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Al placer y la lectura... la imaginacion la pones tu. To the pleasure and the reading... the imagination puts it your. (Nota: Busco dibujantes para convetir a dibujos o comics mis relatos, sin animo de lucro.) (Notice: I look for designers for convert to drawings, 3D or comics my stories, for free distribution) Visita, http://x3dstoriesvideos.blogspot.com/ Actualización de relatos y videos cada dos días, aproximadamente. Upload, stories and videos, every two days aproxymately

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jueves, 19 de agosto de 2010

UNA ZORRA PARA DOS (IV)

(IV)


Roxana aguantaba los envites cada vez más fuertes de Marco sobre su coño. Pero estaba segura de que si el no se corría pronto, no podría aguantar mucho más.

Marco seguía empujando cada vez con más fuerza mientras tumbado sobre la espalda de ella, masajéaba, amasaba, e incluso a veces apretaba hasta hacerse el mismo daño aquellas bamboleantes tetas, haciéndola gritar cuando la presión de sus manos sobre los pechos de ella era tan fuerte que parecía que la carne se escaparía entre sus dedos, y aquellos calientes globos estallarían.

Él recordaba que Joan le había comentado alguna vez que Roxana habría estado un fin de semana con un amigo que había empezado a entrenarla en las técnicas del sado, por ello seguía apretando aquellas tetas sin piedad mientras bombeaba sobre el coño de la mujer de su amigo.

Cuando por fin se corrió en sus entrañas siguió envistiendo con la intención de hacerla caer, para así poder azotarla. Cuando parecía que no lo conseguiría, ella fruto del cansancio, de aguantar los empujones y el peso de aquel macho se dejó caer de bruces sobre la cama.

Entonces Marco no quiso cometer errores recordó donde guardaba su amigo el látigo, pero prefirió coger su propio cinturón y sin darle tiempo a reaccionar comenzó a golpearle con él las nalgas.

Roxana dio un respingo con el primer correazo... " que haces estás loco " e intentó levantarse, pero Marco la volvió a empujar sobre la cama... " te dije que si no aguantabas te castigaría... Y es lo que voy a hacer... " y diciendo esto comenzó a descargar su cinto sin contemplaciones sobre la espalda y las y nalgas de ella.

Roxana se revolvió... " espera un momento... Sí vas a castigarme hazlo con algo que no deje huellas... " y volviéndose sobre un costado la señaló el armario... " ahí en un rincón hay un látigo de siete colas con el que Joan me azota algunas veces... Y en el cajón de la mesilla unas esposas con las que me ata a la cama... " dicho esto volvió a tumbarse boca abajo sobre la cama pero esta vez con las piernas y brazos en cruz esperando ser atada.

Marco no podía creerlo su sueño se estaba cumpliendo pero incluso ella se prestaba a ser su esclava.

Sacó el látigo del armario y lo dejó sobre la cama luego sacó las esposas del cajón y ato sus muñecas al cabecero de la cama, después hizo lo mismo con los tobillos atándolos a las patas traseras de la cama.

Observó aquel cuerpo totalmente estirado en cruz ofreciéndole sumisión.

Tomo el látigo con la mano derecha y comenzó suavemente a golpear la espalda, las nalgas, y los costados de aquella mujer, hace unos minutos orgullosa y rebelde y que ahora se brindaba a él.

Conforme el látigo caía sobre aquella blanca piel está iba tomando tonos primero rojizos y luego púrpura. La piel parecida en el límite de su aguante. Cuando creyó que el castigo era suficiente, Marco dejó el látigo sobre la cama y se fue al baño. Mientras se duchaba pensó que por hoy era suficiente y que muy pronto la tendría totalmente a su disposición incluso para aquellas orgías con las que soñaba Joan.


Una vez regresó al dormitorio ella continuaba en la misma posición.

Se fue vistiendo lentamente mientras contemplaba aquel templo de placer y deseo. Rememorando su sueño y antes de ponerse la chaqueta, le dio dos fuertes azotes con la mano abierta en ambas rojizas y doloridas nalgas arrancando un gemido de su garganta.

La contemplo despacio, las marcas de su espalda y su culo que sin duda Joan vería y le excitarían. No había escatimado en la fuerza y sucesión de los latigazos, que ella al principio había tratado de esquivar en oro excitante ejercicio físico de aquella espectacular mujer, y que al final acabo, por cansancio y quizá por el propio placer, aceptando solo gimiendo en cada impacto sobre su piel.

Luego se acercó a ella y retirando el antifaz, dejó junto a su cara un billete de 5000 pesetas mientras sonriendo le decía": este es tu precio, dáselas a tu marido, por haberme permitido disfrutar de ti ".

Unos minutos después Marco conducía su coche devuelta a su oficina cuando de pronto sonó su móvil.

Aparcó a un lado y miró quien le llamaba su amigo Joan": lo has pasado bien cabroncete, al menos podrías haberla desatado, el fin luego quedamos y me lo cuentas. Ahí sigue y parece que ella también lo ha pasado bien. AHORA LE VOY A DAR YO UN REPASITO, ENHORABUENA CAZADOR " y colgó.

Aquella noche los dos amigos cenaron juntos celebrando la realización de su sueño.

La mujer de Joan durmió atada a la cama y desde aquel día un par de días por semana Marco la visitaba en su casa y otro día la hacía acudir vestida como una puta, en pleno día, a su oficina en plena castellana de Madrid disfrutando de ella cuanto quiere mientras ella piensa que su marido no lo sabe, hasta que un fin de semana y desde entonces un par de ellos al mes ambos, Marco y Joan, la comparten durante horas mientras la preparan para el gran sueño de los amigos: una gran orgía con tres o cuatro hombres más todos contra ella, y por sorpresa.

Pero como fue el primer fin de semana con los dos y su gran sueño será otra historia que os contaré en otro momento.

sábado, 15 de mayo de 2010

ESPOSA BLANCA, ESCLAVA EN AFRICA (IX)

Esclava Blanca en África IX


Como un animal.

Cuando hube terminado de comer, me sentía con más fuerzas y como eufórica, los hombres que había allí, ya mayores y cubiertos solo con un escueto taparrabos, bebían una especie de cerveza turbia, uno de ellos me miro y le dijo algo al otro.

Se acercó y me dio a beber de su cuenco, sabia como a jengibre era dulzón, pero no era agradable, bebí un par de sorbos y me negue a seguir haciéndolo, pero el hombre pareció enfurecido, me sujeto la cabeza y mientras el otro vertió gran cantidad de ese brebaje en mi boca casi atragantándome.

Me sentí como mareada, pero trague el liquido vertido por los hombres, después me soltaron y volvieron a su trabajo.

Me sentía bien, allí sentada en el suelo.


Mire a los hombres y les vi sacar de una especie de alacena una serie de aperos y arreos, detuvieron la noria y desengancharon al caballo que la movía.

Lo sacaron fuera del establo y al cabo de unos minutos regresaron riendo.

Se acercaron a mi y me desataron, me hicieron levantar y me sobaron bien todo el cuerpo mientras hablaban y reían entre ellos, me magrearon bien las tetas, el culo, y metieron su mano ruda y no muy limpia entre mis piernas tanteando mi sexo.

Me sentía incomoda, aunque algo excitada, así manoseada y me sorprendía mi docilidad y sumisión, pero sin duda empezaba a asumir inconscientemente mi papel de esclava.

Observé bajo sus taparrabos una prominente erección y al darse cuenta de mi observación, rieron y se quitaron el taparrabos. No estaban mal dotados para la edad que aparentaban y me hicieron acariciar sus falos con mis manos y me hicieron gestos de que se los chupara.

Me arrodille ante ellos y comencé a chuparlos alternativamente, no estaban circuncidados y su sabor no era muy bueno, pero no pude rehusar seguir mamando, mientras ellos reían y sujetaban mi cabeza.

De pronto se abrió la puerta y entro el capataz que me había azotado el primer día.

Zorra sigues aprendiendo eh, ¿tan salida estas que ya te da lo mismo que pollas chupar?" se volvió a los dos hombres "Fuera de aquí cerdos, esta puta no es para daros placer a vosotros" les grito.

Salieron de allí riéndose y gritando.

El hombre me hizo levantar y me coloco en medio del establo.

Fue hacia el muro donde estaban los arreos y aperos que habían sacado los hombres y cogió varias piezas, se acercó a mí.

Me manoseo bien mientras me decía que si su amo le diera permiso me iba ha convertir en una auténtica esclava y me daría tal castigo que o lo aguantaba para su placer o moriría. Ese pensamiento me hizo estremecer.

Cogió un cinturón de esparto y lo coloco en mi cintura, lo aseguro con unos ganchos presionado de tal forma que me cortaba la respiración.

Después me hizo subir sobre un banco y me ato los tobillos con grilletes muy cortos entre si, haciendo igual con mis manos.

Me hizo bajar de un salto del cajón, con mis tobillos unidos me trastabillé y caí de bruces al suelo ante sus carcajadas, magullándome el pecho y la cara ante su regocijo, y cogiéndome del pelo me arrastró unos metros hasta ponerme en pie, entonces me colocó un collar de hierro en el cuello que también me agobiaba.

Después me colocó una cinta de cuero que tapaba mis orejas y con dos aberturas a la altura de mis ojos, pero con unos apéndices de cuero que me impedían mirar a mí alrededor.

Me pinzó los pezones con unas pinzas de dientes que me provocaron un gran dolor e incluso note un reguero de sangre brotar de mis pezones, las pinzas se unían por una cadena entre si y esta al collar, y empezó a tirar de ella, "muévete" me dijo mientras tiraba de la cadena y me llevaba al centro del establo, pensé que me arrancaría los pezones, así que me apresuré por seguirle, pero mis tobillos atados volvieron a dar con mis huesos en el suelo, ante sus carcajadas "eres floja de patas potrilla, pero yo te haré una jaca fuerte y resistente y capaz de aguantar un buen castigo".

Me dejo allí tras colocarme una mordaza con una bola de cuero.

No podía oír nada por la cinta de cuero, pero enseguida sentí…

Otra vez el látigo de un solo hilo de cuero, golpeaba mi costado y se enrollaba en mi cuerpo haciéndome tambalear. Lo desenrosco de mi cuerpo y volvió a golpear ahora a la altura de mis pechos, cruzándolos de lado a lado, así con parsimonia y estudiada técnica fue marcando milímetro a milímetro mi cuerpo, pero no sentía tanto dolor como en otras ocasiones, "me estaré curtiendo" pensé, mientras milimétricamente el látigo marcaba líneas casi paralelas a lo largo de mi cuerpo.

Cuando éste estuvo convenientemente marcado por las líneas rojas, en alguna zona mas intensas e incluso alguna sangrante, a lo largo de todo mi cuerpo se detuvo.

Se acercó por detrás y me tiro del pelo echándome la cabeza hacia atrás, me miro desde su posición y me escupió en la boca.

Después me rodeo, agarró la cadena que unía mis pechos y tiro con fuerza hacia la noria obligándome a seguirle si no quería perder mis pezones ya casi insensibles por el dolor.

Entonces colocó un cinturón de cuero sobre el de esparto, apretándolo bien, dejándome casi sin respiración, y con unas argollas que unió a la rueda media de la noria.

Después unió mi cuello a la rueda alta de la noria mediante una barra unida al collar metálico que llevaba.

Mis manos quedaron fijas por los grilletes a una barra delate de mi cintura, sujeta a la noria.

Me miro sonriendo y se coloco tras de mi.

Sentí otra vez el látigo en mi espalda y comprendí que debía moverme. Avance con dificultad con mis tobillos encadenados y note como la noria empezaba a moverse, el siguió azotando mi espalda, mientras yo avanzaba convertida en una bestia de arrastre.

El sudor cubría mi cuerpo haciendo que mis heridas me escocieran de forma inaguantable y más cada vez que el látigo marcaba otra vez mi culo o mi espalda y muslos.

Solo cuando yo parecía coger un buen ritmo en mi "trabajo" dejaba de azotarme, pero en cuanto bajaba el ritmo, volvía con más fuerza a señalar mi culo y mi espalda alcanzando a veces mis pechos que con las pinzas y la cadena sufrían ya una cierta hinchazón.

Aquella sesión se hizo interminable y cuando ya me vio muy agotada y entregada decidió parar de azotarme, aunque me indicaba que siguiera mi recorrido circular, hasta que extenuada me derrumbe sobre la barra, pero con mi cabeza fija por sus ataduras.

Volvió a escupirme en el rostro y se marcho.

Me quede sola otra vez con mi humillación y mi angustia, había perdido la noción del tiempo, no sabio que día era, si era de día o de noche, y la angustia me agobiaba.

Llegaron entonces los dos viejos y mientras reían y hablaban entre si, me desataron y quitaron todos los aperos.

Me dieron a beber un cuenco de su mejunje anterior y como ya era de esperar me hicieron tumbar boca abajo sobre el cajón, con mis tetas colgando, que uno de ellos se entretuvo en golpear con unas ramas de lado a lado mientras el otro… me follaba hasta correrse en mi espalda.

Después el otro tomo el relevo y cuando se hubo corrido, los dos salieron del establo.

Me deje rodar hasta el suelo, y allí me quedé extenuada y dolorida.

jueves, 4 de marzo de 2010

OBJETO DE CAMBIO (III)

Objeto de Cambio (Capitulo III)


Resumen:
De regreso de una fiesta una pareja son asaltados en la carretera. Trasladados a un establo por sus cuatro asaltantes, el hombre es atado y golpeado y la mujer violada y ultrajada durante 4 horas…



En casa

Cuando pude terminar de vestirme, y recuperar un poco mi dignidad, me acerque para ayudar a mi marido que estaba tendido en el suelo, maltrecho por la paliza de aquellos hombres.

Mi cuerpo estaba pegajoso y sucio, y a duras penas podía aguantar mi propio olor.

Le levante y como pude le metí en el coche.

“Perdona cariño…” me decía…” no pude hacer nada…” se lamentaba implorante.

“No te preocupes… fue mejor así, de otra forma quizá nos hubieran matado…”

“Pero tú…” insistía el…”lo has pasado … muy mal…” decía tratando de consolarme…

“No te preocupes… ya pasó…” le dije poniéndome al volante del coche…

Arranqué y en pocos minutos entrábamos en el garaje de nuestro chalet…

El estaba un poco más animado…

“Si no me hubieran atado y golpeado…” se lamentaba no obstante…

Pero mi cabeza empezaba a elucubrar, quizá por el shock recibido y la falta de sueño, extrañas sensaciones…

“Déjalo…vamos a dormir un poco…”


Subimos al dormitorio de nuestra cómoda y confortable casa…

Entre en el baño y me prepare un caliente lecho de agua en la bañera donde pensaba sumergirme al menos durante un par de horas…

El se tumbó sobre la cama… murmurando…”mañana lo denunciaremos a la policía…”

La policía…?, que pintaba allí la policía, aquellos hombres sabían donde vivíamos, y habían prometido volver a cobrar, incluso podrian secuestrarme y venderme por ahí, un escalofrio me recorrio de arriba bajo mezcla de miedo y... ¿excitación?, así que mejor de momento esperábamos su visita y luego…

Mi marido se quedo dormido y yo entré en el cuarto de baño…

Ya frente al espejo mural me contemple detenidamente…

Durante casi 15 años, había sido de un sólo hombre, y hacia apenas unas horas, mi cuerpo había sido el juguete y disfrute de cuatro machos, mas jóvenes que mi marido y por ello quizá mas deseosos de gozar…

Me fui quitando despacio la sucia y destrozada ropa, que tan sólo la noche antes había sido la sensación de la fiesta…

La fiesta…!!!, que fiesta…?, para mi la fiesta quedaba en mi memoria como algo extraño, algo lejano, algo que parecía irreal frente a las cuatro horas vividas intensamente en aquel establo, sola, desnuda, frente a aquellos cuatro hombres insaciables…

Me sumergí despacio en el cálido lecho de agua, y me deje envolver por su fragancia y su reparadora caricia sobre mi maltratada piel…

En el espejo, había visto las señales rojizo pardas de los cinturones de aquellos hombres sobre mis nalgas y parte de mi espalda mientras me parecía volver a oír su restallar en el aire y su agudo dolor sobre mi piel… y aquellas dos “X” que marcaban mis glúteos como las marcas del ganado…

Ahora con el agua y la sales de baño, mis heridas me dolían pero al tiempo se restañaban después de lo vivido…

Poco a poco mi mente se fue quedando en blanco, y mi cuerpo se sumergió en aquel reparador baño…

Me desperté de pronto, con sensación de frío…, trate de incorporarme pero estaba entumecida, dentro de la bañera, que ahora me parecía incomoda debido a que el agua se había enfriado…

Escuche despacio… no se oía ni un ruido en la casa… mire el reloj digital del baño… marcaba las 10 de la mañana…

Salí del baño y alcancé la toalla… me envolví en ella y salí al dormitorio…

Sobre la cama sin desnudarse, mi marido dormía con un gesto de dolor en su cara…

Le contemplé despacio… había hecho lo que había podido, seguro que al revés, yo no hubiera podido hacer nada… incluso mientras aquel tío me follaba sobre el capó del coche y los otros hombres golpeaban a mi marido, no me sentí culpable…

Un momento…!!!, de pronto me di cuenta de que no me había sentido culpable casi desde que me ataron al coche…

La excitación… el miedo… buscaba en mi interior justificación a aquellas horas de sexo forzado, pero no rechazado…

Mi marido se revolvió en la cama… “No…!!!, no lo haga, por favor…!!! No…!!!”, decía una y otra vez…

Me acerqué y le bese en la frente…

martes, 2 de marzo de 2010

ESPOSA BLANCA, ESCLAVA EN AFRICA (V)

ESCLAVA BLANCA EN ÁFRICA V



Nuevas sensaciones


El tiempo se hace eterno cuando esperas algo, pero pasados unos minutos, un hombre entró en la choza y volvió a encender las antorchas que rodeaban la misma. Sentía frío, mi piel estaba aterida.

Cuando termino de encenderlas todas salio y al instante entro el capataz con un largo látigo. Fue acercándose uno por uno a la docena de esclavos que allí estábamos y preguntaba algo a cada uno y según la respuesta le abofeteaba o le tiraba de los pezones en el caso de las mujeres o de los huevos en el caso de los hombres. Se acercaba a mí.

Al llegar a mi lado me cogió por el pelo y me levantó la cara "¿Está cómoda la zorra blanca?" preguntó en ingles, quizá pensando que yo no contestaría, "pronto serás usada como una buena esclava, tu amo ha pagado mucho por ese cuerpo blanco y caliente..." siguió antes de que yo pudiera contestar… me miro despacio "please…" sólo pude decir.

Me dio un bofetón que puso mi cara muy caliente, y tras retorcerme los pezones y palmearme las tetas se separo de mi "Así que vienes de lejos para jugar? ¡¡Pues juguemos¡¡" dijo y haciendo restallar el látigo sentí una laceración que me cruzo ambos pechos. Mire y una línea roja empezaba a formarse justo en el centro de mis pechos cruzando los pezones… no tuve tiempo de reaccionar cuando un nuevo restallido termino con una nueva marca entre mis caderas cruzando mi vientre y un tercero marco mis dos muslos. Se detuvo y me miró…

"Yo creo que lo pasaremos bien contigo zorra, por lo que me han dicho tienes madera de esclava y un cuerpo para torturarlo a placer" se acercó otra vez y tras pasar sus dedos con fuerza sobre las señales de mis pechos me cogió la cara y me escupió en la boca, entonces se volvió y riendo a carcajadas siguió la inspección de los otros esclavos.

Me dolían las marcas de aquel látigo, empezaba a tener miedo la aventura empezaba a ser peligrosa. No había visto no obstante como Hans observaba y grababa todo lo sucedido como después me mostraría.

A unos esclavos jóvenes que había un poco mas allá les dio algún latigazo y luego les metió el mango del látigo por el ano entre los gritos de dolor de los hombres, y a una de las mujeres la azoto durante varios minutos sin piedad por todo el cuerpo dejándole grandes señales e ignorando los gritos de dolor de la mujer.

Terminada la inspección el capataz salio. Entonces entraron varios hombres que fueron desatando a algunos esclavos y se los llevaron a rastras.

Pasados unos minutos el propio capataz vino a buscarme, me desato los tobillos y las muñecas, pero me puso unos grilletes en ellas y un collar de cuero con una traílla que sujeto e su mano. Llevaba una fusta en la mano y con ella me empezó a azotar las nalgas mientras me decía en ingles que me moviera.

" ¡Vamos puta zorra, muévete ¡¡¡ "

Salimos de la choza. Era ya de noche. A lo lejos vi una enorme casa con muchas luces y antorchas que la rodeaban. Caminamos por un sendero hacia la mansión, el me seguía azotando la espalda y las nalgas y me gritaba que acelerara el paso.

" hurry, dirty white slut!"

Cuando llegamos a la casa, había mucha gente, era como una especie de fiesta, pero el capataz rodeo la entrada y me llevo por una puerta trasera. Llegamos a un portalón y allí había una mujer negra grande y gorda esperando. El hombre me empujó hacia ella.

" ! empieza la fiesta, furcia!"

La mujer me agarró por los pelos y me introdujo dentro. Era como una especie de establo. Me llevo al centro y me hizo meterme en una especie de tina llena de agua y espuma. Dos mujeres mas se acercaron con unos grandes cepillos y entre las tres empezaron a frotarme todo el cuerpo. Me escocia al frotar y las señales de los latigazos me dolían de gran manera. Tras unos minutos me sacaron de la tina y la mujerona me enchufo con una manguera de agua a presión. Después me secaron el pelo y me pusieron unas coletas con abalorios. La mujer miro mi sexo peludo y les dijo algo a las otras dos. Estas cogieron unos cepillos más pequeños y me cepillaron el sexo hasta dejármelo casi en carne viva.

Entonces la vieja me hizo sentar con las piernas abiertas sobre un banco de piedra, las otras dos me sujetaron las piernas y aquella mujer sin pensárselo dos veces me metió casi toda la mano en el coño con una especie de guante de crin. Gemí y grite de dolor y vergüenza, pero ella siguió su faena rebuscando dentro de mi coño. Pasados unos momentos una de las mujeres le dio una especie de vasija con un ungüento azul que distribuyo por mis sexo externo e interno, luego con una especie de cánula lo lleno de agua varias veces hasta que se dio por satisfecha. Sin duda me había hecho una buena limpieza vaginal.

Después observó detenidamente mi sexo, pensé que me iban a depilar pero no lo hicieron. Después me pusieron una túnica blanca, con unos orificios que dejaban salir mis tetas cuyos pezones habían coloreado con unas pinturas, en rojo y marrón, y una abertura a la altura de mi sexo y culo, después me pusieron unas sandalias atadas a los tobillos.

Me miraron y se felicitaron riendo entre ellas.

Una salio y al rato volvió con el capataz.

"buen trabajo! " dijo el hombre cogiéndome de un brazo y riéndose añadió "...aunque poco le durara la limpieza a esta cerda". Me llevo hacia donde se oían las voces.

Entramos en un gran salón iluminado por antorchas donde una gran cantidad de personas de varias razas charlaban y bebían. Un hombre vestido de criado me puso un collar y una cadena al cuello y tras atar mis brazos a la espalda a la altura de los codos con dos correas, me llevo hasta el centro del salón, por la postura mis pechos se elevaban y salían hacia fuera.

La música se detuvo y todos se volvieron a mirarme lo que me causo una gran vergüenza. El hombre me había puesto unos grilletes en los tobillos unidos con una pequeña cadena para evitar que huyera, así que debía andar a pequeños saltos haciendo moverse a mis pechos.

El hombre que había pagado por mí en el mercado se acercó, de pie era mucho más alto y fuerte. Me acaricio la cabeza y me presento como su última adquisición en el mercado de esclavos aquella mañana. Y añadió que en cuanto me prepararan estaría a disposición de los invitados.

Hizo un gesto a sus hombres y estos me llevaron en volandas colocándome sobre una especie de silla con soportes para las piernas. Me ataron las manos por detrás de la nuca y me abrieron bien de piernas.

Entonces mi amo se acercó con una vasija de loza y una navaja muy afilada que brillaba, me mojaron el coño y el hombre con una maestría que me sorprendió empezó a depilarme mi sexo después de ponerse unos guantes de cirujano.

El silencio era total. Cuando hubo terminado un hombre se acercó y vertió un liquido color ópalo brillante sobre mi coño recién depilado… creí morir del dolor, del escozor, un alarido salio de mi boca, y uno de los hombres trató de tapármela.

"Déjala que grite" le dijo mi amo, "me gusta oír bramar a las esclavas y aún mas si son blancas como esta, he pagado una buena cantidad por disfrutarla, gozarla y… hacerla sufrir", dijo sonriendo con una extraña mirada que me asustó. Seguí gimiendo de dolor. Me desataron de la silla y volvieron a unir mis tobillos y atar mis brazos a la espalda.

Dos jóvenes que había visto también es la choza al llegar, que llevaban una faldita de tiras de piel y un tocado de colores en la cabeza se acercaron y me acompañaron tras una puerta. Apenas podía andar de la molestia en mi coño que me ardía como fuego y mi patoso andar entre los grilletes y el dolor hizo reír a los presentes.

Entramos en una sala iluminada con antorchas, había alfombras por el suelo y en el centro unas cadenas que colgaban del techo. Las chicas me quitaron la túnica y me soltaron el pelo. Después me hicieron sentar sobre un banco de piedra, dos hombres se acercaron y me inclinaron doblada sobre mi vientre, quitaron la cadena que unía mis tobillos y la sustituyeron por una barra de un metro que me hacia tener las piernas separadas. Después ataron mis muñecas con grilletes a los de los tobillos y me colocaron un collar rígido que me obligaba a tener la cabeza levantada.

Pasaron unas cintas de cuero por mi cintura y bajo mis muslos, y colocaron una cinta de cuero bajo mis brazos entre la cabeza y el pecho con un gancho en la espalda. De la cinta de cuero que ataba mi cuerpo a mis muslos también colocaron un gancho que unieron a una cadena. A su vez esa cadena la engancharon a las que colgaban del techo, al fondo un negro fornido tiro del otro extremo y empezó a levantarme.

Quede suspendida en el aire a medio metro del suelo. Uno de los hombres me hizo chupar un consolador negro que llevaba unas crines de caballo en la punta y después me lo metió por el culo de un solo golpe, fijándolo por delante de mi vientre con una correa de cuero.

Todos parecieron satisfechos del trabajo. Me dolía el cuello de no poder doblar la cabeza, pues también habían unido el collar a los ganchos que me suspendían del techo.

Me habían colocado de frente a una puerta. Por ella desaparecieron y minutos después varios hombres de la fiesta entraron en la sala bebiendo y riendo. Me miraron sorprendidos, tras ellos entro el anfitrión, aquel hombre negro que era mi amo desde hacia unas horas.

Todos me rodearon y empezaron a acariciarme. Mi amo se coloco frente a mí y me levanto más la cabeza, me miro a los ojos y me sonrió. Llevaba una fusta de cuero rígida terminada en una especie de hilo más flexible. Me rodeo despacio y me miro detenidamente ante la expectación de los presentes. Se colocó tras de mi y sin previo aviso descargo su fusta entre mis muslos, con varios movimientos rápidos que yo oía silbar, en mis muslos, sexo y nalgas notaba como si me cortaran con hojas de afeitar y el dolor era agudo. Empecé a gemir y acabe gritando. Entonces se detuvo y se coloco frente a mí.

"Solo quería saber de que color era la sangre de una esclava blanca" Después se abrió el pantalón y sacando su polla de un buen tamaño, que yo ya conocía, me la metió en la boca. Me sujetaba por la cabeza mientras me follaba hasta la garganta a un ritmo suave al principio pero que iba aumentando poco a poco. A cada empujón entraba más dentro y yo creía ahogarme. Los presentes todos hombres le jaleaban y el subía el ritmo llegando casi a asfixiarme en algún momento. Yo me balanceaba conforme él me empujaba y todos coreaban el ritmo.

Pasados unos minutos, salio de mi boca y vi aquel enorme miembro grande y duro brillar con mi saliva. Me hizo girar y colocándose tras de mi, me lo endosó por el coño, ya que en el culo tenia el rabo de caballo, que precisamente con sus envites se clavaba aun más profundamente en mi culo provocándome unos calambres como eléctricos que cortaban el placer de la follada. Siguió con sus envites a veces dejándome salir y balancearme para volver a insertarme hasta bien dentro con aquella polla, me dolía en cada penetración, imagino que por los cortes de la fusta, pero aunque yo gritaba el seguía a su ritmo. Por fin se corrió abundantemente y tras darme unas palmaditas en las nalgas, se puede decir que había inaugurado la diversión de los demás hombres para el resto de la noche.

Note las miradas de aquellos hombres clavadas en mi cuerpo e incluso me miraban a los ojos llorosos como queriendo entrar dentro de mi, aunque eso lo harían enseguida. Yo me sentía avergonzada y humillada mientras notaba el semen de mi amo, chorrear entre mis piernas.

Durante las siguientes horas mame varias pollas y fui ensartada varias veces, algunos hombres mientras les mamaba me obligaban a mirarles mientras me insultaban y abofeteaban. Aunque hubo ratos de descanso en los que las dos esclavas me daban bebidas, yo creo que afrodisíacas, pues cada vez estaba yo mas caliente y como flotando y me limpiaban mi coño con unas esponjas con espuma y lo dejaban listo para el siguiente invitado,

Me dolía la espalda por la postura y la suspensión cuando los dos hombres que me habían preparado decidieron bajarme y desatarme. Ellos mismos frotaron mis entumecidos miembros y tras frotarme con unas esponjas con espuma todo el cuerpo, me llevaron a una especie de choza de pocos metros con el suelo cubierto de paja donde me ataron las muñecas y tobillos con grilletes al suelo, dejándome allí tumbada.

Tenia hambre y debieron suponerlo, pues pasados unos minutos, una de las esclavas llego con una bandeja en la que había fruta y trozos de pescado y carne semicrudos, junto con cerveza fría o algo parecido.

La joven me desato del suelo las muñecas, pero tuve que comer sentada en el suelo, allí desnuda. La esclava salio de la celda y me quede comiendo. Tras terminarme casi todo, no porque estuviera bueno sino por el hambre que tenia decidí apartar la bandeja y tumbarme sobre la paja, una manta raída que había allí me sirvió para taparme y dormir.

Mi esclavitud continuaba, ¿Cuál sería mi siguiente experiencia?

lunes, 15 de febrero de 2010

DE FIEL CASADA A... (V)

(Capitulo V: cine "X"...en vivo)



El viernes empezó como todos los días desde que Miguel se marchó. Después de trabajar vino Pedro a buscarme y me llevo a casa.

Allí recogimos a Javier y ambos me dijeron que nos íbamos al cine.

Me agrado la idea pues quería volver a salir por las tardes, así que nos fuimos a Madrid.

Les pregunte que íbamos a ver y me dijeron que era una sorpresa. Llegamos al centro y tras dejar el coche en un parking fuimos andando por la zona de carretas y por ahí, hasta llegar a un cine en una calle estrecha.

Era...¡una película x!...

Me dijeron entonces que debía entrar sola y que ellos luego me esperarían a la salida.

La verdad es que no me hacia mucha gracia, pero me dijeron que eran ordenes de don Jaime así que me arme de valor y entre.

El portero se quedo un poco sorprendido al verme y murmuro algo así como "...que hace una chica como tu, en un sitio como este".

El acomodador maliciosamente me pregunto si prefería por "delante", por "detrás", o en medio, "es donde hay mas hombres", me dijo mientras me desnudaba con la mirada.

Le dije que me daba igual, y el hombre me hizo sitio justo en el centro del patio de butacas, que ya estaba obscuro, puesto que estaban poniendo un corto sobre no se que pueblo de la sierra.

Pase sorteando espectadores hasta el asiento que me iluminaba la linterna del acomodador.

Cuando mis ojos se acostumbraron a la obscuridad, vi que efectivamente estaba rodeada de hombres que directamente o de reojo me miraban curiosos.

Empezó la película que trataba de unas campesinas alemanas que iban de recolección de "nabos", y ademas de los del campo encontraban alguno mas.

Estaba entretenida en la película cuando note una mano que se posaba en mi muslo derecho.

No quise mirar pero hacia un rato ese asiento estaba libre.

Seguí mirando la película, mientras mi corazón se ponía a cien y la mano empezaba a deslizarse entre mis piernas, lo hacia con lentitud pero con firmeza y la verdad es que me estaba poniendo cachonda, por un lado quería que fuera mas deprisa pero por otro la sensación de estar siendo "metida mano" a cámara lenta me excitaba mucho mas.

Por fin alcanzo su objetivo y comenzó por debajo de la braguita, que curiosamente me había puesto por primera vez en toda la semana, a manosearme el ya endurecido clítoris, hasta arrancarme un par de orgasmos contenidos, por aquello del escándalo, que son precisamente los peores. Cuando hubo terminado volvió a salir suavemente y yo no me atreví a mirar a aquel intruso de mi intimidad que me había añadido una nueva experiencia a mi semana del sexo.

Cuando llego el descanso, era programa doble, mire a mi lado y no había nadie. Tan solo un joven con barba y gafas un poco mas allá, pero parecía ensimismado en la pantalla donde estaban pasando unos anuncios, que por cierto reclamaron lógicamente mi atención.

Volvieron a apagarse las luces, y al poco de iniciarse la segunda película que trataba de unas americanas que se lo montaban con un grupo de jugadores de baloncesto, todos negros ademas, para mayor excitación, quien estaba detrás de mi empezó a jadearme en el cuelo y de pronto sus manos como dos garras se aferraron a mis pechos apretandome contra el asiento. Estuvo así durante varios minutos manoseándome los pechos y al cabo de un rato me dijo algo del servicio de caballeros.

Me quede parada, pensando si me había citado en el servicio de caballeros, lo cual me pareció aun mas excitante. espere unos minutos y salí, no sin molestar a un par de tíos de mi fila que en el momento de pasar me metieron mano al culo por debajo de la falda... sin duda me confundieron con una puta de la zona.."¡coño!", pensé, "¡debo llevar un cartel luminoso que diga: metame mano esta usted en su sexo, joder con los tíos!".

Salí al hall del cine totalmente desierto y vi una flecha que decía a los servicios, bajando una escalera. La baje despacio, y al fondo vi la puerta de caballeros y a la derecha la de señoras. Mire hacia atrás y alrededor y me deslice por la puerta del de hombres.

Era bastante lúgubre y ver todas aquellas tazas de pared alineadas me hizo pensar en la de pollas que habrían pasado por allí.

Entonces note unos pasos que se acercaban a la puerta. Me escondí en un recodo del servicio y escuche abrirse y cerrarse la puerta. Trate de ver por el espejo quien había entrado, pero en ese momento se apago la luz y al instante dos brazos me sujetaron por los hombros y me taparon la poca. Trate de desasirme y gritar pero fue inútil, me llevaron arrastrando y salimos a través de una puerta que no era la del servicio. Tras unos metros y escuchar cerrarse esa puerta, quien fuera me lanzo aun a oscuras sobre una especie de camastro, me quede un momento quieta, mientras oía ruido de ropas cerca de mi, y parecían mas de una persona. Intente levantarme y alguien me sujeto, mientras unas manos me desnudaban rápidamente: la blusa, la falda, y me dejaban con el sujetador y las bragas.

Una boca empezó a besarme el cuello, los hombros la espalda, mientras seguía inmovilizada, luego note como esas manos que me desnudaron, empezaban a acariciar mis pechos por encima del sujetador, para acabar sacándolos de el, sin quitármelo. Lo que si me quitaron fueron las bragas, por lo cual imagine que me iban a follar allí a obscuras.

No podía ni gritar, estaba inmovilizada,...¡esperaba que don Jaime estuviera de verdad detrás de todo esto, pues empezaba a tener verdadero miedo!.

Efectivamente un hombre se puso sobre mi y comenzó a restregarse con mi cuerpo, el olor era extraño, diferente, un cierto olor a una esencia extraña, no era desagradable, pero si dulzón y envolvente. no se el tiempo que estuvo restregandose, pero se me hizo eterno, estaba deseando que me follaran y me dejaran en paz.

De pronto algo como una porra, penetro violentamente por mi coño. Parecía mas grande y largo de lo que mi vagina podía aguantar, y la sensación de placer y dolor con una serie de descargas eléctricas a través de las paredes de mi coño, me hacían retorcerme y orgasmar una y otra vez. Tras unos instantes de angustio comprobé que era un pene, pues era caliente y musculoso, pero...¡vaya pedazo de polla!.

Cuando se corrió, casi me inunda por dentro. El hombre se levanto y me dio la vuelta colocándome bocabajo en aquel camastro, ¡ y seguíamos a obscuras!. ¡con lo que me hubiera gustado ver aquel pollòn!.

Estaba pensándolo, cuando note que volvía a colocarse sobre mi, me separaba las piernas y me embutía de nuevo su miembro a través del culo...¡un momento!, este no era tan grande por lo cual pensé que era el otro hombre el que me enculaba, suposición acertada pues de pronto el otro hombre me metió su enorme pene por la boca hasta la garganta.

Allí estaba yo como una sardina ensartada por delante y por detrás y a obscuras...

En un momento determinado se corrió en mi boca, con lo cual casi me asfixio al tratar de gemir, por el placer que me estaba dando mi enculador cuyo tamaño de porra era lo de menos, pues me hizo reventar de gusto cuando se corrió en mis entrañas.

De pronto sentí como si me pasaran un pañuelo perfumado por el rostro, quizá para limpiarme el sudor, pensé... pero no me dio tiempo a más pues me empezó a entrar una especie de soñolencia... y me quede totalmente dormida.

No se cuanto tiempo había pasado, cuando me desperté, seguía a obscuras sobre aquel camastro y el silencio era mortal.

Mis ojos se fueron acostumbrando a la obscuridad ahora que estaba mas tranquila y pude ver por una tenue luz que se filtraba por debajo de una puerta que el suelo era de moqueta, como si aquello hubiera sido la planta baja de un bar, pues las paredes enmoquetadas también tenían aun restos de apliques de luz y marcas de cuadros, y había algunos muebles, pero tenía la extraña sensación de que aunque el camastro era el mismo, el lugar no era exactamente el mismo.

De pronto se abrió la puerta y la luz del exterior me cegó, tras un momento de sorpresa vi como se recortaban contra la luz tres siluetas, dos hombres y una mujer, que avanzaron y tras encender una luz ambiental, cerraron la puerta.

Los tres eran negros y era la primera vez en mi vida que los veía.

Me di cuenta entonces de que estaba completamente desnuda y mis ropas no estaban en la habitación.

La chica vestía ropa de cuero con tachuelas y unos collares de cadenas plateadas y ellos ropa de sport.

Me medio incorpore sobre el camastro y les pregunte con un hilo de voz que querían.

No me respondieron pero la chica se quito los pantalones y la camiseta, bajo los cuales llevaba un body de cuero. Sin duda me iba a zurrar, puesto que saco un látigo como de piel y vino hacia mi.

Me levante y trate de salir corriendo, pero entonces comprendí por que las paredes y el suelo estaban como enmoquetados, puesto que realmente estaban acolchados, la habitación pues estaba insonorizada...¡el cabrón de don Jaime me estaba dando una autentica sesión de sexo en todas sus variantes!... primero violada, ahora disciplinada, ¿que vendría después?.

Los dos maromos de casi dos metros y fuertes como toros, me sujetaron por los brazos y me llevaron sin decir palabra en volandas ante la tía, que se paseaba el látigo por el cuerpo, al ponerme ante ella me cogió por el pelo y acercándose a mi cara me dijo en un castellano bastante chapucero:

"Mira blanquita...lo vamos a pasar muy bien juntas si colaboras, sino lo vas a pasar muy mal y yo muy bien, y si eres buena luego estos chicos te pueden enseñar como se follan a una blanca dos machos negros...¿estamos pequeña?"

"La leche", pensé yo, me iban a dar una sesión sado y encima aquellos dos bestias cuyos paquetes adivinaba pondrían el fin de fiesta.

No me dio tiempo a pensar mas, pues mientras los dos hombretones me esposaban las manos a la espalda y me colocaban un pañuelo a modo de mordaza, oí restallar el látigo en el aire y un acerado dolor en mi nalga derecha, otro restallar y ahora era mi nalga izquierda, y así varias veces mientras notaba cada latigazo marcando, o al menos eso creía yo, mi culo y mi espalda.

Fueron unos segundos tras los cuales me untaron todo el cuerpo de aceite y de reojo pude ver como la tía tras quitarse el body, se quedo solo con un tanga también de cuero, mostrando un espléndido cuerpo de color negro azabache, rematado por dos voluminosos aunque bien formados y proporcionados pechos, se acerco a la cama...

"¿nunca te lo has montado con una tía?", me pregunto, y sin duda al leer en mis ojos que no, continuo,"pues tu y yo nos lo vamos a montar un rato bien".

La mujer en cuestión se sentó a caballo sobre mi espalda aceitosa, a pesar de lo cual note la sensación sobre mi piel, del tanga de cuero que cubría su coño, o al menos eso creía yo, restregandose contra mi dolorida espalda, lo cual me daba una sensación mitad agradable mitad dolorosa, pues el cuero me tiraba pellizcos sobre la piel.

Luego comenzó a masajearme la espalda, el culo y las caderas, mientras canturreaba algo.

Así estuvo durante un rato para acabar tumbandose sobre mi, y apretando sus duros pechos contra mi espalda empezó a besarme el cuello, se arqueo sobre mi espalda para quitarse el tanga y mientras tanto los dos tíos, que empezaban a dar síntomas de ponerse cachondos, me levantaron por la cintura poniéndome a cuatro patas.

De pronto un duro y palpitante instrumento entro como un rayo ardiente a través de mi culo...¡no podía ser!, los dos tíos estaban a ambos lados y yo podía verlos...luego...¡debía ser un consolador!...pero era como humano...estaba en estas dudas cuando el rítmico ir y venir sobre mi espalda de la tía, empezó a sacarme de dudas, empezaba a sentir aquel olor dulzón en el ambiente, y aquel aparato iba creciendo y creciendo dentro de mi culo...¡aquella negra era un negrazo, era un travestí!...

Cuando por fin me di cuenta, ella o el, estaba corriendose dentro de mi culo, mientras frente a mi, uno de los negros se despojaba de la ropa, y me quede petrificada al ver aquel enorme aparato, no soy una experta en pollas, pero aquello debía medir unos 25 cm de largo, como mínimo, por unos 7 u 8 de ancho.

Se quedo cimbreando su armamento frente a mi, mientras entre la tía y el otro, que aun permanecía vestido, me quitaban las esposas y me dejaban sobre la cama.

Se apartaron a un lado y vi avanzar aquella mole hacia mi, de pronto oí a la tía gritarme:

"¡yo que tu no le dejaba blanquita, o te hará un agujero nuevo!", y se reía la muy cabrona.

La verdad es que debía tratar de zafarme, así que mire a mi alrededor tratando de encontrar una salida o un sitio donde esconderme...tan solo un desvencijado armario y una especie de barra de bar junto con el camastro componían todo el mobiliario de la habitación.

Salte de la cama y corrí hacia el armario, mientras el negrote avanzaba hacia mi y los otros dos se reían a carcajadas.

!pero el armario estaba cerrado!, así que trate de esconderme detrás de la barra del bar.

Era solo prolongar la jugada pues antes o después aquel tío me iba a follar con aquel cacho de polla, y lo que estaba consiguiendo con mis carreras era solo escitarle aun mas.

Estaba en estos pensamientos mientras trataba de esconderme tras la barra, cuando el se paro en el centro de la habitación y me grito:

"¡no podrás escapar...cazador negro se follara a la zorra blanca!".

La verdad es que estaba a punto de desistir, cuando al pasar tras la barra, vi como una especie de puerta de almacén, trate de abrirla...¡y lo conseguí!, entrando en una habitación a obscuras.

Cerré la puerta rápidamente, pero aquello había sido el canto del cisne.

Tras un breve forcejeo, mi cazador derribo la puerta, y tras agarrarme por los brazos y obligarme a arrodillarme ante su instrumento me la endoso de un solo golpe en la boca hasta la garganta. Creí que moriría asfixiada, pero aquel tío debió darse cuenta y sacando parte de su polla de mi dilatada boca me hizo mamarsela casi sin respiro, mientras a mi espalda, la tía, o lo que fuera, me levantaba las piernas estilo carretilla, y el otro tío se ponía detrás de mi y mientras me sujetaba las piernas levantadas, me endosaba desde atrás, pero esta vez por mi pelado coño, otra monumental vara.

Cuando mi cazador se corrió, mi garganta no daba a basto a tragar tanta leche, algo parecido a lo que le ocurría a mi coño, mientras el travestí colocado ya debajo de mí, chupaba y magreaba mis tetas.

Pero aun no habían acabado conmigo.

Tras hacerme orgasmar media docena de veces, mi cazador paso a chuparme y morderme las tetas, y su ayudante me coloco su semiflacida verga de nuevo en la boca, mientras me decía:

"Tu ponérmela otra vez gorda y beber mi leche".

"Caray estos tipos", pensé, "que pronto aprenden el castellano que les interesa".

Estaba en estas reflexiones cuando note que el travestí me ponía una especie de cinturón de castidad, y al mirar de reojo vi con sorpresa sobresalir de mi pelado coño, un pene artificial.

"Tu, darme a mi por culo blanquita", me dijo y se coloco a cuatro patas.

Yo me mostré sorprendida, pero no tarde mucho en introducirle aquel aparato en su pardo esfínter, puesto que mi cazador, que había recuperado parte de su potencia, me inclino sobre el travestí, mientras seguía con la polla del tercero en la boca.

En encular a aquel maricón estaba, cuando note como la polla de mi cazador, empezaba a buscar el orificio de mi culo. Trate de zafarme pero estaba sentenciada.

Sus poderosas manos me sujetaban por los brazos, y mientras el tercer hombre me introducía su ya engordada polla mas aun en la boca para que no gritara, el gran cazador negro, me coloco en el culo, con un dolor atroz por mi parte, casi toda su escopeta, comenzando ritmicamente a embestirme hasta que ya exhausta mezclando placer y dolor perdí el conocimiento.

Aquello había sido demasiado.