscando con que limpiarme y tan solo vi unas hojas secas con las que trate de hacerlo ante la mirada de la joven. Después ella me acompaño y me volvió atar esta vez de pie junto a la pared. Se marcho.
Apenas unos segundos después entro uno de los hombres y me dijo algo en africano. Yo no me entere, pero unos segundos después llego su amigo con un balde y una especie de fuelle. Me desataron y me hicieron poner en el suelo a cuatro patas, entonces comprendí lo que iba a pasar.
Uno de los hombres cargo el fuelle en el balde de agua y me lo metió por el culo a modo de rudimentaria lavativa, yo grite y entonces el otro hombre se puso ante mí y tras darme una bofetada me metió su polla en la boca para que no gritara mientras me sujetaba la cabeza con las manos. Varias veces hizo el de atrás la operación de limpieza de mi intestino y notaba con vergüenza como todo lo que entraba salía de mi culo sobre el suelo, aunque debido a mi postura y mi boca ocupada en tragar aquella polla no podía ver el charco que se estaba haciendo junto a mis rodillas, aunque notaba chorrear mis piernas.
Cunado creyó oportuno el hombre del fuelle lo dejo y haciéndome levantar me llevo otra vez hasta la pared dónde me ato. El otro siguió masturbándose ante mí y me echó su leche por las piernas y el coño. Después me hizo agacharme para limpiarle los restos y se marcharon los dos.
Me sentí muy humillada y deprimida.
Unos minutos mas tarde entro la joven otra vez, como siempre con el torso desnudo y esta vez me fije en sus pechos firmes y levantados y de un tamaño medio, abajo llevaba una falda de ramas. Trato de no pisar en el charco de mierda que se había formado y tras desatarme me hizo gestos de que la acompañara.
Salí con ella por otra puerta hacia el exterior. Fuera había una especie de poblado donde la gente trabajaba, los niños jugaban… yo me sentí avergonzada allí desnuda, sucia, todos me miraban pero la joven me empujo para que me moviera rápido. Yo trataba de taparme al menos el pubis, después pensé en el ridículo pudor de la situación.
Miraba a mí alrededor tratando de situarme, el poblado estaba al resguardo de unas montañas pero al otro lado solo se veía un interminable desierto.
Andamos unos 50 metros hasta una especie de choza de cáñamo. Me empujo tras la cortina.
La choza era un poco más acogedora. Me fije en varios hombres y mujeres vestidos con taparrabos, las mujeres con los pechos al aire, que estaban en el fondo de la choza.
Un negro ya mayor, que reconocí como mi amo y dueño, con el torso denudo y un taparrabos, sentado sobre unas pieles me miro con detalle. Le dijo algo a un hombre alto situado a su derecha. Este se dirigió a mí en inglés.
“Colócate ahí entre las dos columnas”. Mire al centro de la choza donde dos enormes troncos sujetaban la techumbre. Avance despacio y me coloque entre ambos troncos. La esclava que me acompañaba me ato con dos correas de cuero las muñecas muy apretadas a los troncos, por encima de mi cabeza. El hombre se acerco y me hizo abrir las piernas y levantar el culo. Ato mis tobillos al suelo a unas argollas de madera. De reojo vi al negro mayor acercarse a mí. Me acaricio las nalgas y la espalda y sopeso mis tetas con dedicación. Después dio una orden y una de las jóvenes le puso un preservativo en su más que desarrollado pene que sobresalía de su taparrabos y que ya había mamado la noche anterior y me había follado. Se acerco a mí y siguió acariciándome las nalgas mientras su ayudante separaba mis cachetes y buscaba el orificio de mi culo. Desde que había llegado allí nadie había entrado en mi ano, pero eso sin duda iba a cambiar.
De reojo le vi acercarse y en unos segundos su enorme miembro entraba sin pudor ni cuidado en mi culo taladrándomelo como si fuera a partírmelo. Había silencio total en la choza mientras el hombre empujaba y de un solo golpe enterraba aquella estaca en mis entrañas que se estremecieron. Gemí, casi grite, de dolor y el me golpeo con ambas palmas en las nalgas mientras empezaba un ritmo de mete saca coreado por los presentes y subiendo de ritmo, clavándome sin compasión ni miramientos, mientras el dolor se hacia insoportable para mi. El hombre aguantaba a un buen ritmo, mientras me gritaba en inglés “buena esclava, las zorras blancas son las mejores” y seguía empujando sin contemplaciones, mientras también tiraba con fuerza de mis pezones, haciéndome gritar de dolor.
Pasaron muchos minutos antes de que con un gran gemido se derrumbara sobre mi espalda en señal de que había descargado su semen. Cosa que comprobé al instante pues llegando hasta mi cara me hizo mamarle y limpiarle bien la polla una vez le retiraron el preservativo, después me agarro del pelo y me inclino la cabeza hacia atrás y dejo gotear sobre mi boca abierta el contenido del mismo.
Después me desataron y me sacaron fuera. Debía ser ya casi mediodía por la situación del sol. Me ataron a un poste delante de la choza, desde donde podía ver un gran campo donde trabajadores de ambos sexos laboraban. Al verme empezaron a gritar y a reírse. Las mujeres me miraban con desprecio.
Hacia calor y empezaba a sentir los efectos del sol en mi blanca piel, pasados unos minutos salio el ayudante de mi amo y me roció la cabeza con una botella de agua fría que se agradecía, pero mi apariencia desnuda con todo el pelo mojado allí al sol debía ser horrible.
Cuando el sol empezaba a perder su verticalidad y yo sentía mi piel enrojecida por sus rayos, los dos hombres “encargados de mi” me desataron y me llevaron a rastras hacia la parte de atrás de la choza.
Allí había un gran poste en forma de cruz en el centro de una explanada rodeada de un alto seto.
Me colocaron contra el poste y ataron mis brazos a lo largo de los maderos y mis tobillos al poste central.
Taparon mis ojos con una venda elástica translucida y se hizo el silencio. El sol seguía curtiendo mi enrojecida piel, de pronto un chorro de agua fría me recorrió de arriba abajo haciéndome gemir de dolor ante el contacto del agua con mi quemada piel, pero aquello solo era el principio.
Mientras había sido rociada, no había notado la presencia de más personas a mí alrededor, pero pronto las iba a sentir, pues una vez acabado el chorro de agua oí un silbido y un golpe que cruzó mis nalgas de lado a lado me hizo comprender lo que me esperaba.
Un segundo restallido y esta vez desde otro ángulo mi espalda era cruzada de lado a lado, fue el principio pues durante no se cuantos minutos desde varios ángulos los latigazos marcaron con saña mi espalda, mis brazos, mis piernas y mis nalgas.
Yo me retorcía y pedía piedad gritando y llorando de dolor en castellano y en ingles y a cada petición mía una nueva serie de latigazos completaban el mosaico de señales de mi maltrecho cuerpo, desde diferentes ángulos haciéndome imposible esquivarlos.
Perdí la conciencia ante tamaño castigo.
martes, 23 de febrero de 2010
ESPOSA BLANCA, ESCLAVA EN AFRICA (IV)
ESCLAVA BLANCA EN ÁFRICA IV
En el mercado de esclavos.
Una vez el coche se puso en marcha, note que alguien me levantaba la falda, me deje hacer, no podía hacer otra cosa. Me quitaron el cinturón de castidad y alguien me limpio con agua y jabón y me perfumo. Luego me tumbaron sobre el asiento. Me quede dormida.
Una mujer me despertó "desde este momento tu nombre aquí será "AN" me ayudo a incorporarme "sígueme". Bajamos del coche y entramos en una casa. Allí me quitaron la venda y me desataron las manos. "¿Querrás ducharte?" me dijo la mujer, negra, bien parecida de unos treinta años, me llamo la atención sus grandes pechos aunque levantados y proporcionados, bien vestida aunque al estilo africano, con una túnica de colores. Le dije que sí y me llevo a un cuarto de baño en condiciones, con una ducha, lavabo, la civilización después de lo que había pasado. Me dejo sola.
Me metí bajo la ducha, primero fría para reaccionar y luego templada hasta alcanzar una temperatura ideal, y me deje llevar por el relax.
Después de la ducha, la mujer me llevo a una pequeña habitación sin ventanas donde había una especie de camastro, pero con sabanas limpias y parecía confortable, donde me tumbe y me quede dormida.
Me desperté sobresaltada, no se cuanto había dormido, pero a mi alrededor, varios hombres armados con palos me observaban. Al verme despierta dos se abalanzaron sobre mí y con rapidez me ataron las manos a la espalda y me colocaron una capucha tras ponerme cinta aislante en la boca. Me levantaron de la cama y en volandas me sacaron de la habitación. Bajamos por unas escaleras hasta un coche en marcha.
En el coche me dieron a beber un líquido y en unos segundos estaba otra vez dormida.
Me desperté abofeteada, seguía sin poder ver nada por la capucha y etnia la boca seca y tapada con una cinta. Me despeje y note un tremendo dolor de cabeza, oía ruido a mi alrededor como de estar en una gran sala o algo así. Oía a un hombre que gritaba como en una feria hablando en un lenguaje extraño y la gente gritaba. Me pusieron de pie y me quitaron la capucha. Estaba en un estrado de madera en medio de una especie de nave industrial pequeña, mire a mi alrededor, varios hombres y mujeres negros amordazados y atados de pies y manos estaban junto a mi, entonces me di cuenta d que estaba en un mercado de esclavos. Al igual que los otros, yo estaba completamente desnuda, y sin duda mi blanca piel llamaba la atención, sobre todo por algunas marcas aún visibles de la sesión de latigazos sufrida.
Los presentes eran todos negros, solo yo era de raza blanca.
Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz mejor vi a Hans en un extremo de la sala grabando con una cámara de video, sonreía. Junto a el mis dos supuestos guardaespaldas.
El hombre que voceaba se acercó a mi me agarro por el pelo y me hizo adelantarme al resto. Los presentes gritaban, sin duda me iban a vender.
Mientras hablaba a los presentes el hombre sopeso mis tetas, me abrió la boca como a un caballo, me palmeo las nalgas y la parte interior de los muslos y me hizo ponerme sobre una pierna guardando el equilibrio. Acerco su mano a mi entrepierna y acaricio primero mi peludo coño, luego tiro sin miramientos de mi vello púbico ante las risas de los presentes. Seguía hablando y como subastándome, de pronto un hombre mayor en un extremo de la sala levanto la mano. El hombre que hablaba paro y el público quedo en silencio. El hombre hizo un gesto a otro junto a él y este se acercó hasta el estrado, le dio un fajo de billetes al que gritaba y este me coloco un collar con una correa que entrego al otro hombre. Este tiro de la correa y me obligo a bajar del estrado y entre los gritos de los presentes me saco fuera del recinto.
Era de día, hacia calor y parecía ser más del mediodía, el hombre me llevo a tirones hasta una camioneta desvencijada obligándome a subir a la caja trasera. Me ato las muñecas y los tobillos a unas argollas y se volvió al recinto dejándome allí al sol.
Poco después Hans apareció con su cámara grabando, pero haciendo como que no me conocía, no contestaba a mis llamadas y después de grabarme en aquella situación volvió al recinto. La camioneta se fue llenando con otros esclavos que aquel hombre había comprado, 4 hombres, tres de ellos muy jóvenes y dos muchachas de menos de 20 años. Todos fueron atados igual que yo y al cabo de unos minutos el hombre volvió y tras inspeccionarnos, subió a la cabina y arranco.
Se introdujo por una zona de selva hasta llegar a una especie de claro, donde había una avioneta. Teníamos que agarrarnos fuerte para no caer por los baches del terreno, así que casi instintivamente decidimos tumbarnos unos sobre otros, sentí su piel áspera pero caliente y ellos me miraban con cara de compasión, pero me reconfortaba sentir sus cuerpos junto al mío.
La camioneta se detuvo junto a la avioneta, nos desato pero manteniendo nuestras manos amarradas a la espalda y con unos grilletes que nos unían entre nosotros por los tobillos. Nos hizo bajar de la camioneta y subir a la avioneta, en una especie de bodega, sucia y con cajas obligándonos a sentarnos en el suelo sobre unas mantas raídas y todos juntos, como en una especie de fardo humano, nos rodeo con unas cuerdas y cadenas por la cintura. Me fije entonces en mis compañeros de cautiverio. Las chicas tenían la piel bastante cuidada y parecían limpias, me fije en su sexo muy depilado y comparé con el mío bastante peludo, lamentaba no habérmelo depilado, pero Hans me dijo que no lo hiciera, sin duda buscaba contrastes de mi cuerpo con los nativos, las chicas tenían buenos pechos muy proporcionados a su edad y eran de estatura media.
Los hombre, mas jóvenes, debían pasar los 20 años, fuertes para su edad, latos de piel muy negra también y con un buen pene a pesar de estar en reposo. Me miraban con compasión. El cuarto hombre de unos treinta año, parecía mas curtido, buenos músculos y también bien dotado, pero mantenía los ojos cerrados. Nos echaron una manta por encima y cerraron la bodega.
En unos minutos el traqueteo de la avioneta nos indicó que rodábamos hacia el despegue.
No se el tiempo que estuvimos en el aire, pero una de las chicas, la que iba atada a mi, se mareo y vomito sobre la manta y sobre ella misma y los hombres parecían inquietos. Yo estaba como aturdida pensando en como acabaría todo y que al menos ver a Hans me había tranquilizado un poco.
La avioneta se detuvo y se abrió el portón de la bodega, el hombre tiro de uno de los negros y nos hizo levantar a todos, yo estaba atada entre uno de los hombres jóvenes que no había parado de mirar mi peludo sexo durante el vuelo y la chica que había vomitado.
Bajamos en fila india del avión y nos alienaron sobre el suelo de la pista. Estaba atardeciendo y estábamos en un paraje agreste sin una sola casa alrededor. Un Jeep esperaba un poco más allá pero nada más. El hombre a nuestro cargo se despidió del piloto que me miro con lujuria y el comento algo en africano. El hombre se rió a carcajadas y me miro. Me ruboricé y baje la vista. Al pasar junto a mí el capataz me dio dos palmadas en el culo con bastante fuerza que me hicieron estremecer.
Después se coloco ante la fila y empezó a hablar en africano, los demás le entendían pero no decían nada, yo no entendía nada pero estaba asustada, fue parándose ante cada uno de nosotros y entonces vi que llevaba un látigo en la mano y con el mango levantaba la barbilla de alguno de los otros o se lo pasaba a las chicas por entre las piernas o los pechos, paso a mi lado sonriendo y también me metió el mango por entre las piernas pero con mas dedicación que a las otras y me manoseo personalmente las tetas, diciendo "good, good", luego paso por detrás inspeccionado sin duda nuestros culos y espalda, volvió a darme dos duras palmadas y noté que pasaba su mano por mi espalda "strong" dijo como sorprendido, se retiro unos pasos hacia atrás y el látigo restallo en el aire una vez, la segunda vez tras el ruido note una laceración en mi espalda, el hombre rió al verme encogerme y dijo algo en africano que no entendí pero los otros esclavos creo que habían entendido pues la fila empezó a moverse, yo iba la última.
El hombre de treinta y tantos iba al frente de la línea, el capataz golpeo con el látigo el suelo, el hombre empezó a caminar un poco mas rápido hacia el Jeep. El capataz subió al coche y arrancó mientras el hombre que encabezaba la fila se situaba tras el coche y empezaba a andar.
Estábamos descalzos, yo notaba las hierbas y las tierras bajo mis doloridos pies… ¡iríamos andando detrás del coche hasta donde fuera!. Me armé de paciencia.
Caminamos durante más de media hora, calcule yo, por un sendero de tierra y piedras tras el coche a un buen paso. Mis compañeros de cautiverio parecían caminar sin dificultad pero yo ya tenia heridas en los pies, aunque trate de no rendirme.
Nos detuvimos ante una especie de choza de cañas con tejado de brezo o algo así. El capataz nos desato los grilletes de los tobillos y nos fue haciendo entrar en la casa.
Cunado me toco a mi, entre y vi una serie de vigas de madera alrededor de la misma, en ellas había algunos hombres y mujeres atados a las mismas por la cintura y con los brazos extendidos hacia arriba y los tobillos con grilletes a los lados de las vigas. En las paredes lucían antorchas que iluminaban fantasmagóricamente el lugar.
El capataz de hizo un gesto para que fuera hacia una de las vigas. Me desato las manos pero volvió a unirlas con una soga que lanzo por encima de una viga transversal, empezó a tirar hasta que mis brazos estuvieron bien estirados hacia arriba. Fijo entonces la cuerda tras mi cabeza y me obligo a pegar mi espalda a la viga. Me ato por la cintura con una cinta de cuero a la viga y luego con unos grilletes mis tobillos a la misma.
Así fue haciendo con los que llegaban en el nuevo grupo, aunque había ya allí otros hombres y mujeres, todos negros, atados en la misma posición.
Cuando hubo atado a todos los nuevos, se acerco al centro de la choza donde había una especie de tubo grueso. Dio a un interruptor y el tubo empezó a girar mostrando unos tubos mas pequeños horizontales, de los que empezó a salir un chorro de agua que con gran fuerza nos enchufaba a todos los que estábamos allí atados.
El primer chorro de agua me hizo estremecer, estaba fría, pero después de recibir varios de ellos mi cuerpo se templo.
Al mismo tiempo el capataz con una manguera con agua a presión se detenía en cada uno en determinadas partes de su cuerpo en busca de una limpieza a fondo. Cuando me tocó el turno se aplico sobre todo en mis pechos, provocándome un gran dolor en los pezones cuando los enchufaba el agua y después en mi sexo, donde se mezclaba una sensación d dolor por el impacto del agua y de placer cuando enchufaba a mi clítoris.
Pasados unos minutos, el hombre detuvo la maquina de riego y se retiro sin más, apagando las antorchas y dejándonos me penumbra. Los demás esclavos empezaron a hablar y gemir en voz baja entre ellos, pero en un idioma que yo no conocía, trate de saber si alguien hablaba al menos ingles, pero nadie contesto a mis palabras.
Llevaba ya 48 horas de aventura, estaba cansada, dolorida, asustada, nerviosa…
Quedaban 4 días antes de volver a la civilización… o al menos eso pensaba yo.
En el mercado de esclavos.
Una vez el coche se puso en marcha, note que alguien me levantaba la falda, me deje hacer, no podía hacer otra cosa. Me quitaron el cinturón de castidad y alguien me limpio con agua y jabón y me perfumo. Luego me tumbaron sobre el asiento. Me quede dormida.
Una mujer me despertó "desde este momento tu nombre aquí será "AN" me ayudo a incorporarme "sígueme". Bajamos del coche y entramos en una casa. Allí me quitaron la venda y me desataron las manos. "¿Querrás ducharte?" me dijo la mujer, negra, bien parecida de unos treinta años, me llamo la atención sus grandes pechos aunque levantados y proporcionados, bien vestida aunque al estilo africano, con una túnica de colores. Le dije que sí y me llevo a un cuarto de baño en condiciones, con una ducha, lavabo, la civilización después de lo que había pasado. Me dejo sola.
Me metí bajo la ducha, primero fría para reaccionar y luego templada hasta alcanzar una temperatura ideal, y me deje llevar por el relax.
Después de la ducha, la mujer me llevo a una pequeña habitación sin ventanas donde había una especie de camastro, pero con sabanas limpias y parecía confortable, donde me tumbe y me quede dormida.
Me desperté sobresaltada, no se cuanto había dormido, pero a mi alrededor, varios hombres armados con palos me observaban. Al verme despierta dos se abalanzaron sobre mí y con rapidez me ataron las manos a la espalda y me colocaron una capucha tras ponerme cinta aislante en la boca. Me levantaron de la cama y en volandas me sacaron de la habitación. Bajamos por unas escaleras hasta un coche en marcha.
En el coche me dieron a beber un líquido y en unos segundos estaba otra vez dormida.
Me desperté abofeteada, seguía sin poder ver nada por la capucha y etnia la boca seca y tapada con una cinta. Me despeje y note un tremendo dolor de cabeza, oía ruido a mi alrededor como de estar en una gran sala o algo así. Oía a un hombre que gritaba como en una feria hablando en un lenguaje extraño y la gente gritaba. Me pusieron de pie y me quitaron la capucha. Estaba en un estrado de madera en medio de una especie de nave industrial pequeña, mire a mi alrededor, varios hombres y mujeres negros amordazados y atados de pies y manos estaban junto a mi, entonces me di cuenta d que estaba en un mercado de esclavos. Al igual que los otros, yo estaba completamente desnuda, y sin duda mi blanca piel llamaba la atención, sobre todo por algunas marcas aún visibles de la sesión de latigazos sufrida.
Los presentes eran todos negros, solo yo era de raza blanca.
Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz mejor vi a Hans en un extremo de la sala grabando con una cámara de video, sonreía. Junto a el mis dos supuestos guardaespaldas.
El hombre que voceaba se acercó a mi me agarro por el pelo y me hizo adelantarme al resto. Los presentes gritaban, sin duda me iban a vender.
Mientras hablaba a los presentes el hombre sopeso mis tetas, me abrió la boca como a un caballo, me palmeo las nalgas y la parte interior de los muslos y me hizo ponerme sobre una pierna guardando el equilibrio. Acerco su mano a mi entrepierna y acaricio primero mi peludo coño, luego tiro sin miramientos de mi vello púbico ante las risas de los presentes. Seguía hablando y como subastándome, de pronto un hombre mayor en un extremo de la sala levanto la mano. El hombre que hablaba paro y el público quedo en silencio. El hombre hizo un gesto a otro junto a él y este se acercó hasta el estrado, le dio un fajo de billetes al que gritaba y este me coloco un collar con una correa que entrego al otro hombre. Este tiro de la correa y me obligo a bajar del estrado y entre los gritos de los presentes me saco fuera del recinto.
Era de día, hacia calor y parecía ser más del mediodía, el hombre me llevo a tirones hasta una camioneta desvencijada obligándome a subir a la caja trasera. Me ato las muñecas y los tobillos a unas argollas y se volvió al recinto dejándome allí al sol.
Poco después Hans apareció con su cámara grabando, pero haciendo como que no me conocía, no contestaba a mis llamadas y después de grabarme en aquella situación volvió al recinto. La camioneta se fue llenando con otros esclavos que aquel hombre había comprado, 4 hombres, tres de ellos muy jóvenes y dos muchachas de menos de 20 años. Todos fueron atados igual que yo y al cabo de unos minutos el hombre volvió y tras inspeccionarnos, subió a la cabina y arranco.
Se introdujo por una zona de selva hasta llegar a una especie de claro, donde había una avioneta. Teníamos que agarrarnos fuerte para no caer por los baches del terreno, así que casi instintivamente decidimos tumbarnos unos sobre otros, sentí su piel áspera pero caliente y ellos me miraban con cara de compasión, pero me reconfortaba sentir sus cuerpos junto al mío.
La camioneta se detuvo junto a la avioneta, nos desato pero manteniendo nuestras manos amarradas a la espalda y con unos grilletes que nos unían entre nosotros por los tobillos. Nos hizo bajar de la camioneta y subir a la avioneta, en una especie de bodega, sucia y con cajas obligándonos a sentarnos en el suelo sobre unas mantas raídas y todos juntos, como en una especie de fardo humano, nos rodeo con unas cuerdas y cadenas por la cintura. Me fije entonces en mis compañeros de cautiverio. Las chicas tenían la piel bastante cuidada y parecían limpias, me fije en su sexo muy depilado y comparé con el mío bastante peludo, lamentaba no habérmelo depilado, pero Hans me dijo que no lo hiciera, sin duda buscaba contrastes de mi cuerpo con los nativos, las chicas tenían buenos pechos muy proporcionados a su edad y eran de estatura media.
Los hombre, mas jóvenes, debían pasar los 20 años, fuertes para su edad, latos de piel muy negra también y con un buen pene a pesar de estar en reposo. Me miraban con compasión. El cuarto hombre de unos treinta año, parecía mas curtido, buenos músculos y también bien dotado, pero mantenía los ojos cerrados. Nos echaron una manta por encima y cerraron la bodega.
En unos minutos el traqueteo de la avioneta nos indicó que rodábamos hacia el despegue.
No se el tiempo que estuvimos en el aire, pero una de las chicas, la que iba atada a mi, se mareo y vomito sobre la manta y sobre ella misma y los hombres parecían inquietos. Yo estaba como aturdida pensando en como acabaría todo y que al menos ver a Hans me había tranquilizado un poco.
La avioneta se detuvo y se abrió el portón de la bodega, el hombre tiro de uno de los negros y nos hizo levantar a todos, yo estaba atada entre uno de los hombres jóvenes que no había parado de mirar mi peludo sexo durante el vuelo y la chica que había vomitado.
Bajamos en fila india del avión y nos alienaron sobre el suelo de la pista. Estaba atardeciendo y estábamos en un paraje agreste sin una sola casa alrededor. Un Jeep esperaba un poco más allá pero nada más. El hombre a nuestro cargo se despidió del piloto que me miro con lujuria y el comento algo en africano. El hombre se rió a carcajadas y me miro. Me ruboricé y baje la vista. Al pasar junto a mí el capataz me dio dos palmadas en el culo con bastante fuerza que me hicieron estremecer.
Después se coloco ante la fila y empezó a hablar en africano, los demás le entendían pero no decían nada, yo no entendía nada pero estaba asustada, fue parándose ante cada uno de nosotros y entonces vi que llevaba un látigo en la mano y con el mango levantaba la barbilla de alguno de los otros o se lo pasaba a las chicas por entre las piernas o los pechos, paso a mi lado sonriendo y también me metió el mango por entre las piernas pero con mas dedicación que a las otras y me manoseo personalmente las tetas, diciendo "good, good", luego paso por detrás inspeccionado sin duda nuestros culos y espalda, volvió a darme dos duras palmadas y noté que pasaba su mano por mi espalda "strong" dijo como sorprendido, se retiro unos pasos hacia atrás y el látigo restallo en el aire una vez, la segunda vez tras el ruido note una laceración en mi espalda, el hombre rió al verme encogerme y dijo algo en africano que no entendí pero los otros esclavos creo que habían entendido pues la fila empezó a moverse, yo iba la última.
El hombre de treinta y tantos iba al frente de la línea, el capataz golpeo con el látigo el suelo, el hombre empezó a caminar un poco mas rápido hacia el Jeep. El capataz subió al coche y arrancó mientras el hombre que encabezaba la fila se situaba tras el coche y empezaba a andar.
Estábamos descalzos, yo notaba las hierbas y las tierras bajo mis doloridos pies… ¡iríamos andando detrás del coche hasta donde fuera!. Me armé de paciencia.
Caminamos durante más de media hora, calcule yo, por un sendero de tierra y piedras tras el coche a un buen paso. Mis compañeros de cautiverio parecían caminar sin dificultad pero yo ya tenia heridas en los pies, aunque trate de no rendirme.
Nos detuvimos ante una especie de choza de cañas con tejado de brezo o algo así. El capataz nos desato los grilletes de los tobillos y nos fue haciendo entrar en la casa.
Cunado me toco a mi, entre y vi una serie de vigas de madera alrededor de la misma, en ellas había algunos hombres y mujeres atados a las mismas por la cintura y con los brazos extendidos hacia arriba y los tobillos con grilletes a los lados de las vigas. En las paredes lucían antorchas que iluminaban fantasmagóricamente el lugar.
El capataz de hizo un gesto para que fuera hacia una de las vigas. Me desato las manos pero volvió a unirlas con una soga que lanzo por encima de una viga transversal, empezó a tirar hasta que mis brazos estuvieron bien estirados hacia arriba. Fijo entonces la cuerda tras mi cabeza y me obligo a pegar mi espalda a la viga. Me ato por la cintura con una cinta de cuero a la viga y luego con unos grilletes mis tobillos a la misma.
Así fue haciendo con los que llegaban en el nuevo grupo, aunque había ya allí otros hombres y mujeres, todos negros, atados en la misma posición.
Cuando hubo atado a todos los nuevos, se acerco al centro de la choza donde había una especie de tubo grueso. Dio a un interruptor y el tubo empezó a girar mostrando unos tubos mas pequeños horizontales, de los que empezó a salir un chorro de agua que con gran fuerza nos enchufaba a todos los que estábamos allí atados.
El primer chorro de agua me hizo estremecer, estaba fría, pero después de recibir varios de ellos mi cuerpo se templo.
Al mismo tiempo el capataz con una manguera con agua a presión se detenía en cada uno en determinadas partes de su cuerpo en busca de una limpieza a fondo. Cuando me tocó el turno se aplico sobre todo en mis pechos, provocándome un gran dolor en los pezones cuando los enchufaba el agua y después en mi sexo, donde se mezclaba una sensación d dolor por el impacto del agua y de placer cuando enchufaba a mi clítoris.
Pasados unos minutos, el hombre detuvo la maquina de riego y se retiro sin más, apagando las antorchas y dejándonos me penumbra. Los demás esclavos empezaron a hablar y gemir en voz baja entre ellos, pero en un idioma que yo no conocía, trate de saber si alguien hablaba al menos ingles, pero nadie contesto a mis palabras.
Llevaba ya 48 horas de aventura, estaba cansada, dolorida, asustada, nerviosa…
Quedaban 4 días antes de volver a la civilización… o al menos eso pensaba yo.
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sábado, 13 de febrero de 2010
MUJER BLANCA CASADA, ESCLAVA BLANCA EN AFRICA (III)
ESCLAVA BLANCA EN ÁFRICA III
Sintiéndome esclava.
"Hola pequeña, ¿Cómo va el viaje?" Le dije que bien pero que quería mear. Le dio las llaves del cierre del cinturón a la negra grande que me hizo un gesto de que la siguiera.
Entramos en una especie de cuadra donde había unos caballos, varios cerdos y vacas, detrás de la casa, me quito la falda y la blusa y después me quito el cinturón con los consoladores y mientras yo meaba allí en medio desnuda en cuclillas ante su atenta mirada empecé a sentirme incomoda, "¿tal vez así se sentían los esclavos?" pensé.
"Let us go white slut!" me grito mientras con una manguera limpiaba el cinturón de los consoladores y me lo tendía para ponérmelo. No me pude ni limpiar, ella misma cerró el cinturón y tomándome del pelo me arrastro hacia el interior de la casa.
Al entrar en el salón los cinco hombres me miraron divertidos. Allí estaba, descalza y desnuda con el cinturón de los dildos puesto y chorreándome aún los restos de mi orina y el agua por las piernas.
"¡Arrodíllate puta!" me grito Hans. Me sorprendió, pero sin duda mi esclavitud empezaba ya a ser efectiva. Vi como el hombre mayor del avión la daba un fajo de billetes a Hans y su acompañante me empujaba a arrodillarme ante su jefe. Un gesto me indico que debía sacarle otra vez la polla del pantalón y mamársela. Estaba en ello cuando vi a Hans que haciéndome un gesto de un beso con los labios, salía con mis guardaespaldas de la casa. Oí ruido a mi espalda y antes de reaccionar un seco golpe sobre mis nalgas me hizo sentir un látigo que levantaba un ardor inesperado en mi piel.
Trate de esquivarlo y deje de mamar, lo que me supuso un enorme bofetón del negro mayor "¡sigue mamando zorra¡" grito en un perfecto castellano. Seguí mamando mientras el látigo seguía golpeando mis nalgas, mis costados y mi espalda.
La zurra siguió hasta que el hombre se corrió abundantemente en mi boca haciéndome tragar toda su leche. Me hizo levantar y paso sus dedos sobre los verdugones que el látigo había dejado en mi cuerpo, me ardían y me dolían a la presión, imaginé que para ellos debía ser excitante ver mi cuerpo marcado después de haberme oído gemir con la boca llena de la polla de aquel hombre.
La negra se acercó me cogió por los pelos y volvió a llevarme a la cuadra. Con una cuerda que colgaba de una viga me ato las muñecas y me suspendió del techo. Después con la manguera que había utilizado anteriormente me dio una ducha de agua fría por todos los rincones de mi cuerpo. Cunado el agua incidía con la presión sobre mi lacerado cuerpo la mezcla de dolor y satisfacción era indefinible.
Cuando acabo mi ducha, salio de allí. Me quede suspendida del techo, y algunos animales se acercaron a husmearme, unas cabras, unos cerdos, alguna cabra me lamió los muslos y me olisqueaban el coño tapado con el cinturón de cuero que mantenía mis agujeros ocupados.
Pasado un tiempo, la negra volvió, me desato y cogiéndome nuevamente del pelo me llevo al salón. Allí me limpio a fondo con una esponja de piedra pómez y una toalla grande y áspera, con lo que mis marcas de los latigazos me dolían al contacto con la toalla.
Una vez bien seca, me hizo poner una túnica de colores, unas sandalias y un tocado tipo turbante de lana en la cabeza recogiendo mi pelo. Me roció con una especie de perfume muy penetrante y me unto al cara con una sustancia negra, que oscurecía mi piel, después me llevo junto a a la puerta y me hizo arrodillarme con la espalda bien recta en un rincón.
Al cabo de un rato oí un coche que se detenía. Seguía siendo de noche aunque parecía empezar a amanecer. Oí voces fuera y se abrió la puerta, dos hombres fuertes negros entraron en la sala, me miraron y hablaron con la negra, esta asintió y acercándose me ato las muñecas a la espalda. Uno de los hombres me cogió en volandas y me saco de la casa. Me deposito sin miramientos en la parte trasera de una pick up, junto con varias jaulas de animales y cajas de comida. Subió a la furgoneta y arranco.
Media hora nos separaba del aeropuerto.
Al llegar a la Terminal, el conductor del camión me dio una bolsa de mano con mi documentación y poco más y con gestos me indico que entrara en el aeropuerto. El volvió al camión y se alejó.
Me sentí extraña, con la cara sucia, aquella vestimenta "africana" y sobre todo sola en aquel aeropuerto y con el cinturón de los consoladores puesto y cerrado. Noté que la gente me miraba sorprendida al ver una mujer blanca, con esas pintas. Al menos olía bien tras la limpieza que aquella mujer negra me hiciera.
Entre en el aeropuerto y mire los vuelos, el mío, de South African Airways, SA 1763 salía a las 5,30 y eran casi las 5 de la mañana, fui hacia el control de pasaportes. Para pasarlo no había mucha gente y debí esperar unos minutos.
En la cabina un guardia negro que me miro con sorpresa: "¿Vuela a Gaborone?" me pregunto en inglés sin quitarme ojo. "Sí" contesté yo tímidamente. "¿Y su equipaje?" pregunto él, "Lo facture desde Lisboa" me miró detenidamente "¿A que va a Gaborone?" me quede petrificada, no sabía que decirle, ¿placer?, ¿trabajo? ¿Le contaba que sería explotada sexualmente para un reportaje de TV?... "Voy con un equipo de TV para unos reportajes sobre la fauna del país, pero me despisté y he perdido a mis compañeros, espero encontrarlos en el avión. "¿El nombre de sus compañeros?" me pregunto mientras yo miraba el reloj del aeropuerto y la hora de embarcar se acababa.
Le di el nombre de Hans, consulto sus papeles y llamó a una policía negra que estaba fuera de la cabina. Habló algo en africano con ella y se marchó. La mujer me miró "Esta bien…desnúdate" me dijo en inglés. "¿Cómo?" pregunté sorprendida. "Qué te desnudes" casi me grito. " Perderé el avión" dije compungida. "No lo perderás tranquila, debemos asegurar tu entrega…¿te desnudas o te desnudo yo?" me dijo acercándose.
Me quite lentamente la túnica y ella me miro con gesto sorprendido el cinturón de los consoladores "¿Y eso?" pregunto. No supe que responder. Se colocó detrás de mi y me cacheo de arriba abajo, los pechos los costados, las nalgas. Toco despacio las señales de los latigazos y murmuro "buen trabajo para empezar".
Note que le gustaba sobarme. Me tomo la cara con ambas manos y mirándome a los ojos me beso en la boca con intensidad, me deje hacer y su lengua me penetro casi hasta la garganta, luego se retiro, me dio una palmada en el culo y tras contemplarme unos minutos me hizo vestir otra vez. "¡Sígueme!" me dijo. Así lo hice y me llevó por un pasillo interior.
La hora de despegar se acercaba y yo seguía allí. Estaba asustada, nerviosa y cabreada. Entramos en una sala donde había dos policías. La mujer se volvió hacia mi "desnúdate" me dijo. Intente negarme, pero me dio una bofetada "desnúdate zorra" me grito. Me desnude y los guardias me miraron sorprendidos y sonrientes, se acercaron y tras sobarme bien, se detuvieron en mi cinturón. "¿es cómodo?" me pregunto uno de ellos."Lastima que lleves eso puesto guarra, pues si no ya habrías probado unas buenas varas negras" dijeron dándome unos cachetes en las nalgas. Después la mujer les indico las señales de mi cuerpo "ya ha sido azotada, así que ira a alguna granja de esclavos" dijo sonriendo.
La mujer me hizo un gesto de que me vistiera y me hizo seguirla.
Me dejo al borde de la pista y me indicó un avión pequeño, de hélice. "ese es tu avión puta. Que disfrutes tu experiencia africana zorra blanca" me dijo mientras me pellizcaba los pechos con dureza a través de la túnica y después me empujaba hacia el avión. Una vez en él comprobé los dos moretones que me había dejado en ambos pechos.
Vi gente que subía aún por la escalerilla y como pude corrí hacia el avión. Al llegar una azafata me pidió mi billete. Se lo enseñe y me hizo subir al avión. Me llevo hacia una parte trasera, separada por una especie de reja del resto de la cabina. La gente me miraba sorprendida. En aquella especie de jaula había tres asientos y algunas cajas y utensilios. Me indico un asiento con los ojos. Me senté y me puse en cinturón de seguridad. Unos minutos después subieron dos hombres de mediana edad mal vestidos que entraron dentro de la jaula conmigo y no paraban de mirarme. La azafata echó una cortina que nos separaba definitivamente del resto de la cabina. Observe de reojo a mis compañeros de asiento. Me miraban con descaro.
Oí que el avión iba a despegar pero no había visto a Hans ni a mis amigos. Estaba asustada.
Ya había amanecido y recordaba que en el plan de vuelo, teníamos una hora de viaje hasta Gaborone. El final de la primera etapa de mi viaje se acercaba, llevaba casi 24 horas en danza. Trate de relajarme y dormir.
Me despertaron unas manos sobre mis muslos. Abrí los ojos y fui a gritar, cuando unas manos me taparon la boca. Mis dos acompañantes trataban de pasarse un buen rato conmigo. No sabían que mis entradas estaban tapadas, pero tras descubrirlo, mientras uno me tapaba la boca el otro sobaba mis tetas. Se turnaron en ambas tareas mientras hablaban en algún dialecto que yo no entendía y reían divertidos. Uno me cogió la cabeza y me obligo a meterme la polla de su amigo en la boca. No estaba muy limpia pero era grande y dura, hasta ahora las polla negras que había ido conociendo hacían justicia a la leyenda. Ni que decir tiene que tuve que comerme ambas pollas con el tiempo justo para aterrizar.
Cuando estábamos llegando se corrió la cortina, los hombres le guiñaron un ojo a la azafata. Esta me miro con desprecio, "Cuando aterricemos espera aquí, vendrán a buscarte" me dijo en tono muy seco. Y salio.
Al detenerse el avión, los hombres me guiñaron un ojo y salieron. Yo me quede sentada.
Pasados unos minutos dos hombres negros de fuerte complexión entraron en el compartimiento. Sin decir una palabra me taparon los ojos y me ataron las manos a la espalda. Uno de ellos me cogió por la cintura y me cargo sobre su hombro como un fardo. Sentí el fresco del aire en mi cara al salir del avión.
En unos minutos estaba dentro de un coche, camino de una nueva experiencia.
Sintiéndome esclava.
"Hola pequeña, ¿Cómo va el viaje?" Le dije que bien pero que quería mear. Le dio las llaves del cierre del cinturón a la negra grande que me hizo un gesto de que la siguiera.
Entramos en una especie de cuadra donde había unos caballos, varios cerdos y vacas, detrás de la casa, me quito la falda y la blusa y después me quito el cinturón con los consoladores y mientras yo meaba allí en medio desnuda en cuclillas ante su atenta mirada empecé a sentirme incomoda, "¿tal vez así se sentían los esclavos?" pensé.
"Let us go white slut!" me grito mientras con una manguera limpiaba el cinturón de los consoladores y me lo tendía para ponérmelo. No me pude ni limpiar, ella misma cerró el cinturón y tomándome del pelo me arrastro hacia el interior de la casa.
Al entrar en el salón los cinco hombres me miraron divertidos. Allí estaba, descalza y desnuda con el cinturón de los dildos puesto y chorreándome aún los restos de mi orina y el agua por las piernas.
"¡Arrodíllate puta!" me grito Hans. Me sorprendió, pero sin duda mi esclavitud empezaba ya a ser efectiva. Vi como el hombre mayor del avión la daba un fajo de billetes a Hans y su acompañante me empujaba a arrodillarme ante su jefe. Un gesto me indico que debía sacarle otra vez la polla del pantalón y mamársela. Estaba en ello cuando vi a Hans que haciéndome un gesto de un beso con los labios, salía con mis guardaespaldas de la casa. Oí ruido a mi espalda y antes de reaccionar un seco golpe sobre mis nalgas me hizo sentir un látigo que levantaba un ardor inesperado en mi piel.
Trate de esquivarlo y deje de mamar, lo que me supuso un enorme bofetón del negro mayor "¡sigue mamando zorra¡" grito en un perfecto castellano. Seguí mamando mientras el látigo seguía golpeando mis nalgas, mis costados y mi espalda.
La zurra siguió hasta que el hombre se corrió abundantemente en mi boca haciéndome tragar toda su leche. Me hizo levantar y paso sus dedos sobre los verdugones que el látigo había dejado en mi cuerpo, me ardían y me dolían a la presión, imaginé que para ellos debía ser excitante ver mi cuerpo marcado después de haberme oído gemir con la boca llena de la polla de aquel hombre.
La negra se acercó me cogió por los pelos y volvió a llevarme a la cuadra. Con una cuerda que colgaba de una viga me ato las muñecas y me suspendió del techo. Después con la manguera que había utilizado anteriormente me dio una ducha de agua fría por todos los rincones de mi cuerpo. Cunado el agua incidía con la presión sobre mi lacerado cuerpo la mezcla de dolor y satisfacción era indefinible.
Cuando acabo mi ducha, salio de allí. Me quede suspendida del techo, y algunos animales se acercaron a husmearme, unas cabras, unos cerdos, alguna cabra me lamió los muslos y me olisqueaban el coño tapado con el cinturón de cuero que mantenía mis agujeros ocupados.
Pasado un tiempo, la negra volvió, me desato y cogiéndome nuevamente del pelo me llevo al salón. Allí me limpio a fondo con una esponja de piedra pómez y una toalla grande y áspera, con lo que mis marcas de los latigazos me dolían al contacto con la toalla.
Una vez bien seca, me hizo poner una túnica de colores, unas sandalias y un tocado tipo turbante de lana en la cabeza recogiendo mi pelo. Me roció con una especie de perfume muy penetrante y me unto al cara con una sustancia negra, que oscurecía mi piel, después me llevo junto a a la puerta y me hizo arrodillarme con la espalda bien recta en un rincón.
Al cabo de un rato oí un coche que se detenía. Seguía siendo de noche aunque parecía empezar a amanecer. Oí voces fuera y se abrió la puerta, dos hombres fuertes negros entraron en la sala, me miraron y hablaron con la negra, esta asintió y acercándose me ato las muñecas a la espalda. Uno de los hombres me cogió en volandas y me saco de la casa. Me deposito sin miramientos en la parte trasera de una pick up, junto con varias jaulas de animales y cajas de comida. Subió a la furgoneta y arranco.
Media hora nos separaba del aeropuerto.
Al llegar a la Terminal, el conductor del camión me dio una bolsa de mano con mi documentación y poco más y con gestos me indico que entrara en el aeropuerto. El volvió al camión y se alejó.
Me sentí extraña, con la cara sucia, aquella vestimenta "africana" y sobre todo sola en aquel aeropuerto y con el cinturón de los consoladores puesto y cerrado. Noté que la gente me miraba sorprendida al ver una mujer blanca, con esas pintas. Al menos olía bien tras la limpieza que aquella mujer negra me hiciera.
Entre en el aeropuerto y mire los vuelos, el mío, de South African Airways, SA 1763 salía a las 5,30 y eran casi las 5 de la mañana, fui hacia el control de pasaportes. Para pasarlo no había mucha gente y debí esperar unos minutos.
En la cabina un guardia negro que me miro con sorpresa: "¿Vuela a Gaborone?" me pregunto en inglés sin quitarme ojo. "Sí" contesté yo tímidamente. "¿Y su equipaje?" pregunto él, "Lo facture desde Lisboa" me miró detenidamente "¿A que va a Gaborone?" me quede petrificada, no sabía que decirle, ¿placer?, ¿trabajo? ¿Le contaba que sería explotada sexualmente para un reportaje de TV?... "Voy con un equipo de TV para unos reportajes sobre la fauna del país, pero me despisté y he perdido a mis compañeros, espero encontrarlos en el avión. "¿El nombre de sus compañeros?" me pregunto mientras yo miraba el reloj del aeropuerto y la hora de embarcar se acababa.
Le di el nombre de Hans, consulto sus papeles y llamó a una policía negra que estaba fuera de la cabina. Habló algo en africano con ella y se marchó. La mujer me miró "Esta bien…desnúdate" me dijo en inglés. "¿Cómo?" pregunté sorprendida. "Qué te desnudes" casi me grito. " Perderé el avión" dije compungida. "No lo perderás tranquila, debemos asegurar tu entrega…¿te desnudas o te desnudo yo?" me dijo acercándose.
Me quite lentamente la túnica y ella me miro con gesto sorprendido el cinturón de los consoladores "¿Y eso?" pregunto. No supe que responder. Se colocó detrás de mi y me cacheo de arriba abajo, los pechos los costados, las nalgas. Toco despacio las señales de los latigazos y murmuro "buen trabajo para empezar".
Note que le gustaba sobarme. Me tomo la cara con ambas manos y mirándome a los ojos me beso en la boca con intensidad, me deje hacer y su lengua me penetro casi hasta la garganta, luego se retiro, me dio una palmada en el culo y tras contemplarme unos minutos me hizo vestir otra vez. "¡Sígueme!" me dijo. Así lo hice y me llevó por un pasillo interior.
La hora de despegar se acercaba y yo seguía allí. Estaba asustada, nerviosa y cabreada. Entramos en una sala donde había dos policías. La mujer se volvió hacia mi "desnúdate" me dijo. Intente negarme, pero me dio una bofetada "desnúdate zorra" me grito. Me desnude y los guardias me miraron sorprendidos y sonrientes, se acercaron y tras sobarme bien, se detuvieron en mi cinturón. "¿es cómodo?" me pregunto uno de ellos."Lastima que lleves eso puesto guarra, pues si no ya habrías probado unas buenas varas negras" dijeron dándome unos cachetes en las nalgas. Después la mujer les indico las señales de mi cuerpo "ya ha sido azotada, así que ira a alguna granja de esclavos" dijo sonriendo.
La mujer me hizo un gesto de que me vistiera y me hizo seguirla.
Me dejo al borde de la pista y me indicó un avión pequeño, de hélice. "ese es tu avión puta. Que disfrutes tu experiencia africana zorra blanca" me dijo mientras me pellizcaba los pechos con dureza a través de la túnica y después me empujaba hacia el avión. Una vez en él comprobé los dos moretones que me había dejado en ambos pechos.
Vi gente que subía aún por la escalerilla y como pude corrí hacia el avión. Al llegar una azafata me pidió mi billete. Se lo enseñe y me hizo subir al avión. Me llevo hacia una parte trasera, separada por una especie de reja del resto de la cabina. La gente me miraba sorprendida. En aquella especie de jaula había tres asientos y algunas cajas y utensilios. Me indico un asiento con los ojos. Me senté y me puse en cinturón de seguridad. Unos minutos después subieron dos hombres de mediana edad mal vestidos que entraron dentro de la jaula conmigo y no paraban de mirarme. La azafata echó una cortina que nos separaba definitivamente del resto de la cabina. Observe de reojo a mis compañeros de asiento. Me miraban con descaro.
Oí que el avión iba a despegar pero no había visto a Hans ni a mis amigos. Estaba asustada.
Ya había amanecido y recordaba que en el plan de vuelo, teníamos una hora de viaje hasta Gaborone. El final de la primera etapa de mi viaje se acercaba, llevaba casi 24 horas en danza. Trate de relajarme y dormir.
Me despertaron unas manos sobre mis muslos. Abrí los ojos y fui a gritar, cuando unas manos me taparon la boca. Mis dos acompañantes trataban de pasarse un buen rato conmigo. No sabían que mis entradas estaban tapadas, pero tras descubrirlo, mientras uno me tapaba la boca el otro sobaba mis tetas. Se turnaron en ambas tareas mientras hablaban en algún dialecto que yo no entendía y reían divertidos. Uno me cogió la cabeza y me obligo a meterme la polla de su amigo en la boca. No estaba muy limpia pero era grande y dura, hasta ahora las polla negras que había ido conociendo hacían justicia a la leyenda. Ni que decir tiene que tuve que comerme ambas pollas con el tiempo justo para aterrizar.
Cuando estábamos llegando se corrió la cortina, los hombres le guiñaron un ojo a la azafata. Esta me miro con desprecio, "Cuando aterricemos espera aquí, vendrán a buscarte" me dijo en tono muy seco. Y salio.
Al detenerse el avión, los hombres me guiñaron un ojo y salieron. Yo me quede sentada.
Pasados unos minutos dos hombres negros de fuerte complexión entraron en el compartimiento. Sin decir una palabra me taparon los ojos y me ataron las manos a la espalda. Uno de ellos me cogió por la cintura y me cargo sobre su hombro como un fardo. Sentí el fresco del aire en mi cara al salir del avión.
En unos minutos estaba dentro de un coche, camino de una nueva experiencia.
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